MILENIO y Poresto
Junio 11 de 2008.

Fuerzas Armadas

Por Javier Ibarrola

� La infiltraci�n silenciosa

El presidente Calder�n lo intenta todo y en sus intentos descubre hasta el hecho de que Estados Unidos no aporta ni datos y como alguna vez lo dijo Miguel de la Madrid ante periodistas de ese pa�s, las redes criminales �desaparecen por arte de magia al cruzar la frontera�.


Cuando Manuel �vila Camacho, el �ltimo general del
Ej�rcito en ocupar la presidencia de la rep�blica, tuvo que declarar a M�xico en estado de guerra contra las potencias del Eje �Jap�n, Italia y Alemania-, ante la pasividad de la sociedad, volvi� a salir a la tribuna para decir que el �estado de guerra es la guerra misma�.
Parecer�a forzada la referencia, y puede que lo sea, pero es el caso que cuando el Ej�rcito Mexicano da todo tipo de facilidades a la cadena televisora que transmite �El Pantera�, una serie que muestra el glamour  del narcotr�fico y la participaci�n militar, incluso personificando al propio Secretario de la Defensa Nacional, es porque sabe que la sociedad no est� convencida de lo que se hace.
Es raro, por decir lo menos, que el Ej�rcito se preste a este tipo de exhibiciones, a no ser que ante las cr�ticas y los ataques que desde diversos frentes reciben las fuerzas armadas comprometidas en la lucha contra los se�ores de las drogas, est� intentando decirle a la sociedad que la guerra contra el narcotr�fico es �la guerra misma�.
Porque es el caso de que ya se lleg� al punto de que se disparan m�s palabras que balas desde las diferentes instancias que participan en esta lucha y, desde luego, la mayor andanada viene del propio presidente de la rep�blica, quien ya abri� un frente de 380 grados.
Y ante esta recurrente verborrea, el crimen organizado continua con su violento accionar, producto de la infiltraci�n silenciosa que durante d�cadas ha llevado a cabo. No es nada m�s el pasado inmediato donde hay que localizar a quienes se hicieron c�mplices de la ilegalidad, a quienes se sumaron �al abandono, a la cobard�a o a la complicidad que permitieron que M�xico llegara a esta situaci�n".
El presidente Calder�n lo intenta todo y en sus intentos descubre hasta el hecho de que Estados Unidos no aporta ni datos y como alguna vez lo dijo Miguel de la Madrid ante periodistas de ese pa�s, las redes criminales �desaparecen por arte de magia al cruzar la frontera�.
La Secretar�a de la Defensa Nacional informa lac�nicamente de los decomisos que realiza casi todos los d�as; la Secretar�a de Seguridad P�blica informa de lo que no debe informar y se calla lo que s� debe informar; la Secretar�a de Marina prefiere mantenerse en silencio y la Procuradur�a General de la Rep�blica batalla igualmente para convencer a la sociedad de que la guerra contra el narcotr�fico es la guerra misma.
Ya ni siquiera impactan las cifras, punto en el que siempre acaba este tema.
As� las cosas, la estrategia comunicativa del gobierno se diluye r�pidamente cuando no se recibe confusa y revuelta. Tiene mucho m�s fuerza e impacta m�s a la sociedad una lista de polic�as y funcionarios condenados a muerte por el narcotr�fico, y desde luego los mensajes sangrientos que suelen dejar en quienes ejecutan, que todos los programas de difusi�n oficiales sobre los logros de esta lucha.
Adem�s, faltan muchas explicaciones, por ejemplo: �qu� pasa con el muy moderno armamento que se le decomisa a las bandas criminales? �Qui�n guarda el dinero confiscado y en que se piensa usar? Basten esas dos interrogantes para comprender porque no se avanza con mayor eficacia.
Se recurre a la fantas�a televisiva para convencer a la sociedad de los peligros del narcotr�fico y se logra el efecto contrario, es decir, se acrecientan en los espectadores las formas culturales del narcotr�fico y se les lleva a envidiar lo il�cito y el poder que da el dinero f�cil.
Los diversos actores pol�ticos se asustan por lo que ocurre d�a con d�a, sobre todo en el norte del pa�s y de inmediato claman por que se redefina la lucha contra el narcotr�fico. Pero no se preguntan ni presionan sobre un hecho lacerante: �porqu� no se ha localizado, ya no se diga detenido, por ejemplo, al capo mayor de la droga, al famoso Joaqu�n �El Chapo� Guzm�n?
En Colombia, s�lo cuando cay� Pablo Escobar Gaviria, la violencia del narcotr�fico baj� considerablemente, aunque la producci�n y flujo de la droga no haya desaparecido.
Se han alcanzado buenos resultados, es cierto, pero tambi�n lo es que falta mucho por hacer. Redefinir la lucha contra el narcotr�fico si bien pasa por los canales de la informaci�n, es ya indiscutible que tiene que llegarse a acciones m�s radicales: a problemas extraordinarios, soluciones extraordinarias as�, como dice la sabidur�a popular: �caiga quien caiga�.

De Imaginaria

El pr�ximo jueves, el general (retirado) Rafael Paz del Campo, presentar� su examen de Doctorado en la Universidad An�huac.
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