MILENIO y Poresto
Julio 5 de 2006.

Fuerzas Armadas

Por Javier Ibarrola

� Gan� M�xico

M�xico es mucho m�s que un solo individuo y ha quedado dicho que nadie, ni como candidato ni como presidente puede pisotear las instituciones nacionales que tanto esfuerzo y sangre de buenos mexicanos han costado mantener.


El lodazal y los nubarrones de violencia que caracterizaron las campa�as pol�ticas fueron borrados a fuerza de votos emitidos por una sociedad que ya no admite que se le trate como un conjunto de retrasados mentales.
El 2 de julio qued� demostrado, m�s all� de las preferencias pol�ticas y la contienda electoral, que la democracia es el �nico camino para alcanzar el desarrollo y la seguridad.
La jornada del domingo pasado se desarroll� en absoluta calma y orden. Todas las instancias federales, estatales y municipales encargadas de vigilar el proceso reportaron un�nimente un �sin novedad�.
Como nunca antes, las autoridades electorales abrieron puertas y ventanas para que cualquier ciudadano pudiera constatar paso a paso el desarrollo y resultado de la votaci�n.
La in�dita expresi�n de civilidad de la sociedad como la transparencia de dichos organismos han sido elogiadas tanto dentro como fuera del pa�s. Las instituciones nacionales quedaron fortalecidas.
Tampoco como nunca antes, dos candidatos hab�an llegado al final con un apretado n�mero de votos, lo que en su momento llev� al Instituto Federal Electoral aplazar un anuncio oficial.
Sin embargo, para muchos analistas esto se inscribe en el �peor escenario�, puesto que la misma noche del domingo pasado arranc� otra campa�a, quiz� la peor de todas: la que el candidato perredista Andr�s Manuel L�pez Obrador emprendi� en z�calo llamando t�citamente a la resistencia civil, y exigi� al IFE que �respete nuestros resultados�, pues asegur� que tiene 500 mil votos m�s que el panista Felipe Calder�n.
L�pez Obrador y sus encomenderos iniciaron de inmediato esa campa�a, descalificando de entrada a las autoridades electorales. No es extra�o. L�pez Obrador siempre se ha considerado �indestructible� y ya se ve que no est� dispuesto a aceptar la derrota. Su terco dicho que estaba diez puntos arriba de los dem�s candidatos, seg�n sus propias encuestas, le explot� en la cara.
Pero M�xico es mucho m�s que un solo individuo y ha quedado dicho que nadie, ni como candidato ni como presidente puede pisotear las instituciones nacionales que tanto esfuerzo y sangre de buenos mexicanos han costado mantener.
El alto mando militar ha sostenido siempre que las fuerzas armadas �garantizan nuestro respeto y f�rreo sometimiento al estado de Derecho que tutelan las instituciones mexicanas�. La ambici�n por el poder atenta precisamente contra el estado de Derecho.
Desde luego ser�n las autoridades electorales, ahora el Tribunal Federal Electoral, las que den el fallo final, despu�s de contar voto por voto. Pero a estas alturas resulta ofensivo y aberrante que alguien piense que se haya maquinado un fraude o manipulado las cifras.
Ofensivo para la sociedad que acudi� a votar, ofensivo para un organismo que, con dineros p�blicos, cre� un sistema a prueba de todo fraude, ofensivo para los cinco cient�ficos independientes que vigilaron el procedimiento, ofensivo, pues, para el pa�s.
Sin embargo, la campa�a perredista sigue y exige volver a contar cada voto y recurrir al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federaci�n y a movilizaciones, que ayer mismo inici� ante el IFE, alrededor del �ngel de la Independencia y la Casa de Campa�a del PRD.
Por su parte, Felipe Calder�n se declara �en pie de lucha� para defender la ventaja anunciada.
De ah� que lo ocurrido sea calificado como el �peor de los escenarios�.
En parte, porque jam�s se hab�a vivido esta situaci�n, por m�s que todo ello se inscriba en un proceso democr�tico, pero m�s que nada porque el pa�s vuelve a queda en vilo, ahora con el riesgo de una confrontaci�n de otro tipo.
Horas, quiz� algunos d�as faltan para que haya un dictamen oficial sobre el proceso electoral. Y su decisi�n ser� inapelable. Por lo pronto el domingo gan� M�xico. Nada ni nadie le podr� ya arrebatar ese triunfo. Quien lo intente por caminos torcidos, cualesquiera que sean sus colores, se enfrentar� sin duda a la reprobaci�n social. Quien recurra a la rebeli�n, se enfrentar� a otras instancias.
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