MILENIO y Poresto
Julio 25 de 2007.

Fuerzas Armadas

Por Javier Ibarrola

� Calder�n y el Ej�rcito

Si el Ej�rcito fuera lo que muchos creen que es, hace tiempo que este pa�s fuera otro muy distinto. Por eso, en muchas ocasiones, hay que agradecerle m�s lo que no hace, que lo que hace.

Cuando el pasado nueve de febrero el secretario de la Defensa Nacional, general Guillermo Galv�n Galv�n asegur� en su primer discurso oficial que las fuerzas armadas �robustecen al Congreso de la Uni�n y al Poder Judicial en su conjunto, hacen s�lida a la sociedad y a sus esmeros y fortalecen al Poder Ejecutivo�, ciertos pol�ticos resentidos tomaron sus palabras como una amenaza al trastocado sistema democr�tico nacional.
Acostumbrados a ver al Ej�rcito como un art�culo de uso a conveniencia y a los soldados como elementos desechables, la jaur�a convertida en oposici�n lacrimante, especul� sobre arribazones anticonstitucionales e, inclusive, neg� t�citamente a los militares su derecho a participar activamente en la vida p�blica del pa�s.
La deformaci�n y las heridas de quienes no supieron mantenerse en el poder y de quienes lo buscaron para tenerlo como instrumento para alimentar sus esquizofr�nicas ambiciones, se fueron convirtiendo en la plataforma para defenestrar cualquier presencia o actividad de las fuerzas armadas.
Sembradores de la confrontaci�n est�ril, se negaron a reconocer la realidad expuesta por el alto mando militar, cuando sentenci� que �no es dif�cil suponer la gravedad del riesgo en que el pa�s caer�a, si las fuerzas armadas no ponen todo de s� para respaldar al Jefe del Ejecutivo Federal, apoyo que es tambi�n indispensable de las dem�s trabes fundamentales de la vida institucional�.
Poco tiempo habr�a de pasar para que m�ltiples acontecimientos pusieran de manifiesto que, en efecto, el pa�s se encaminaba a la gravedad del riesgo de caer en el caos y la incertidumbre.
Los soldados no necesitan de palabras melosas ni premios a los que no se hagan acreedores. Pero s� esperan que su comandante y la sociedad en su conjunto, valoren con justeza su labor. As� se entiende que el presidente Felipe Calder�n haya ido una vez m�s a su casa, como lo hizo el lunes en el Campo Militar N�mero Uno para reconocer su valent�a y decisi�n de permanecer �siempre en la primera l�nea de combate para defender la soberan�a nacional y para proteger la integridad territorial�.
Pero aquella plataforma ha ido dando paso a una estridente e inflada cr�tica hacia el Ej�rcito, sin atender a la realidad y, lo m�s grave, sin entender cabalmente el papel de las fuerzas armadas en la batalla diaria por recuperar la seguridad de la naci�n y la estabilidad emocional de la sociedad.
Las Organizaciones No Gubernamentales, uno de los mejores negocios que han inventado, tan bueno que ahora hasta el se�or de las ligas, el lopezobradorista Ren� Bejarano ya inaugur� la suya �Movimiento de la Esperanza-, recobraron fuerza para alimentar a aquellos decidores que se solazan en defenestrar al Ej�rcito.
La lista de los �pecados� que le echan en cara aumenta todos los d�as: discriminaci�n a soldados afectados por el VIH, violadores tumultuarios en Zongolica, asesinos en retenes, genocidas del 68, negligencia ante las explosiones en instalaciones de PEMEX y ahora �esp�as� en las manifestaciones en Oaxaca.
En todos estos casos la cr�tica le ha dado mayor veracidad a los acusadores y alborotadores, que las investigaciones oficiales.
Pobre, triste labor ser�a la del Ej�rcito si mandara a dos soldados vestidos de civil para investigar los pasos de la nefasta �Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca�.
Si el Ej�rcito fuera lo que muchos creen que es, hace tiempo que este pa�s fuera otro muy distinto. Por eso, en muchas ocasiones, hay que agradecerle m�s lo que no hace, que lo que hace.

De Imaginaria

Llega al buz�n de Fuerzas Armadas el siguiente correo firmado por el general (retirado) Carmelo Ter�n:
�El Gral. de Div. DEM, Francisco Quir�s Hermosillo falleci� a fines del a�o pasado. Por �rdenes superiores particip� en el control de m�s de 17 organizaciones subversivas, con el �xito que se tradujo en la paz y tranquilidad de que disfrut� el pa�s en los a�os subsiguientes.
�Desde luego que las Fuerzas Armadas, en aquel entonces, actuaron, como ahora, sin el arma principal, que es la legalidad, pues no se modificaron ni la Constituci�n ni las otras leyes que pudieran facultar en forma clara y determinante su participaci�n en funciones de Seguridad P�blica y no dejarlas a la interpretaci�n.
Hoy el General Quir�s Hermosillo estar�a disfrutando de su libertad si la muerte no hubiera intervenido. Pero los efectos del injusto proceso lo sigue sintiendo su derechohabiente Ana Mar�a Fresco Lynette, quien debido a trabas burocr�ticas, manifiesta que no ha recibido los beneficios que le corresponden, despu�s de convivir con el General Quir�s por treinta y tres a�os.
�Los miembros de la Fuerzas Armadas, entendemos y lamentamos lo ocurrido al General Quir�s, as� como tambi�n, la situaci�n de la se�ora Ana, por lo tanto, esperamos pronta soluci�n al problema y adem�s esperamos, ahora s�, se tomen las medidas del caso para garantizar, que a los militares que ahora participan tan decididamente en la lucha frontal en contra del crimen organizado, el d�a de ma�ana no tengan que confrontar esta triste situaci�n que tanto afecta su moral y la de sus familias. Lo saludo con afecto�.
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