| MILENIO
y Poresto Julio 23 de 2008. Fuerzas Armadas Por Javier Ibarrola � Droga bajo el agua Cuando el gobierno federal insiste en pedir la participaci�n de toda la sociedad en el combate al narcotr�fico, sin duda se refiere a anular igualmente las actitudes de quienes exaltan cualquier manifestaci�n de violencia proveniente del crimen organizado y que la mayor�a de las veces da�a m�s que los propios actos que exaltan. No se sabe si se trat� de la primera vez, o bien las grandes organizaciones del narcotr�fico ya hab�an mandado antes toneladas de droga bajo el agua, en muestra clara de que no est�n dispuestas a que se caiga el negocio m�s redituable del mundo. El seudo o mini submarino de fabricaci�n rusa, como quiera llam�rsele, capturado en aguas mexicanas por la Armada de M�xico estaba cargado con 6 toneladas de coca�na y tripulado por cuatro colombianos casi desfallecidos por la deshidrataci�n. Fue muy espectacular el operativo, ni duda cabe, sobre todo porque queda de manifiesto que de algo han servido los desencuentros bilaterales �m�s que los encuentros-, pues baste recordar que Felipe Calder�n lleg� al extremo de decirle a los estadounidenses que nosotros pon�amos los muertos y ellos los �drogos�, o bien que Washington no aportaba ni datos. Igualmente espectacular porque los carteles de la droga no necesitan llegar al narcoterrorismo que algunos quieren ver hasta en un simple tanque de gas dentro de un auto para llamarlo �coche bomba�, o a sicarios entrenados en Ir�n, para seguir manteniendo con �xito el negocio. El narcoterrorismo, en efecto, seg�n un amplio estudio de James Knowles, ex oficial de antiterrorismo en la 322� Brigada de Asuntos Civiles en el Fuerte Shafter, en Haw�i, �en su forma b�sica es mejor entendido como la violencia salvaje �a veces aplicada con precisi�n y otras veces de manera indiscriminada- cuya meta no s�lo es la de matar a los adversarios sino tambi�n de atemorizar a la poblaci�n, con el fin de permitir a los terroristas operar sin oposici�n�. En M�xico, de acuerdo con la consulta hecha a la Procuradur�a General de la Rep�blica, la definici�n penal federal sobre el terrorismo se�ala que son actos �para atentar contra la seguridad nacional o presionar a la autoridad para que tome una determinaci�n�. Si en algo se adelant� el gobierno de Felipe Calder�n fue en la extradici�n de un buen n�mero de capos y sicarios hacia Estados Unidos, haya o no privado presiones para que no lo hiciera. El doctor Knlowes explica en su estudio titulado �An�lisis de amenazas: El crimen organizado y narcoterrorismo en el norte de M�xico�, publicado en el m�s reciente n�mero de Military Review que el narcoterrorismo �es mejor entendido como el uso organizado de la violencia contra la poblaci�n local, las fuerzas de seguridad y el gobierno para intimidar a cualquiera que tenga la intenci�n de contener el narcotr�fico. Estas acciones incluyen el asesinato de funcionarios del gobierno que intentan desmantelarlas organizaciones de narcotraficantes�. Asimismo, sostiene que el narcoterrorismo a menudo tiene como objetivo el de forzar al gobierno a cambiar sus pol�ticas o a contrarrestar las actividades oficiales que entorpecen sus negocios. Por ejemplo, los narcoterroristas pretenden amedrentar a los funcionarios del gobierno para que reh�sen las solicitudes de otros pa�ses o estados de extradici�n de narcotraficantes detenidos, con el fin de tramitar su procesamiento criminal. Cuando el gobierno federal insiste en pedir la participaci�n de toda la sociedad en el combate al narcotr�fico, sin duda se refiere a anular igualmente las actitudes de quienes exaltan cualquier manifestaci�n de violencia proveniente del crimen organizado y que la mayor�a de las veces da�a m�s que los propios actos que exaltan. Lo mismo ocurre con aquellos que se empe�an en retirar a las fuerzas armadas de esta batalla contra las drogas, ba��ndose de santidad derechohumanoide, sin considerar ni por un momento lo que est� en juego ante el enemigo n�mero uno de la naci�n. En cuanto al permanente fantasma del terrorismo, el cual mantiene en guardia al imperio del norte, su infiltraci�n medi�tica a M�xico pudiera causar m�s da�o que la f�sica, pues sentar�a la base para que Washington acabara de meterse por su �patio trasero�. En sus conclusiones, Knowles sostiene que a medida de que Estados Unidos contin�a con su lucha contra las m�ltiples amenazas a la democracia que emergen de la guerra contra el terrorismo, no debiera ignorar las actividades il�citas que ocurren a lo largo de la frontera entre EU y M�xico. �En forma en�rgica, pero respetuosa, Estados Unidos debe desarrollar nexos con M�xico �como un socio clave en la guerra. Ante la ausencia de prioridad en esta materia, M�xico podr�a transformarse en un �rea aun m�s peligrosa, favoreciendo a los elementos que ingresan a los EU regularmente y con prop�sitos perversos�. |