MILENIO
Julio 19 de 2006.

Fuerzas Armadas

Por Javier Ibarrola

� De la resistencia a la rebeli�n

De confirmar el triunfo del panista Felipe Calder�n y declararlo presidente electo, todas las acciones que tome L�pez Obrador y sus seguidores caer�n fuera de la ley, porque todo apunta que pasar�an de la resistencia civil �pac�fica� a la rebeli�n, lo que mandar�a al pa�s al despe�adero m�s profundo.


En efecto, la segunda �asamblea informativa� convocada por Andr�s Manuel L�pez Obrador, habr� que inscribirla en el libro de los record Guinness. Por mucho super� la primera y el perredista espera implantar otro record el pr�ximo d�a 30.
Pero el asunto es mucho m�s serio que un simple record.
Su discurso, con marcadas reminiscencias del hist�rico mensaje de Mart�n Luther King ��I have a dream�-, digo, por su reiterado estribillo de �voto por voto, casilla por casilla�, y que me perdone el Reverendo, lo pinta tal como es: un anacr�nico Mes�as.
Pero, reminiscencias aparte, L�pez Obrador ya decidi� que no aceptar� nada que no sea lo que ha buscado toda su vida: el poder. Incluso ya dej� atr�s a varios de sus colaboradores, quiz� los m�s prudentes, como Jes�s Ortega, quien ha manifestado que habr�n de aceptar la decisi�n del Tribunal, sea cual fuere.
Sin L�pez Obrador en la presidencia, no habr� �estabilidad pol�tica, econ�mica y financiera�; sin �l, no habr� �paz social�; sin �l, no se �fortalecer�n las instituciones�; sin �l, habr� �confrontaci�n irracional�; sin �l, no habr� �reconciliaci�n y la unidad de los mexicanos�.
Por ello est� dispuesto a ir a donde sea. Por lo pronto, a la �resistencia civil pac�fica�, que habr� de organizar un �Comit� ciudadano�, as� como las acciones que mantiene en secreto.
Ya se montan los �Campamentos ciudadanos� ante las 300 instalaciones de los Consejos Distritales, �indispensables para evitar que se introduzcan o extraigan boletas de los paquetes electorales de manera ilegal�, dijo L�pez Obrador en su discurso.
Dichas instalaciones est�n vigiladas por el Ej�rcito. Eso basta para asegurarle a la sociedad que no habr� quien �ilegalmente� se introduzca para extraer boletas de los paquetes electorales.
Pero L�pez Obrador ya logr� sembrar en la sociedad la duda sobre el manejo transparente y limpio del resultado de la elecci�n. De ah� la urgencia de que el Tribunal Federal Electoral dictamine el proceso.
De confirmar el triunfo del panista Felipe Calder�n y declararlo presidente electo, todas las acciones que tome L�pez Obrador y sus seguidores caer�n fuera de la ley, porque todo apunta que pasar�an de la resistencia civil �pac�fica� a la rebeli�n, lo que mandar�a al pa�s al despe�adero m�s profundo.
Sin duda la soluci�n que tome el Tribunal no es la m�s deseable, pues en una democracia plena lo que debe imperar es la voluntad popular.
Por ello, en este contexto se abren dos escenarios: Si avala el triunfo de Felipe Calder�n, el pa�s podr�a vivir tiempos de grave turbulencia, porque las huestes perredistas no lo aceptar�n. �No puedo aceptar una elecci�n como esta, porque es totalmente ilegal y no voy a hacer un reconocimiento al candidato del PAN�, ha dicho L�pez Obrador.
Si se decide por volver a contar voto por voto, el estado mexicano se negar� a s� mismo, amen de que la llamada derecha se ir� igualmente a la confrontaci�n directa.
�Cu�l de las dos soluciones es la menos costosa para el pa�s?
En todo caso, lo urgente es que cualquiera que sea la decisi�n del Tribunal, esta se produzca ya, pues el tiempo corre en contra de todo y de todos.
Porque no debemos olvidar que en todo r�o revuelto hay quien saca las mejores ventajas. La violencia del narcotr�fico est� llegando a su m�xima expresi�n en varios estados de la rep�blica, en buena parte por la turbulencia pol�tica.
Oaxaca qued� paralizada por el conflicto magisterial. El ataque en Tabasco de los llamados Zetas tiene or�genes a�n no muy bien revelados. En Acapulco siguen apareciendo decapitados y ejecutados.
Esto bastar�a para advertirle a la sociedad que hay otros enemigos mucho m�s poderosos a los que hay que combatir a sangre y fuego, porque nadie tiene derecho a tomar el pa�s como reh�n.
La peor mezcla que puede elaborarse es la inseguridad p�blica y la incertidumbre pol�tica.
Para la primera hay soluciones de fuerza, para la segunda, soluciones de inteligencia, negociaci�n y di�logo.
El riesgo que puede enfrentar el pa�s es traslapar las soluciones.
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