MILENIO
Febrero 1 de 2006.

Fuerzas Armadas

Por Javier Ibarrola

� Zozobra social

El gobierno se empe�a en decir que el narcotr�fico y sus da�os colaterales no ponen en peligro el Estado, pero la sociedad permanece emocionalmente atrapada entre la violencia y la impunidad.

Los �ltimos enfrentamientos sangrientos entre presuntos narcotraficantes y polic�as ocurridos en Acapulco, Guerrero volvieron a cimbrar las estructuras federales de seguridad, provocando desde dislates del vocero presidencial, una vez m�s, hasta propuestas simplistas del Secretario de Seguridad P�blica.
El �teatro de guerra� pareciera haberse trasladado al puerto guerrerense, en una acci�n de dominio por parte de los c�rteles de la droga, pues se supone que la propia actividad tur�stica es terreno f�rtil para el comercio de drogas il�citas.
Se especula tambi�n que existe una sobreoferta de coca�na en el mayor mercado de consumo, Estados Unidos, junto con una preferencia de sus adictos a las nuevas drogas sint�ticas.
Pero la postura que sostienen con m�s firmeza las autoridades mexicanas sigue siendo la del enfrentamiento entre las diferentes organizaciones criminales para apoderarse de las plazas que consideran de mayor consumo.
En una reuni�n m�s del Consejo Nacional de Seguridad P�blica, las propuestas presidenciales �que la iniciativa privada participe en la construcci�n de m�s c�rceles-, y las de ofrecer recompensa a quien denuncie a criminales, premiar a polic�as cumplidos y otras aspirinas, se calibraron las bater�as sobre el narcomenudeo, sobre el consumo hormiga que se da en todas partes.
Es decir, se insiste en atacar los efectos y no las causas. Se trata de una pol�tica de acci�n parecida a frenar la pirater�a, por ejemplo. Peri�dicamente la polic�a se aparece en las principales zonas de venta ambulante y destruye miles de discos o pel�culas ap�crifas, pero nada se hace para frenar el ingreso de esta mercanc�a al pa�s o para destruir los �laboratorios� donde se produce.
Ah� est�n, en todo caso, los operativos que ha realizado el Ej�rcito para desmantelar laboratorios en diversas partes de la ciudad de M�xico. En uno de estos murieron dos elementos de las fuerzas especiales.
Combatir el llamado narcomenudeo es punto menos que una labor de titanes. Se necesitar�a poner un polic�a en cada tiendita o changarro en cada calle, barrio o colonia y no habr�a presupuesto que alcanzara para tales operativos.
Pero se insiste en que el narcomenudeo es ahora el principal objetivo. Se pretende capacitar jueces para enfrentar este delito, seg�n el secretario de Gobernaci�n, Carlos Abascal, y Vicente Fox urge al Congreso a aprobar nuevas leyes de seguridad.
Pero hay un hecho irrefutable, advertido no hace mucho tiempo por el Procurador General de la Rep�blica, Daniel Cabeza de Vaca: el narcotr�fico se encima en todos los rincones del pa�s.
Informes oficiales de la Secretar�a de la Defensa Nacional, dejan ver que 58 batallones de Infanter�a (unos 34 mil hombres) destruyen plant�os, pistas clandestinas de aterrizaje, bodegas y decomisan grandes cantidades de droga en 17 estados de la rep�blica.
La mancha t�xica se extiende a Chihuahua, Oaxaca, Sinaloa, Jalisco, Michoac�n, Tamaulipas, Guerrero, Chiapas, Sonora, Baja California, Colima, Nayarit, San Lu�s Potos�, Durango, Zacatecas, Quintana Roo y Durango.
Es decir, por lo menos la mitad del Ej�rcito da la pelea en la mitad del territorio nacional atacando precisamente las causas, los or�genes del narcotr�fico y, a�n as�, la venta de drogas a todo nivel es incuantificable.
Sin duda es ah� donde se debe reforzar la acci�n gubernamental. Es el Ej�rcito el que necesitar�a de mayores recursos y quiz� no tanto de mayores atribuciones, como lo busca en un viraje total el candidato presidencial perredista, quien ahora trata de congraciarse con las fuerzas armadas.
Si los c�rteles se atacan entre s� para apoderarse de territorios, es porque la producci�n y tr�fico de drogas il�citas no se ha podido detener del todo, a pesar de la intensa campa�a que realizan las fuerzas armadas.
Combatir la venta hormiga, proponer la construcci�n de m�s c�rceles, invitar a la ciudadan�a a denunciar criminales con el espejo de la recompensa econ�mica y dar premios a los polic�as son paliativos, aspirinas para el c�ncer.
Poco dice el discurso oficial sobre la complicidad de autoridades de todo nivel con el crimen organizado, siendo �sta la verdadera amenaza a la seguridad de la naci�n.
La estrategia est� de cabeza. La autoridad se pierde en el discurso f�cil, en el tapar el sol con un dedo, en el tratar de convencer a la sociedad de que no peligra el Estado, en que la violencia del narcotr�fico no est� conectada a los tiempos pol�ticos que se viven.
Pero la sociedad sigue atrapada en la zozobra que produce la indefensi�n. En efecto, el Estado es mucho m�s que los grupos criminales y no hay tregua posible en esta lucha, porque si bien el Estado no peligra, quiz� pueda peligrar en los meses por venir.

De Imaginaria

Llega a FA una denuncia p�blica de quien se identifica como Enrique Alejandro Sandoval D�az, la cual se reproduce textualmente:
�Por medio de excompa�eros del ej�rcito mexicano me enter� de tu p�gina y correo. El d�a 28 de octubre del 2005, mi madre y yo fuimos objeto de la privaci�n ilegal de la libertad, amenazas, y abuso de autoridad; por parte del director del hospital regional militar de Tampico, el coronel m.c. Alfonso Flores Gonz�lez, tte. de zapadores Benjam�n Israel Arellano Hern�ndez, mayor enfermera Josefina Alonso Gonz�lez, sgto. 2/O. enfermera Maria Isela Mart�nez Castillo, esto en complicidad con la tte. enfermera Patricia Hern�ndez Navarro, donde me golpearon frente a mi madre me hicieron declarar muchas cosas en mi contra; en donde el cor. m.c. Alfonso Flores Gonz�lez en repetidas ocasiones a mi madre y a mi nos amenaz� que de nada val�a que los denunci�ramos por que el fue comandante de la polic�a judicial federal militar y de la p.g.r.; y que estaba bien relacionado en la propia s.d.n. y que el dir. de la pol.jud.fed.mil. es su compadre.
�Todos estos hechos los denunciamos ante la comisi�n nacional de derechos humanos, la procuradur�a de justicia militar y en la proc. gral. de just. del edo. donde no quisieron hacernos caso ya que es delito del fuero militar por haber sido militares los denunciados y haber usado instalaciones militares para llevar a cabo estos hechos.
�El mi�rcoles 18 de enero nos entrevistamos con el cap.2/O. de j.m. y lic. German Rodrigo Morales, agente del m.p.m. adscrito a la guarnici�n militar de Matamoros y el cap. de la pol.jud.mil. Eleodoro Ruiz Garc�a, con 3 elementos m�s quienes dijeron ser ttes. de la pol.jud.fed.mil. entre ellos una mujer.
�Proced� a entregar las pruebas y testigos para que se pudiera ya iniciar las respectivas investigaciones por parte de los elementos de la pol.jud.fed.mil., en donde el cap.2/O. de j.m. y lic. German Rodrigo Morales, me refiri� que desde ese momento y hasta que concluyera la investigaci�n, todo asunto seria con el cap. de la pol.jud.mil. Eleodoro Ruiz Garc�a, este cmte. de la pol.jud. fed. mil. se entrevist� con mis vecinos, maestras de mis hijos y mis familiares, donde le hicieron ver el tipo de persona que soy y el tipo de persona prepotente que es la tte. enfermera Patricia Hern�ndez Navarro; quedando en claro mi inocencia y demostrando el abuso de autoridad y amenazas por parte de los militares arriba se�alados.
�El d�a martes 24 de enero el cap. de la pol.jud.mil. Eleodoro Ruiz Garc�a, me cit� afuera de las instalaciones del Banjercito, solo para decirme que llegara a un arreglo con el cor. y el solamente me ofrecer�a una disculpa; o de lo contrario yo saldr�a culpable y las pruebas y testigos que yo presente no servir�an de nada.
�Queda claro que el dir. de la pol.jud.fed.mil. es compadre de este tan prepotente cor.m.c. Alfonso Flores Gonz�lez; si usted decide darme una cita yo le mostrar� pruebas donde le muestro que todo lo que yo he denunciado es ver�dico, ya que mis 3 denuncias que le he enviado al srio. de la def. nal. no se las han hecho llegar a el personalmente, para que tome cartas en el asunto�.
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