| MILENIO y Poresto.
Febrero 14 de 2007. Fuerzas Armadas Por Javier Ibarrola � El poder del Ej�rcito Las fuerzas armadas no otorgan avales autoritarios, ni buscan arribismos anticonstitucionales, porque jam�s han constituido una amenaza para la sociedad a la cual sirven. El mensaje del general Guillermo Galv�n Galv�n, secretario de la Defensa Nacional, pronunciado el pasado d�a 9 en el Alc�zar del Castillo de Chapultepec durante la ceremonia de �La Marcha de la Lealtad�, fij� de una vez por todas su activa calidad de factor real de poder dentro del sistema pol�tico mexicano, �de cara a la naci�n toda y con la frente en alto�. Para algunos sectores pol�ticos, aunque m�s partidarios que pol�ticos, las primeras acciones de gobierno adoptadas por el presidente Felipe Calder�n al apoyarse cien por ciento en las fuerzas armadas, han sido consideradas como �autoritarias�. Pero se trata de los cr�ticos de siempre, de los que a�n se lamen las heridas de sus propios fracasos en la arena pol�tica nacional. Se escandalizan y exigen �sensatez� al alto mando militar, esa misma condici�n que no practican desde sus posiciones partidarias. El Ej�rcito Mexicano no es una instituci�n pol�tica ni la �nica que conforma el basamento de un pa�s en busca de su recuperaci�n, pero es pieza fundamental e insustituible. Por ello el general Galv�n lo dej� muy claro: �El Ej�rcito no es quien avala la raz�n de la voluntad popular, somos una m�s de las instituciones que operan para que los derechos de todos los mexicanos sean una realidad creativa y permanente�. Pero al PRI, por ejemplo, se le olvida todo lo que le debe al Ej�rcito en sus pasados 70 a�os de hegemon�a. El PAN, que lo consideraba como el �brazo armado� del PRI, ahora sugiere abrir la puerta para que los militares �participen m�s activamente en pol�tica�. Y el PRD sigue la l�nea de su Mes�as que siempre lo calific� de �represor�, para lanzar ahora su �esperanza� de que las fuerzas armadas puedan �distinguir el momento tan grave que est� atravesando el pa�s�. Adelant�ndose a estas manifestaciones, el alto mando militar sostuvo en su mensaje que �en una sociedad democr�tica abierta y plural, estamos sometidos al escrutinio permanente de los ciudadanos m�s sencillos o de las inteligencias m�s agudas. El Ej�rcito est� abierto para todos quienes quieran conocer nuestra realidad�. Los que piden �sensatez� son los que sus ambiciones partidarias y personales los llevan al celo obcecado, como si el pa�s les perteneciera por entero. Se niegan a reconocer la realidad: �Las fuerzas armadas robustecen al Congreso de la Uni�n, a la Suprema Corte de Justicia de la Naci�n y al Poder Judicial en su conjunto, hacen s�lida a la sociedad y a sus esmeros y fortalecen al Poder Ejecutivo�. Se escandalizan al escuchar a los soldados reiterar su lealtad al presidente. Lo hacen, porque en el Ej�rcito la lealtad es sin�nimo de legalidad. �No somos algo aparte del ciudadano presidente de la rep�blica. �l es parte de nuestras fuerzas armadas en su condici�n institucional de comandante supremo y nosotros somos parte del poder que encarna y representa. As� lo establece nuestra carta magna en su art�culo 89. �Quienes desear�an ver a un presidente distanciado de sus fuerzas armadas, no miden los alcances de su esquema. Este v�nculo institucional es y debe ser indisoluble para la salud de la rep�blica�. Y para que nadie se llame a enga�o, el general Galv�n advirti�: �No es dif�cil suponer la gravedad del riesgo en el que pa�s caer�a, si las fuerzas armadas no ponen todo de s� para respaldar al jefe del Ejecutivo Federal, apoyo que es tambi�n indispensable de las dem�s trabes fundamentales de la vida institucional�. Estas palabras encierran la renovada moral militar y su indeclinable decisi�n de respaldar a un pueblo en crisis, con el impl�cito llamado a todos los sectores sociales para que act�en en consecuencia. Las fuerzas armadas no otorgan avales autoritarios, ni buscan arribismos anticonstitucionales, porque jam�s han constituido una amenaza para la sociedad a la cual sirven. El poder del Ej�rcito no est� en sus armas, est� en su indeclinable condici�n de lealtad y legalidad. Est� en el conocimiento preciso de los grandes problemas y carencias del pa�s, as� como en la plena identificaci�n de quienes atentan de mil maneras en su contra. Reconocen igualmente que la democracia es un bien deseable, pero la alimentaci�n, la vivienda, la educaci�n, la salud y, hoy m�s que nunca, la seguridad, la paz y el bienestar social son indispensables para la supervivencia de la naci�n. Por ello, la lealtad y la legalidad son divisas que deber�an adoptar todos aquellos que tienen a su cargo responsabilidades cruciales y a todo nivel para la buena marcha del pa�s. |