| MILENIO
Enero 18 de 2006. Fuerzas Armadas Por Javier Ibarrola � Generales de aqu� y de all� A pesar de que el poder civil ejerce un absoluto control sobre el militar, el primero no tiene otra respuesta al eventual reclamo del segundo que un acto de imposici�n, como acaba de ocurrir en Espa�a y M�xico, aunque con diferentes matices. Hace dos siglos el rey de Espa�a Carlos III instituy� la festividad de la Pascua Militar. Dicha ceremonia tiende a fomentar el �deseable acercamiento de la sociedad con sus Fuerzas Armadas, y viceversa�. El dato hist�rico sirve para dar contexto al tipo de relaciones que guardan en diferentes partes del mundo el poder civil y el poder militar. En Am�rica Latina, las relaciones c�vico-militares semejan una rueda de molino en cuyas vueltas se va marcando unas veces el predominio de los pol�ticos y en otras la prevalencia de los militares. Pero si en algo no ceden las fuerzas armadas en las incipientes democracias latinoamericanas, e incluso en la vieja Europa, es en su responsabilidad de velar por el estricto cumplimiento de la Constituci�n. Hace unos d�as, tras celebrarse la Pascua Militar en Espa�a, el jefe del Mando de Personal del Ej�rcito de Tierra, uno de los tres mandos del ej�rcito espa�ol, el teniente general Jos� Mar�a Aguado, fue destituido de su cargo y sujeto a un arresto domiciliario de una semana. La orden la dio un civil, el Ministro de Defensa Jos� Bono, miembro del Partido Socialista Obrero Espa�ol. �Por qu�? En dicha celebraci�n, realizada en Sevilla, el teniente general Mena Aguado hizo un balance de actividades de 2005 y de los proyectos para el a�o que comienza, y de �las inquietudes de las Fuerzas Armadas�. Con palabras que se escuchan recurrentemente en el discurso de los militares mexicanos, Mena Aguado dijo que �las fuerzas armadas han llevado a cabo numerosas operaciones de apoyo a autoridades civiles y de colaboraci�n con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, destacando campa�as contra incendios forestales, la vigilancia aduanera, la protecci�n de objetivos sensibles, la activaci�n de medidas para mitigar los efectos de las condiciones meteorol�gicas extremas en la red de comunicaciones�, y otras campa�as. Su mensaje se fue tornando puntilloso. �Quiero expresar las inquietudes y preocupaciones de cuantos formamos parte de las fuerzas armadas, en los momentos que estamos viviendo. Por raz�n del cargo que ocupo no debo, en actos como �ste, expresar mis opiniones personales. Pero s� tengo la obligaci�n de conocer los sentimientos, inquietudes y preocupaciones de mis subordinados y transmitirlas, como es habitual, a la m�xima autoridad de mi Ej�rcito, y hacerlos p�blicos, por expreso deseo de aqu�llos�. El jefe del ej�rcito terrestre espa�ol daba muestra de lo que debe ser un comandante y su obligaci�n de hacer o�r la voz de los soldados a su mando, voces recogidas durante sus constantes visitas a las Unidades. Para las fuerzas armadas espa�olas, dijo, hay dos grandes preocupaciones: el terrorismo y la unidad del pa�s. �En todas mis visitas a las Unidades he aprovechado los encuentros con Cuadros de Mando y Tropa, para transmitirles un mensaje de tranquilidad, no exenta de inquietante preocupaci�n. Siempre he recalcado que los militares no debemos entrar en disquisiciones pol�ticas que, l�gicamente corresponden a los pol�ticos. Ahora bien, es nuestra obligaci�n alertar de las graves consecuencias que podr�a conllevar la aprobaci�n del Estatuto de Catalu�a, en los t�rminos en que est� planteado, tanto para las fuerzas armadas, (como instituci�n) como para las personas que las integran�. El Estatuto de Catalu�a busca incrustarla en el sistema de autonom�as, que para el teniente general Mena Aguado pudiera, dicho Estatuto, rebasar l�mites muy riesgosos, como es la exigencia del dominio de la lengua particular de cada regi�n, la independencia de los Tribunales de Justicia de las Autonom�as, que �crean graves problemas en las fuerzas armadas al producir sentencias dispares para hechos similares�. El riesgo m�s claro, seg�n Mena Aguado, ser�a la aparici�n de poderes judiciales auton�micos, independientes del Estado. Con obvias diferencias, en M�xico, grupos como el EZLN han demandado y de hecho han logrado, la instauraci�n de municipios aut�nomos que acarician situaciones similares. �Afortunadamente, la Constituci�n marca una serie de l�mites infranqueables para cualquier Estatuto de Autonom�a. De ah� mi mensaje de tranquilidad. Pero, si esos l�mites fuesen sobrepasados, lo cual en estos momentos afortunadamente parece impensable, ser�a la aplicaci�n del art�culo 8� de la Constituci�n: �Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ej�rcito de Tierra, la Armadas y el Ej�rcito del Aire, tienen como misi�n garantizar la soberan�a e independencia de Espa�a, defender su integridad y el ordenamiento constitucional�. Despu�s, un importante recordatorio: �No olvidemos que hemos jurado, o prometido, guardar y hacer guardar la Constituci�n. Y para nosotros, los militares, todo juramento o promesa constituye una cuesti�n de honor�. Vaya lecci�n del jefe del ej�rcito espa�ol y vaya reacci�n del poder pol�tico. Hoy Mena Aguado est� fuera del servicio de las armas por haber recordado al gobierno que la obligaci�n del militar es velar por el cumplimiento de la Constituci�n y la unidad del pa�s. El caso, desde luego, entra�a diferencias abismales, pero tambi�n claras similitudes con lo ocurrido recientemente en Sinaloa, donde un mensaje del comandante de la 9� Zona Militar, el general Sergio Aponte Polito, y su reclamo al gobernador del estado por la incapacidad de su gobierno para frenar la delincuencia y no querer ver los �narcopolic�as� que hay en sus corporaciones de seguridad. A los pocos d�as Aponte Polito fue removido de su mando para enviarlo a la Zona Militar de Quer�taro, un estado que ha gozado en los dos �ltimos sexenios de la paz panista. Hombres cercanos al primer c�rculo del poder militar niegan que la actitud del general Aponte Polito sea muestra de un enfrentamiento con el poder civil, y que su cambio de posici�n fue una acci�n rutinaria. Habr� que aceptar su dicho. Pero lo que sucede en Sinaloa y en todos los estados fronterizos del norte, donde la autoridad ha fallado en sus deberes, no s�lo atenta contra la sociedad y la seguridad del pa�s, viola flagrantemente lo establecido en la Constituci�n, la que todos los funcionarios p�blicos, incluidos los militares, han jurado guardar y hacer guardar. Pero fue un civil, Lu�s Echeverr�a �lvarez, quien en 1971 borr� de la m�xima norma, por decreto, y de la Ley Org�nica del Ej�rcito y Fuerza A�rea Mexicanos la misi�n del Ej�rcito de �mantener el imperio de la Constituci�n�. A partir de entonces, las fuerzas armadas mexicanas se han sometido sin regateos p�blicos al poder civil, al presidente de la rep�blica quien es su comandante supremo. Sin embargo, sigue pesando aquel dicho del secretario de la Defensa Nacional, general Gerardo Clemente Ricardo Vega Garc�a sobre que el Ej�rcito sabe todo lo que pasa en el pa�s, �el problema es que lo diga un militar�. Lo que no queda claro es para qui�n es el problema: �para el civil o para el militar? En Espa�a, un mero recordatorio sobre lo que la Constituci�n ordena a sus fuerzas armadas le cost� el mando al jefe del Ej�rcito de Tierra. En M�xico, bast� una postura digna y congruente de un comandante de zona para que los civiles temblaran. En efecto, como lo dijo el general Mena Aguado, los militares no deben entrar en disquisiciones pol�ticas que corresponden a los pol�ticos, pero s� tienen la obligaci�n de alertar sobre los riesgos que, como sucede en M�xico, significa rebasar los l�mites de los excesos, que no otra cosa es violar la Constituci�n y atentar contra la unidad del pa�s. De Imaginaria Como en cualquier ej�rcito del mundo, en el de M�xico permean inquietudes y preocupaciones. Un militar en activo, lector asiduo, que como es obvia costumbre solicita el anonimato, comparte las suyas con FA: �A veces como militar uno no puede decir lo que piensa y siente porque pasa a ser parte de los �inconformes�. Se que mi general Aponte Polito es una persona que es militar, que siente lo que es traer puesto el uniforme verde olivo. Esperemos que para el nada m�s sea el cambio y no le quieran dar para abajo, porque se que el general s� es como decimos, federal pero honesto y trabajador y ama su trabajo. Lo que digo es porque he estado bajo su mando, como tropita. Pienso que uno como militar, bueno los que andamos en las comunidades y nos damos cuenta de c�mo vive la gene, lo que come, lo que viste, cu�les son sus medicinas para cualquier enfermedad, lo que calzan, la ignorancia en la que viven, y de lo que los pol�ticos sacan provecho de las necesidades de estos, porque nada m�s los visitan cuando van por una elecci�n. Nosotros los militares s� nos damos cuenta de eso y muchas cosas m�s. Nosotros, aunque mal pagados, seguimos siendo leales, porque hicimos un compromiso no con el pol�tico, con el gobernador, el senador o diputado. Nosotros hicimos y tenemos un compromiso con M�xico y que la instituci�n que nos da de mal comer, porque somos mal pagados, los que m�s trabajamos y los que hacemos el trabajo que otros no pueden hacer�. |