MILENIO y Poresto
Enero 10 de 2007.

Fuerzas Armadas

Por Javier Ibarrola

� Narcopolic�as

Si bien los militares se declaran reiteradamente apol�ticos y apartidistas, llega el momento en que no pueden soslayar la corrupci�n e impunidad que privan en las corporaciones polic�acas de las plazas a su mando.


Tradicionalmente, a los militares no les gusta �verse en el papel�, como suelen decir cuando los medios de comunicaci�n se ocupan de su desempe�o.
No les falta raz�n, pues generalmente se les pretende sentar en el banquillo de los acusados con la chocante etiqueta del �militarismo� que para mucho se pretende imponer en el pa�s.
Incluso el hoy presidente Felipe Calder�n, cuando fung�a como l�der de su partido, lleg� a decir que ante la �descomposici�n� de las autoridades civiles, los militares �iban ganando terreno en la vida pol�tica nacional� y que dentro de la reestructuraci�n al interior del sistema pol�tico mexicano el Ej�rcito era un �factor elemental de poder�.
Pero si bien no les gusta �verse en el papel�, tampoco permanecen alejados de la realidad nacional y los descalabros que la corrupci�n y la impunidad, y es entonces cuando alzan la voz.
Un ejemplo claro, entre muchos, lo representa el general de Divisi�n Sergio Aponte Polito, actual comandante de la II Regi�n Militar, con sede en Mexicali, Baja California y en cuya jurisdicci�n se incluye a Tijuana, donde actualmente se desarrolla el m�s amplio operativo para abatir la violencia del narcotr�fico y sus grandes organizaciones.
No es extra�o que entre las primeras medidas adoptadas por el general Aponte Polito fue la de desarmar a toda la polic�a municipal de esa ciudad, medida que no acaba por digerir el alcalde Jorge Hank, quien aspira a gobernar el estado.
Si bien los militares se declaran reiteradamente apol�ticos y apartidistas, llega el momento en que no pueden soslayar la corrupci�n e impunidad que priva en las corporaciones polic�acas de las plazas a su mando, cualquiera que sea el partido gobernante.
A principios de 2006, el general Aponte Pol�tico, entonces comandante de la Zona Militar en Culiac�n, Sinaloa acus� de frente al gobernador Jes�s Aguilar Padilla de la incapacidad de su gobierno para evitar las 600 ejecuciones que se registraron en su estado, s�lo en 2005.
�Mientras no se acabe con narcopolic�as, la inseguridad continuar�, dijo el general, para despu�s, p�blicamente, decirle al gobernador que �hay muchos en las corporaciones�.
Fue la segunda ocasi�n en menos de dos meses en que el general Aponte Polito exig�a una limpia en las corporaciones polic�acas.
�No debe permanecer en las corporaciones polic�acas, ning�n elemento que est� contraviniendo la ley, que se est� enriqueciendo a base de dar protecci�n a los presuntos delincuentes, sobre todo al personal de narcotraficantes, porque un grupo reducido de elementos no puede prevalecer sobre la sociedad�.
D�as antes de estos se�alamientos, la 9� Zona militar hab�a retirado a sus efectivos de las llamadas Bases de Operaci�n Mixta que integraban con elementos de las polic�as federal y estatal.
Tambi�n en esa �poca el general Aponte Pol�tico pronunci� un largo mensaje en el que plasm� las dificultades y obst�culos que se daban para combatir cabalmente el narcotr�fico.
Tras estos episodios, el alto mando militar orden� el cambio de adscripci�n del general, nombr�ndolo comandante de la 17� Zona Militar en Quer�taro, un estado relativamente en paz.
Sin embargo, el 15 de diciembre pasado le dio el mando de la II Regi�n Militar que comprende cinco zonas militares: Tijuana, La Paz, Guerrero Negro, Hermosillo y Nogales.
En el historial militar de Aponte Polito se registra tambi�n su en�rgica y efectiva acci�n en Canc�n, Quintana Roo, cuando estuvo a cargo en 2001 de la 34� Zona Militar.
En ese a�o acab� el dominio de Jorge Torres T�lfer, a quien se se�alaba como el principal introductor de droga, con la complicidad de las autoridades judiciales del estado y de la Procuradur�a General de la Rep�blica.
Soldados a su mando detuvieron a pistoleros y graperos que operaban en la comunidad de Calderitas. Aponte Polito document� un grueso expediente de investigaci�n contra Torres T�lfer y la protecci�n que le brindaban los cuerpos polic�acos locales y quien finalmente fue aprehendido.
En el mensaje arriba se�alado, el general Aponte Polito marc� las responsabilidades: a los padres de familia, el deber de generar un cambio en la mentalidad de sus hijos; a los maestros, acrecentar los valores c�vicos; a los empresarios, esforzarse a disminuir los �ndices delictivos; a la autoridad, una adecuada selecci�n del personal de seguridad p�blica; a los servidores p�blicos, actuaci�n honesta y eficiente; al gobierno, mejores apoyos al campo; a los medios de comunicaci�n, cr�tica veraz; y al Ej�rcito, seguir combatiendo con sus propios recursos.
La lecci�n es clara: Esta guerra nunca se va a ganar a balazos.
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