MILENIO y Poresto
Diciembre 6 de 2006.

Fuerzas Armadas

Por Javier Ibarrola

� El general Calder�n

No hubo gran j�bilo en las fuerzas armadas por el anuncio de mejoras salariales. Vicente Fox lo hizo tambi�n y no fue sino hasta dos a�os despu�s cuando los militares empezaron a recibir un 3.3 por ciento de aumento.

Convencido de que su gobierno es producto de un parto inducido por f�rceps y cuya presentaci�n en sociedad no result� tan tersa como hubiera deseado, Felipe Calder�n no esper� mucho tiempo para ordenarle a las fuerzas armadas que ante el complejo proceso de transici�n que vive el pa�s es preciso actuar �con firmeza, con determinaci�n y con invariable apego a la Ley�.
Tambi�n en el Ej�rcito y la Marina se hab�a pasado por un complejo proceso, este de selecci�n, como quiz� nunca antes hab�a sucedido, no tanto por pugnas internas o lucha de grupos, sino porque trataba de surgir una nueva generaci�n de militares y marinos dispuesta a imprimirle otro sello a la doctrina y operatividad del instituto armado.
El presidente Felipe Calder�n, investido tambi�n con el �guila y las cinco estrellas que marcan su condici�n de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, se olvid� ya de su convicci�n expresada p�blicamente hace 10 a�os, cuando era dirigente nacional del PAN, en el sentido de que ante la descomposici�n social �los militares van ganando terreno en la vida pol�tica nacional�.
Pero la memoria es flaca y maleable. Hoy el general Calder�n se dispone a �velar por la tropa� y para ello empieza por ponerlos en un r�gimen de excepci�n para no verse afectados por su reci�n decreto de austeridad gubernamental.
Esto, porque �nuestros soldados y marinos cumplen con el deber de servir a la patria a pesar de las dif�ciles condiciones que tienen para sacar adelante a sus familias que con el ingreso que reciben es dif�cil proporcionarle a los suyos una vida digna y a�n as� cumplen con su deber con patriotismo�.
La promesa de Calder�n resulta abstracta e insuficiente, sino es que oportunista. En efecto, la tropa cumple con sus misiones en condiciones muy dif�ciles: poca paga, mala alimentaci�n, precario alojamiento, insuficiente atenci�n m�dica y muchas horas de fatiga en la cierra, la selva, los montes en fin, en todo el territorio nacional. Baste decir que los haberes de un soldado son menores a los de un polic�a, sin menospreciar la labor de este �ltimo.
Y no cabe ya la draconiana consigna de que el que no est� a gusto, que se vaya, por podr�amos llegar al punto de contar con un Ej�rcito de 25 hombres.
Porque la cadena de mando, a la que el presidente Calder�n conmina a seguir respetando, la integran hombres que igualmente lo dan todo por la carrera de las armas: oficiales, jefes y generales.
No hubo gran j�bilo en las fuerzas armadas por el anuncio de mejoras salariales. Vicente Fox lo hizo tambi�n y no fue sino hasta dos a�os despu�s cuando los militares empezaron a recibir un 3.3 por ciento de aumento.
La promesa f�cil ya la conocen y saben que se agota en la palabra. Si bien los militares quedar�n fuera del decreto de austeridad, no quedar�n fuera del inequitativo r�gimen tributario y el prometido aumento se esfumar�.
El salarial no es el �nico problema en las fuerzas armadas, por m�s que sea el m�s sensible pues, en efecto, incide directamente en la estabilidad de la familia del soldado. Hay otros igualmente sensibles: el sistema de justicia militar; el mal trato y desd�n a los retirados y el riesgo permanente de convertir al Ej�rcito en un aparato burocr�tico.
Sin embargo, el reci�n designado secretario de la Defensa Nacional, general Guillermo Galv�n Galv�n, parece responder a esa nueva visi�n y nueva m�stica militar.
Ya lo dijo a su plana mayor: ejercer� el alto mando con democracia, con amistad y con gran lealtad.
Es decir, no centralizar� el mando y relegar� las responsabilidades inherentes a otros cargos, como los de subsecretario, oficial mayor y hasta el �ltimo sargento.
No acepta la intriga y buscar� que sus subordinados cumplan por convicci�n y no por temor al mando, y deber� mantener aceitadas las dos v�as de la doctrina militar: hacia los subordinados y hacia el comandante supremo.
La orden que el d�a primero les dio a los altos mandos de las fuerzas armadas para actuar con firmeza, determinaci�n y apego a la ley, es un compromiso de alto grado de dificultad.
Esta orden en particular no admite, por debilidad o malos consejos, cambiar de la noche a la ma�ana.
Y no lo admite por la muy conocida m�xima militar: orden-contraorden-desorden.

De imaginaria

Primeros cambios en el mando (todos generales de Divisi�n): Tom�s �ngeles Dauahare, Subsecretario; Demetrio Gayt�n Ochoa, Jefe de Estado Mayor; Humberto Antimo Miranda, Oficial Mayor; Ferm�n Rivas Garc�a, Director del ISSFAM; Juan Alfredo Oropeza Garnica, Comandante de la XIII Regi�n Militar en Oaxaca; Juan Hern�ndez Avalos, Comandante V RM en Jalisco, Humberto A. Guillermo Aguilar, Director
de la Industria Militar.
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