| MILENIO y Poresto
Diciembre 20 de 2006. Fuerzas Armadas Por Javier Ibarrola � Peque�as batallas �Cu�l es plan: combatir el narcotr�fico o detener a los grandes o peque�os capos? Porque una cosa no elimina a la ora y viceversa. Quiz� por lo r�spido del proceso electoral o por la precariedad legal y econ�mica del gobierno que recibi�, pero el caso es que Felipe Calder�n est� urgido de resultados. Por ello, apenas a dos semanas de haber asumido la presidencia de la rep�blica, sus hombres fuertes le brindan sin recato alguno resultados efectistas de una operaci�n que est� lejos de ser el plan perfecto para hacer frente a la delincuencia de alto nivel. Reunidos en la residencia oficial de Los Pinos, el secretario de la Defensa Nacional, de Marina-Armada de M�xico, Secretario de Seguridad P�blica y el Procurador General de la Rep�blica, encabezados desde luego por el secretario de Gobernaci�n �sus nombres ya nos los iremos aprendiendo de memoria- los hombres fuertes del presidente expusieron esos resultados exigidos por el presidente Calder�n, que por donde se les vea, son apenas p�lidos recuentos de los que por a�os se ha venido haciendo. Desde luego no es cosa de minimizar los logros de la llamada Operaci�n Michoac�n, pero tampoco es cosa de echar las campanas al vuelo por que se destruyeron algunas miles de hect�reas sembradas de enervantes o porque se haya impedido que seis mil millones de pesos hayan entrado la ganancias de las grandes corporaciones del narcotr�fico, o porque se haya detenido a uno o dos de los llamados �hombres de confianza� de los grandes capos. Vale recordar que las ganancias del narcotr�fico a nivel mundial, son del orden de los 500 mil millones de d�lares anuales. Por ejemplo, el actual secretario de la Defensa Nacional, el general Guillermo Galv�n Galv�n, debe saber mejor que nadie, pues el estuvo cuatro a�os al frente de la subsecretar�a del ramo, que de los 101 Batallones de Infanter�a con que cuenta el Ej�rcito, la mitad �unos 30 mil hombres- est� dedicada a combatir el narcotr�fico en todo el pa�s, que el promedio de droga decomisada es de por lo menos cuatro toneladas diarias, sobre todo de marihuana, y que ni as� se ha podido detener sustancialmente el flujo de droga que llega, se produce o pasa por M�xico hacia Estados Unidos, principalmente. As�, la pregunta es obligada: �cu�l es plan: combatir el narcotr�fico o detener a los grandes o peque�os capos? Porque una cosa no elimina a la ora y viceversa. Cada vez que cae un capo, surgen diez m�s. Por cada plant�o destruido, se preparan diez m�s. Militares que han estado al frente de grandes responsabilidades dentro del Ej�rcito, consideran que las cifras que se manejan hablan ya de haber destruido tres veces la superficie del territorio nacional. Pero es innegable que para ganar una guerra hay que ganar primero algunas batallas, por peque�as que estas sean o como las que se acaban de anunciar hace dos d�as en Los Pinos. Tan peque�as son, que el presidente Calder�n ha ordenado que se sume a la Polic�a Federal Preventiva otra brigada de Polic�a Militar, otros cinco mil hombres del Ej�rcito y dos mil 500 marinos, al tiempo que re�ne bajo un solo mando a esta corporaci�n y a la Agencia Federal de Investigaciones, llam�ndola �polic�a �nica� en un paso inequ�voco para concretar el plan de integran una gran corporaci�n polic�aca, ll�mese polic�a �nica, Polic�a Nacional o cualquier otro nombre. Ya se ha dicho, este plan tampoco es novedoso y por lo dem�s no atiende a la realidad de las fuerzas que habr�n de conformar esta operaci�n: polic�as y soldados no hablan el mismo lenguaje. Es decir, si se trata de combatir de frente a la producci�n de drogas, no ha otra fuerza que lo pueda hacer que la militar. El Ej�rcito cuenta con la inteligencia y la fuerza operativa para hacerlo, no hay otra. Si se trata de investigar y detener a los grandes delincuentes, para eso est� la Procuradur�a General de la Rep�blica, Seguridad P�blica Federal y sus ramas de la Agencia Federal de Investigaciones y finalmente la Polic�a Federal Preventiva. Diversificar las fuerzas y mezclar los mandos es un riesgo innecesario, sobre todo cuando no se cuenta, al menos as� parece, con un plan nacional de combate. Como primer paso, plausible y todo, se mand� una fuerza considerable a Michoac�n. Ya se habla de hacer lo mismo en Guerrero, y todo ello sin contar la grave problem�tica en las fronteras. Es impensable echar mano de una fuerza itinerante que tras sofocar una plaza se traslade a otra y luego a otra y a otra, dando por hecho que en la que se deja no se va a repetir la misma historia. Es por ello que a pesar de la necesidad gubernamental de ofrecer resultados a la sociedad, estos deben responder a un plan perfectamente estructurado que deje al final los anuncios espectaculares. |