| MILENIO y Poresto
Diciembre 13 de 2006. Fuerzas Armadas Por Javier Ibarrola � El escaparate de la guerra La m�s pura estrategia militar se basa en la secrec�a y en la sorpresa. Las guerras, cualesquiera que sean sus prop�sitos y objetivos, no se ganan anunci�ndole al enemigo lo que se piensa hacer. Sin calificativos apresurados, el gobierno de Felipe Calder�n ya mostr� su disposici�n de cumplir con los compromisos de campa�a, en cuanto a recuperar el respeto a la ley. Los primeros pasos siempre son dif�ciles, pero no se puede avanzar de otra manera. Intoxicados hasta el paroxismo por lo que ocurr�a en Oaxaca, el gobierno de Vicente Fox dej� para los que ven�an atr�s la soluci�n de lo que ahora se antoja muy f�cil de resolver. Aquel que hace apenas unos cuantos meses era �se�or don�, ahora es un delincuente m�s que habr� de pagar sus culpas. Digo, ese l�der de los populares de los pueblos, de apellido Sosa, al que no le valdr� ni siquiera su precantada afiliaci�n perredista para pasarse un larga temporada a la sombra, como dec�an los cl�sicos. Pero eso representa apenas la borra del caf�. El problema, el grande y m�s grave problema, sigue ah�: el narcotr�fico. Y el presidente Felipe Calder�n est� dispuesto a hacerle frente. Para ello, no ha dudado en llamar a las fuerzas armadas. No se le puede a este gobierno regatear el esfuerzo de los primeros pasos, por m�s que hacia el interior de las fuerzas armadas se considera que la lucha contra el narcotr�fico es una guerra justa, pero perdida. Para el Ej�rcito Mexicano la lucha contra el narcotr�fico no es una misi�n novedosa. Hace muchos a�os, quiz� desde el finales de la segunda gran guerra mundial, ha dedicado miles de efectivos que d�a a d�a destruyen, decomisan e incineran toneladas de enervantes, primero marihuana, despu�s coca�na y ahora todos los derivados de las metanfetaminas. La �Operaci�n Conjunta Michoac�n� para intentar frenar la violencia delincuencial en ese estado, anunciada vistosamente en Los Pinos por el gabinete de seguridad nacional, como una muestra de la �fuerza del estado�, no responde a un plan perfecto, ni mucho menos. Para empezar, la mezcla de fuerzas habr� de demostrar una vez m�s su inoperatividad, como sucedi� con el �M�xico Seguro�, am�n de que quien encabeza esta �fuerza del estado�, el flamante Secretario de Gobernaci�n, no tiene la estatura suficiente como para hacerlo. Durante su desempe�o como gobernador de Jalisco, siempre descans� en los mandos miliares territoriales del estado en cuanto a este tipo de asuntos. Ahora, se levanta ante los nuevos mandos militares -el secretario de la Defensa Nacional, general Guillermo Galv�n Galv�n y el de Marina, Mariano Francisco Saynez Mendoza, dos militares vacunados contra la influencia de grupos internos y prevaricaciones pol�ticas-, para marcar el plan de batalla. Civiles, polic�as y militares hablan lenguajes diferentes. Ese es un problema dif�cil de salvar. Y tan no lo hablan, que la m�s pura estrategia militar se basa en la secrec�a y en la sorpresa. Las guerras, cualesquiera que sean sus prop�sitos y objetivos, no se ganan anunci�ndole al enemigo lo que se piensa hacer. Pasados los d�as de gran turbulencia pol�tica, la sociedad no requiere de anuncios espectaculares, sino de resultados efectivos. De nada servir�n los balances prematuros, al menos de que se insista en seguir el libreto de las cifras. Michoac�n, el Ej�rcito lo sabe bien, es un estado como Oaxaca, donde por cuestiones partidarias la ley pas� a un segundo y tercer t�rmino. Todo se dej� llegar hasta el m�ximo de lo tolerable. No hace muchos d�as en Michoac�n un individuo mantuvo a raya a un destacamento militar de L�zaro C�rdenas, comandando por el general Audomaro Mart�nez Zapata, y no pas� nada. No es forzada la referencia, pero el general Mart�nez Zapata acept� ser el �ngel guardi�n de Andr�s Manuel L�pez Obrador, hasta que el tabasque�o fracas� en su intentona presidencial. Al renunciar a su encomienda, ya no tuvo m�s acomodo que comandar una guarnici�n militar en L�zaro C�rdenas, Michoac�n. Estos primeros pasos del gobierno de Felipe Calder�n, en los que compromete el prestigio del Ej�rcito, la Fuerza A�rea y la Marina �despu�s de todo la Procuradur�a General de la Rep�blica y la Secretar�a de Seguridad P�blica federal para eso est�n-, por muy dif�ciles que sean, son necesarios. Pero se equivocar� rotundamente si se empe�a en hacer de esta guerra un espect�culo medi�tico y una relator�a de cifras. Cinco mil soldados est�n en Michoac�n, de hecho siempre han estado y en n�mero mayor. Est�n para frenar la delincuencia, seg�n el gobierno. Pero esta guerra, la del narcotr�fico no se ganar� a balazos, es decir, si los balazos no van apoyados con medidas legales como un estado de excepci�n e incluso toques de queda, en aquellas zonas de alta incidencia delincuencial, para que las fuerzas federales puedan actuar con mayor libertad. |