LA MORAL Y DOCTRINA DE LA IGLESIA CATOLICA

DOMINGO 23 DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

23 0ctubre de 2005

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Sermón del Domingo


   

Queridos Hermanos:

Vita mutatur, non tollitur –la vida se cambia, no se quita. Nos dice bellamente el prefacio de la Misa de Difuntos.

Por medio de los milagros realizados por nuestro Señor Jesucristo, se nos da a entender y a través del dirigente de la sinagoga, que nuestra vida esta en manos de Dios.

De que manera tan delicada y verdadera se les dice a las personas, a que hace referencia el Evangelio de hoy, “la niña esta muerta”. Pero para Dios, que puede resucitarla, sólo esta dormida en cuerpo y alma.

Todo lo que tenemos que hacer, para entender esta situación es, imaginarnos lo que será cerrar los ojos a esta existencia familiar, presente y, abrir los ojos a la eternidad.

Existen aquellos, quienes en nuestros días luchan por cambiar de manera deliberada la escena de lo que sucedió aquel día. Tratan de explicar a su modo la realidad sobre la muerte de la niña para poder, según ellos, demostrar la no divinidad de Jesucristo.

En lugar de admitir la realidad los mofadores de este mundo, se preparan para hacer violencia a su razón y esconder de si mismos la realidad y finalidad de lo que llamamos “muerte”.

Existe mucho más de lo que podemos aprender de este episodio aparentemente simple. Es verdad que, nuestra atención es dirigida al hecho del retorno de la niña, a la vida. Sin embargo existe algo más, y el hecho es que nuestro Señor apaciguo a la multitud.

La multitud indica el gran número de almas que se han de contar entre los condenados. La multitud ridiculizó a nuestro Señor cuando debieron haberlo visto con gran temor y silencio respetuoso.

Por el contrario, se burlaron de El. Razón por la cual nuestro Señor no hizo nada hasta que la multitud fue dispersada, permaneciendo sólo algunas personas en el lugar. Y es en ese momento en que nuestro Señor Jesucristo devuelve la vida a la niña que había muerto.

No merecía la mayoría de personas que ahí se encontraban, ver el misterio de la resurrección. La recompensa por burlarse de Dios fue la más adecuada.

¿No es esta, la misma recompensa para quienes una vez que han recibido la gracia de la fe sobrenatural, la abandonan por alguna razón endeble, o cualquier otra excusa?.

Nuestra fragilidad humana frecuentemente nos confunde cuando se requiere aplicar este principio. En la mayoría de las veces damos más al“Cesar” que significa el cuerpo, que lo que le damos a Dios.

¿Está obligado Dios, a recompensar y permitir tal rechazo infame a Su gracia? ¿Cómo puede ser recompensado quien rechaza Su gracia al ponerse en una posición en la que el arrepentimiento se convierte en prácticamente imposible?.

La Iglesia católica claramente enseña que quienes se han separado de Ella a través de la herejía, cisma o excomunión están fuera del perímetro del arrepentimiento porque, citando a san Agustín: “son como una rama cortada del árbol”

Una rama cortada, continúa manteniendo la apariencia como parte del árbol, de la cual fue separada. Sin embargo, esto sucede por tan sólo un tiempo muy corto, hasta que la falta del alimento de vida empieza a desaparecer. Se corrompe y se convierte en el nido de bichos, escarabajos y gusanos.

Una vez que la rama ha sido cortada, no podrá vivir por si sola; lo señala el Papa Pío XII en su magnifica encíclica Mystici corporis “aunque haya muchos, en el Cuerpo Místico de Jesucristo (la Iglesia Católica) quienes demanera lastimosa han caído en pecado, existe sin embargo, una esperanza para ellos con el arrepentimiento de sus culpas; debiendo tener presente que, una vez separados de la Iglesia, no existe esperanza alguna.

¿Qué esperanza puede existir para quienes tontamente han abrazado la herejía o el cisma? Es bien sabido que los líderes herejes o cismáticos raramente se arrepienten de sus errores. Sin embargo, sus seguidores tienen una oportunidad si abandonan ya sea la herejía o el cisma o ambas. He aquí por que lo señalamos: los seguidores raramente están concientes de las consecuencias de sus errores, porque están normalmente cegados por alguna razón externa, frecuentemente esta razón externa es el demonio.

Una vez que el demonio es exorcizado de las personas, ven su torpeza y humildemente regresan a su madre la Iglesia católica, de quien jamás debieron separarse.

 

Hasta la próxima

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