LA MORAL Y DOCTRINA DE LA IGLESIA CATOLICA

2° DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES

22 Junio de 2003

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Sermón del Domingo


   

Queridos Hermanos:

La epístola de este domingo nos motiva y dirige hacia la vida espiritual que habremos de seguir como católicos de acuerdo a la voluntad de Dios.

San Juan, el gran místico, conocedor de que la unión con Dios es la unión de las dos voluntades: la voluntad increada de Dios y la voluntad creada del alma humana. Esta es la razón por la cual constantemente nos habla de "amor" y "caridad".

Nadie puede adquirir un nivel alto en la vida espiritual sin la disciplina apropiada de la voluntad. Esta es la razón por la cual San Juan frecuentemente se refiere a Dios como amor: "Deus caritas est" Dios es amor.

En un mundo envuelto en su amor propio al grado de excluir a los demás seres racionales. El verdadero cristiano aparecerá como anormal.

Psicológicamente hablando, siempre estamos incómodos con cualquier cosa que nos sea extraña. Consecuentemente cuando vemos que alguien actúa diferente, nuestra reacción instintiva es de desagrado. "odio" no es una palabra mala.

Odio no es otra cosa que la reacción emocional a una percepción especifica. Esa percepción es la manera diferente de actuar, hablar y particularmente la manera de vestir de la demás gente. Esta es la razón por la que el mundo. - es decir aquellos que siguen las máximas y actitudes de la sociedad que promueve el vicio y condena la virtud - nos odiará al percibirnos como quienes actuamos diferente. Diferentes, por su puesto, en el sentido de ser virtuosos.

El amor desordenado, es decir, hacia si mismo de manera irracional y sin ninguna restricción, esta muy lejos del significado real de la palabra. Al no ser capas de entender este amor sobrenatural y de sacrificio, el mundo lo rechaza porque lo percibe como un ataque a su comportamiento.

Esta es una de las razones de las que habla San Juan al decir que el mundo nos odiará ya que ya no formamos parte de su mentalidad egocéntrica y nuestro amor es dirigido a nuestro prójimo más que a nosotros mismos. Esta es una gran amenaza para el mundo egoísta.

De manera apropiada, el evangelio de este domingo, habla sobre el tipo de personas que no entrarán al reino de los cielos

De manera contraria a los modernistas quienes han sido "protestantizados" al abandonar la verdadera fe, el católico genuino toma en serio las palabras de nuestro Señor: quien de manera clara y precisa declara la verdad concerniente a los que se van a salvar y los que se han de condenar.

El primer tipo de personas excluidas del reino de los cielos es quienes se encuentran fuertemente unidas a las posesiones de este mundo. La pasión por poseer bienes materiales es tan fuerte en el hombre desde el pecado original que algunos católicos fervientes se comprometen, por medio del voto, alejarse de las ataduras desordenadas de los bienes de este mundo.

La pobreza económica no santifica; la aceptada libremente y basada en los preceptos religiosos si.

El segundo grupo de personas excluidas del reino de los cielos es aquel que persigue lo que despierta y complace a los sentidos. Las cinco yuntas de bueyes, de las que nos habla el evangelio, se refieren a los cinco sentidos externos. Oído, olfato, gusto, tacto y vista. Ya que es a través de estos sentidos que el alma se pone en contacto con el mundo externo. El hombre que pasa el tiempo complaciendo estos sentidos es por lo general esclavo de ellos al grado de ignorar la necesidad que tenemos de Dios y la felicidad eterna con El.

La tercer razón que excluye a una persona del reino de los cielos es el sometimiento irracional del hombre a su esposa. El hombre es la cabeza de la mujer. Este es el orden establecido por Dios mismo. Satanás lo ha invertido. Consecuentemente donde la mujer es la cabeza del hogar, no se encontrará verdadero orden. Ni el menor de los frutos más amargos es el que Dios mismo toma el segundo lugar. Tal es la influencia diabólica de la mujer sobre el hombre. Consecuentemente tales hombres son excluidos del reino de los cielos.

La paz es la tranquilidad que surge del verdadero orden.

Verdadero orden significa seguir los mandamientos de Dios de manera libre y con gusto de lo contrario sólo habrá el rechinar y crujir de dientes (aquí y en el infierno).

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