LA MORAL Y DOCTRINA DE LA IGLESIA CATOLICA

DOMINGO DE RAMOS

13 Abril de 2003

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Sermón del Domingo


   

Queridos Hermanos:

Nosotros que vivimos en la así llamada 'era científica' somos victimas de un sistema educativo que destruye sistemáticamente, a los seres humanos, transformándolos en animales hedonistas. Entre los muchos frutos de la Gran Apostasía (la perdida, universal, de la verdadera fe) inevitablemente encontramos la ceguera espiritual.

Esta ceguera espiritual hace posible no entender ninguna cuestión que este más allá de lo sensible. Afecta no solo cuestiones religiosas, sino que daña mucho más, la razón natural del hombre

Nuestra época es muy significativa, no tan solo por la habilidad de crear bombas mucho mas destructivas que son arrojadas en naciones pequeñas, sino por la perdida casi total de lo que es el 'sentido común'. El cual era la sabiduría natural del hombre de trabajo, la sabiduría que no aprendían de los libros las madres de familia, sino del cuidado intenso y constante en las actividades del hogar y los hijos.

El sentido común era aquella sabiduría del campesino que trabajaba desde el alba al atardecer y era la semilla de la compasión y amabilidad. Difícilmente recordaran algunos, al campesino genuino, que ahora se le confunde y acusa de ser 'tonto' porque confía en todos y cree que todos son buenos y honestos como él. Como se decía antes: 'tan honesto como lo largo de día.'

Los Padres de la Iglesia, en su gran mayoría no solo fueron hombres santos sino que también fueron sabios y estudiosos del mundo que les toco vivir. Buscando con su sabiduría la conformidad de su voluntad con la voluntad Divina. Razón por la cual tuvieron la capacidad de comprender no solo las realidades físicas de los hechos, sino que veían y entendían mucho mas allá, en donde se encuentran las cuestiones espirituales y místicas.

Nosotros, representantes de lo que resta de la verdadera fe debemos encontrar gran alivio y consuelo en los días santos que se inician con la entrada de Jesucristo Nuestro Señor a la ciudad de Jerusalén.

Muy pocos se detienen a meditar las palabras de las Sagradas Escrituras, olvidando que en la simplicidad de estas se encierra una gran sabiduría y entendimiento. Como ejemplo, consideremos la aparente insignificación de la asna y el pollino. Jesucristo mando a dos de sus discípulos y les dijo:

"Id a esa aldea que se ve enfrente de vosotros, y luego encontrareis una asna atada, y su pollino con ella, desatarlos y traédmelos."

Como es usual la mayoría de la gente no entiende la importancia de este aparentemente insignificante acto. Sin embargo se encierra en este un gran mensaje ya que, no solo toma lugar la acción física, sino que hay mucho más mensaje espiritual en el que lo que pudiéramos imaginar.

Notemos que estas acciones y palabras serian el cumplimiento de una de las profecías. Meditemos cuidadosamente las conclusiones lógicas de las palabras de San Juan:

"Al día siguiente, la numerosa muchedumbre que había venido a la fiesta, habiendo oído que Jesús llegaba a Jerusalén, tomaron ramos de palmeras y salieron a su encuentro gritando: Hosanna! Bendito el que viene en nombre del Señor y el Rey de Israel. Habiendo Jesús encontrado un pollino, monto sobre el, según esta escrito: No temas, hija de Sion, he aquí que viene tu rey montado sobre un pollino de asna." (San Juan 12, 12-16). Estas palabras sus discípulos no entendieron en un principio, hasta que Jesucristo fue glorificado.

En estos días de asesinatos tan terribles efectuados en el lugar una vez glorificado por la presencia del Hijo de Dios, solo nos queda contemplar la ironía de este hecho.

En el mismo lugar donde se encarno el hijo de Dios, Jesucristo Nuestro Señor, se hizo hombre, predico la paz y la justicia basada en la humildad, los hijos del Satanás, adoradores de Lucifer, continúan crucificando inocentes tal y como lo hicieron sus ancestros al crucificar a Jesucristo N. S.

Tener cuidado de los Fariseos del siglo veine.

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