LA MORAL Y DOCTRINA DE LA IGLESIA CATOLICADOMINGO DE PASION6 Abril de 2003 |
Sermón del Domingo
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Es muy conveniente y oportuno meditar en el Evangelio de este Domingo de Pasión. Quienes no lo hagan así, permanecerán suspendidos en la duda y en la confusión. Presas fáciles de las sugerencias de los hombres pecadores.
En primer lugar, Jesucristo proclama Su santidad, sin ningún temor. Sin embargo, los Fariseos incrédulos trataron, como en muchas otras ocasiones, atrapar a Jesucristo, aunque de manera infructuosa. Es en este momento cuando Jesucristo les dice de manera sentenciosa: "Si les digo la verdad, porque Ustedes no me creen?"
Todos proclamamos a grito abierto, que queremos la verdad, sin embargo con nuestro corazón negamos esa misma verdad que aclamamos con nuestros labios. Jesucristo, por lo tanto, se dirigió a los maestros de las multitudes y les pregunto ¿por que rechazaban escuchar la verdad?. Ahora conocemos la respuesta.
Notar que todos estos 'buscadores de la verdad' y 'predicadores de la verdad' profesan fe en Dios. Su profesión, sin embargo, no es otra cosa que una sarta de mentiras. Porque si tuvieran la gracia sobrenatural, serian verdaderamente de Dios y aceptarían todo lo que Jesucristo ha dicho.
La condenación que Jesucristo hace es como toda la sutil lógica de la verdad. Estas personas no creían a Jesucristo porque no eran de Dios. Que lógica tan simple: "El que es de Dios, escucha las palabras de Dios." Pero hay algo todavía mayor, que haría la vida mucho mas dolorosa para estos Fariseos. Jesucristo les dice que El no busca Su propia gloria. Toda vez que aquellos que así lo hacen son reos de una vanagloria que no vale absolutamente nada.
La gloria verdadera es en la que el mismo Dios Padre, glorifica a su Hijo y a todos sus fieles seguidores.
Que existe una gran diferencia entre el Dios verdadero y el dios de los fariseos, es claramente señalado por Nuestro Señor. Este señalamiento debe ser suficiente para responder a todos aquellos que proclaman que "todos adoramos al mismo Dios".
Jesucristo, sin embargo, no esta de acuerdo con todos estos. El demuestra a los Judíos que su dios y el verdadero Dios no es el mismo. Prueba de ello es que estos no lo conocieron, 'vino a los suyos y los suyos no lo recibieron' . Si los Judíos no reconocen al verdadero Dios es evidente que son mentirosos igual que su padre el Demonio.
Jesucristo les asegura: "Que conoce a Dios y cumple su palabra" y porque quiere instruir a estos, obstinados en su error, quienes proclaman a Abraham como a su padre, les dice: "Abraham vuestro padre, alegrose con el deseo de ver mi día; violo y llenose de jubilo".
Observemos como los judíos no pudieron entender estas sublimes palabras en toda su sencillez, y al no contar con la gracia sobrenatural, solo pudieron contestar de manera errónea.
Cegados por sus vicios y orgullo, no pudieron entender que Abraham tuvo la gracia sobrenatural de la fe en el Redentor. El sabia que vendría y le daba gusto. Abraham vivió y murió en la verdadera fe, sin embargo, quienes se refieren a El como su Padre no son capaces de entender esto.
La última oportunidad para esta gente de testa dura fue cuando Jesucristo les dice:
"En verdad, en verdad os digo, que antes que Abraham existiese, ya existía yo".
Podría haber alguna otra revelación mas clara sobre la Divinidad de Jesucristo?. Solo podemos concluir que estos Fariseos, como sus sucesores de hoy en nuestros días, los rabinos. No pudieron resistir a la verdad y solo les quedo un camino para evitarla. La violencia, tomando piedras para arrojárselas.
Debido a que su tiempo aun no llegaba, Jesucristo se escondió de ellos y se fue del templo.
Vemos este mismo espíritu diabólico en los judíos de nuestros días. Ninguna cantidad de evidencia los va a convencer de sus errores. Como nuestro Señor les dijo en alguna ocasión, son mentirosos y hacen las obras de su padre el demonio, quien es el padre de las mentiras. También vemos que, hoy en nuestros días, los judíos siguen acusando a Jesucristo de tener el demonio y ser Samaritano.
Los judíos se burlaban de los Samaritanos porque estos no los seguían en sus apostasías. Sin embargo, nuestro Señor frecuentemente usaba como ejemplo las buenas obras de estos para confundir a las hacedores del mal.
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