LA MORAL Y DOCTRINA DE LA IGLESIA CATOLICADOMINGO 3RO. DE CUARESMA23 Marzo de 2003 |
Sermón del Domingo
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La Lectura del evangelio de hoy debe ser un llamado de alerta para quienes toman la vida de manera seria, especialmente aquellos que han sido engañados por los Herejes Modernistas.
La mayoría de los modernistas no creen en la existencia del demonio. Los teólogos herejes que corrompieron a las mentes y corazones de las juventudes católicas, desde la Universidad de Nuestra Señora (Notre Dame), han contaminado la fe de miles de sus estudiantes quienes han escuchado sus errores.
Debemos tomar en cuenta las acciones de estos espíritus malignos. Nuestra atención debe centrarse en las palabras de nuestro Señor en Su descripción sobre lo que sucede en las mentes y corazones de aquellos católicos que tan fácilmente han abandonado su fe.
No existe duda de ello. O bien estamos con Cristo o estamos en contra de El. No hay medias tintas con Dios. Dios no puede tolerar estar en segundo lugar.
"El que no esta conmigo, contra mi esta, y quien conmigo no recoge, desparrama" Mira en ti mismo y en los demás a tu alrededor y de inmediato veras que hay quienes claman estar con Cristo, pero lo único que hacen en dividir Su reino. Estos son los falsos profetas que han usurpado el lugar de los Apóstoles.
Son aquellos que frecuentemente encontramos y quienes engañan a los incautos con su falsa piedad. En realidad, son como aquel demonio que fue expulsado del cuerpo del bautizado, solo para regresar con siete demonios más, incluso peores que el primero.
Verdaderamente, se aplican las palabras de nuestro Señor a los católicos que han abandonado la fe. "y las cosas postreras de ese hombre son peores que las primeras".
Por lo tanto se nos instruye sobre los verdaderos valores que debemos de tener. Nuestro Señor claramente distingue lo natural de lo sobrenatural. La mujer que valora la condición natural de nuestro señor se encuentra con una razón más perfecta para alabanza y honor. Nuestro señor le dice a esta mujer: "Bienaventurados mas bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan".
Las consideraciones puramente naturales son de poca consideración para Dios. Una gota de santidad es mucho más valiosa que un océano de pusilanimidad. Sin embargo una cuidadosa investigación de aquellos que se consideran merecedores de la recompensa del cielo, revelaría claramente todo lo opuesto. Todo tipo de pecado se tolera como si este no existiera ni fueran ofensas para Dios.
Quien no puede señalar situaciones de la vida diaria en la que los que ofenden a Dios son recompensados por sus impiedades y vidas de pecado?. Cuantos padres de familia, prefieren sufrir la condenación eterna en lugar de ejercer su autoridad para prevenir a sus hijos descarriados?.
Y si estos rechazan obedecer a sus padres, cuales son los padres que tienen el valor sobrenatural de repudiar tales hijos sinvergüenzas? Por el contrario, muchos padres católicos son tan desordenadamente complacientes con sus hijos que prefieren arder en el fuego del infierno por toda la eternidad, que separarse de ellos.
Que tragedia desbordante de locura. Como puede alguien escapar del juicio de Dios, si pretende ignorar las palabras de Jesucristo?.
Notemos la conducta propia, que Dios espera de nosotros: "Si tu hermano peca contra ti, muéstrale su error, solos tu y el. Si este te escucha, has ganado a un hermano".
Y si tu hermano no te escucha, ahí termino todo?. Debe ser tratado de manera privilegiada? He aquí lo que nuestro señor dice al respecto: "Y si este rechaza escucharte, acude a la Iglesia, pero si resiste escuchar aun a la misma Iglesia, que este sea para ti como pagano y publicano".
Excomulgado es el significado que da nuestro señor con estas palabras. Es decir, el pecador no arrepentido se muestra a si mismo definitivamente determinado en su pecado. Recordemos que hay un límite de la gracia de Dios para todos nosotros.
Aquellos que rechazan la gracia del arrepentimiento han dado la espalda a la Redención. La salvación, consecuentemente, es imposible para ellos, porque firmemente han rechazado la gracia de Dios.
Para ponerlo en simples palabras, se encuentran en el número de los condenados.
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