LA MORAL Y DOCTRINA DE LA IGLESIA CATOLICADOMINGO DE SEXAGESIMA23 Febrero de 2003 |
Sermón del Domingo
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Todas las grandes obras empiezan de manera humilde. Y todos los fracasos son majestuosos. La lectura del evangelio de hoy es tan claro que lo único que se necesita es leerlo con mucha atención. Otras parábolas de Nuestro Señor dejan espacio para mal interpretarlas, dependiendo de la gracia sobrenatural de cada individuo. El evangelio de hoy es tan importante que incluso nuestro señor pudo haber sentido que no era necesario explicarlo cuando nos dice:
"Salió el sembrador a sembrar su simiente; y al esparcirla, parte cayó a lo largo del camino, donde fué pisoteada y la comieron las aves del cielo; parte cayó sobre un pedregal, y luego que creció secose por falta de humedad; parte cayó entre espinas, y creciendo al mismo tiempo las espinas con ella, sofocáronla. Parte, finalmente, cayó en buena tierra y habiendo nacido, dio fruto a ciento por uno. Dicho esto, exclamó en alta voz: el que tengan oídos, que escuche, Preguntárosle sus discípulos cual era el sentido de esta parábola. A los cuales les respondió: A vosotros se os ha concedido entender el misterio del reino de Dios, mientras a los demás se les habla en parábolas, de modo que viendo no echen de ver y oyendo no entiendan."
"Ahora bien, esta es la parábola: La semilla es la palabra de Dios. La sembrada a lo largo del camino significa aquellos que la escuchan, si, pero viene luego el diablo y se la saca del corazón, para que no crean y se salven. La sembrada en pedregal son aquellos que, oída la palabra, recíbanla, si, con gozo, pero no echa raíces con ellos; y así creen por una temporada, y al tiempo de la tentación vuelven atrás. La semilla caída entre las espinas son los que la escucharon; pero con los cuidados y las riquezas y delicias de la vida, al cabo la sofocan y no da fruto. En fin, la que cae en buena tierra son los que con corazón bueno y muy sano oyen la palabra de Dios, la conservan y mediante la paciencia dan fruto."
Aunque estas palabras son claras para aquellos que poseen una fe genuina, permanecen en tinieblas para los demás. Razón por la cual nuestro señor se dirige a los que no tienen fe y les dice que teniendo ojos no ven y teniendo oídos no entienden, ni escuchan.
No es por la tercera o cuarta parte que se alejan de la palabra de Dios que no se necesita ninguna explicación de la parábola, sino más bien por aquellos que aspiran a ser parte de la "buena tierra" a los que si les faltan palabras de prevención y animo.
La verdad es clara y entendible. Las conclusiones son inevitables. Las palabras de nuestro señor no pasaran, aunque así lo hagan el cielo y la tierra. Es evidente, que de las cuatro almas que escucharon la palabra de Dios, solo una de ellas la recibe y vive acorde a esta, produciendo los frutos de las virtudes.
Respecto a los demás, dejadlos pasar, que no distraigan tu paz física ni espiritual. Ellos voluntariamente han elegido rechazar la gracia de Dios. No es tu culpa, por lo menos esperemos que no lo sea.
Pero, ¿Vas a perder tu alma, por el simple echo de que los demás van por el camino de la perdición? Entonces ¿Por que la gente se rinde ante la presión de los pecadores? Es algo inexplicablemente trastornado abandonar a Dios mientras se trata de complacer a Sus enemigos. ¿Hay alguna diferencia entre si estos enemigos de Dios, están o no forman parte de tu misma familia? ¿De tu misma sangre? Quien creemos ser que, nos ponemos en el lugar de Dios, el Justo Juez, y desafiamos sus leyes solo para proteger a algunos miembros de nuestras familias. Por su puesto que esto es lamentable pero, ¿seria mejor para ellos que también nosotros perdamos nuestra alma? No olvidemos que la ceguera de hoy puede ser el eterno rechinar y crujir de dientes del mañana.
Todos debemos trabajar por estar en el número de los elegidos. La palabra clave aquí es "esforzarse" ¿Es de sabios seguir a los que una vez que han escuchado la palabra de Dios la han abandonado casi al mismo tiempo en que la recibieron, por algún momento de placer o algún compromiso mundano insignificante? Dios ha llamado a todos a su reino, a ser ganadores, no lo podemos culpar de que la mayoría quieran ser perdedores.
Mira a tu alrededor y juzga tu mismo. Ve a los perdedores e imagínate tu entre ellos. ¿Vale la pena? La gran mayoría de gente que ha vendido su alma al diablo, solo puede aparentar estar feliz. No son felices, solo pasan de una distracción a otra no para encontrar la felicidad, sino mas bien para no escuchar las represiones ruidosas de la conciencia. Llenos de odio contra si mismos, solo pueden odiar a los demás, especialmente a los que perciben como verdaderamente felices.
Todas las cosas pasarán, buenas y malas. No hay bolsas eternas para aquellos que acumulan riquezas y no tienen compasión por los necesitados. Las enfermedades y la edad avanzada dan fin a todos los placeres de este mundo. Todas las cosas pasarán menos el día del juicio, cuando todos y cada uno de nosotros estaremos frente a Jesucristo para ser juzgados. Es en ese momento, en que todos los herejes, escucharán la sentencia mortal, apartaos de mi, hacedores de iniquidad. ¿Ha donde irán estas almas? El cielo estará cerrado para ellos porque escogieron el lodo de los cerdos en lugar de las perlas de gran valor.
Que el Inmaculado Corazón de Maria, mediadora de todas las Gracias nos proteja.
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