LA MORAL Y DOCTRINA DE LA IGLESIA CATOLICADOMINGO DE QUINCUAGESIMA2 Marzo de 2003 |
Sermón del Domingo
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En unos días más, la liturgia nos recordara que somos polvo y en polvo nos convertiremos. La costumbre de poner ceniza en la frente de los fieles católicos debería despertar a los que duermen a la realidad de la vida y sus respectivas implicaciones.
Existen algunos católicos que no aprenden nada de la muerte de aquellos a su alrededor. Por el contrario, les gustaría que se les escondiera la realidad de la vida ante sus ojos culpables. Esta es la razón por la cual muchos ex católicos ven la muerte como un momento para elogiar al difunto. Que error tan trágico!
Para el momento en que el féretro conteniendo los restos del difunto es introducido al templo, el alma del cuerpo una vez animado ya ha sido juzgado. Juzgado no por amigos y familiares superfluos sino por el Justo Juez del cual ningún secreto es oculto.
Nosotros que hemos sido bautizados en la verdadera Iglesia necesitamos recordar todas las verdades de nuestra fe. Nuestro Señor Jesucristo vino al mundo y habito entre nosotros para mostrarnos a través de Su palabra y ejemplo el camino a la regeneración a la vida eterna con Dios.
El evangelio de hoy, nos da un panorama vivo de lo que le esperaba a nuestro Señor. Y no solo a El sino a todo aquel que desea seguirle haciendo la voluntad de nuestro Padre celestial.
No existe corona para aquellos que no han entrado en esta contienda y sufrimiento que hace de este mundo un "valle de lágrimas."
El evangelio esta lleno de profundas profecías y pruebas de la humanidad de nuestro señor y de Su divinidad. En su humanidad. Jesucristo es el hijo de David; en su divinidad, Jesús es el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.
Si Dios mismo fue recibido tan despectivamente por el ser humano, como recibirán a aquellos que han seguido a Sus apóstoles y representan a Nuestro Señor delante de toda la humanidad?
Jesucristo hace mención de antemano, lo que sucederá en la Ciudad Santa, Jerusalén. Pero los apóstoles no entienden bien lo que les dice porque no habían recibido completamente la gracia sobrenatural para entender esas cuestiones espirituales de todo lo que Nuestro Señor les decía.
Les advirtió de lo que podía pasar: "Mirad que subimos a Jerusalén, y allí se cumplirá todo lo que escribieron los Profetas acerca del Hijo del hombre. Porque será entregado a los gentiles, y escarnecido, y azotado, y escupido; y después que le hubieran azotado le mataran, pero al tercer día resucitara."
Donde están todos esos "Judíos" que presumían su fidelidad al Antiguo Testamento? Ellos, convenientemente ignoran las palabras del Antiguo Testamento que claramente decía lo que le sucedería al Mesías. Más aun, su obstinación diabólica solo sirvió para atarlos más profundamente en sus errores al grado que no pudieron distinguir entre sus tinieblas y la luz de los verdaderos creyentes.
El llamado Protestantismo no es otra cosa que paganismo judaico ligeramente cubierto con una tela de retórica Cristiana.
Jesús es el heredero leal del reino de David. Como tal, Su vicario genuino y valido, el Papa, viene a ser el sucesor legitimo de ese reino que debe ser administrado de acuerdo a la voluntad de Cristo y su Padre celestial.
Los una vez reinos católicos fueron deliberadamente corrompidos para después ser destruidos. Y en su lugar se levantaron los siervos y caballeros de lucifer. Y puesto que la guerra es la cosecha del demonio, es entendible que tales hombres que pertenecen a las Logias Masónicas y los piratas de la sectas de la calavera necesitan la guerra para saciar la sed de Satanás por más almas, mientras se enriquecen ellos mismos y sus corruptos lacayos sobre la sangre de gente inocente.
Rogamos a toda la gente de buena voluntad que manifieste su oposición a los terribles sufrimientos de los millones de prisioneros de los gobernantes tiranos, que su única preocupación por nuestros mismos soldados no es otra cosa que una hipocresía farisaica.
El justo sufrirá al lado del injusto. Y aunque aparentemente será el mismo sufrimiento de ambos el justo sufrirá muchísimo más y el fin de cada uno será dramáticamente diferente.
No existirá la paz en el mundo a menos que el Príncipe de la Paz, Jesucristo reine en las mentes y corazones de los líderes del mundo.
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