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LUZ Y SOMBRAS
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El peor de los castigos que Dios puede dar al mundo desobediente de sus mandamientos es dejarlo a su propia suerte. Ese castigo ya esta sobre nosotros.
El hombre ha dominado muchos de los misterios de la naturaleza. Esto no es novedad para aquellos que han llegado a conocer las profundidades de los poderes latentes del universo creado.
Mientras que muchos se maravillan de tales acontecimientos ignorados por muchos, otros saben que era solo cuestión de tiempo para que se llevaran acabo. En la perspectiva divina, el tiempo no importa.
Tiempo no es otra cosa mas que le medida de movimiento entre antes y después. Apropiadamente el elemento sano del genero humano ha aceptado la Encarnación y dividido todo acontecimiento de acuerdo a ese momento histórico. Antes y después de Cristo. El ateo de manera infantil se ha imaginado ser el mayor de los dioses y pretendido ignorar el evento tan importante en la historia de la creación.
Imaginemos. El poder supremo de Dios que saco todo de la nada, solo basto decir: "hagase" y todo fue creado; El mismo ha tomado parte de Su creación, Dios hecho hombre.
La Segunda Persona de la Santísima Trinidad no llego a ser 'la humanidad' como los Modernistas liderados por el antipapa Wojtila pretende. Dios se hizo hombre, ser humano especifico, tomando en si mismo la naturaleza del hombre.
Es aquí donde descansa este gran misterio. El Hijo de Dios tomo la naturaleza humana mientras seguía manteniendo su naturaleza divina. La hipóstasis, o Persona, une las dos naturaleza en Si mismo.
Jesucristo no es un concepto abstracto "humanidad." El es el prometido, ya una vez predicado por los profetas. Jesucristo probo su divinidad por medio de sus milagros sin embargo los conocedores de la ley de ese tiempo lo rechazaron con desprecio ciego.
La misma mentalidad ciega y obscura ha persistido hoy en nuestros días. Nada ha cambiado realmente. Lo mismo que paso en aquel entonces sucede hoy, lo único diferente son las personas.
La lucha entre el bien y el mal se inicio con el primer acto de desobediencia en el cielo, orquestado por el mayor de los ángeles, Lucifer, en contra de Dios.
Lucifer y sus seguidores no fueron arrojados de inmediato al infierno, sino que fueron enviados a la tierra donde sus desordenes espirituales golpearon la tierra dividiéndola en dos: por un lado quienes desean ser verdaderos hijos del Padre celestial y aquellos que escogieron la desobediencia al Padre y usurpar su autoridad. Esa es en esencia la historia de la humanidad.
De vez en cuando, Dios levanta a la gente que ha dado la espalda a las vanidades y miserias de este mundo, inspirados por un cierto tipo de instinto divino, al cual normalmente llamamos 'Gracia'.
Estos hombres y mujeres santos solo tienen una opción. Seguir los dictámenes de la gracia divina y si tratan de resistirse, se aseguran un dolor espiritual sin descanso que solo puede ser sanado reincorporándose a la voluntad de Dios.
Todos y cada uno de nosotros tarde que temprano nos encontraremos postrados en nuestro propio jardín de Getsemani y derramar lágrimas de sangre mientras recordamos las consecuencias de la obediencia a la divina voluntad de Dios.
Todos debemos enfrentarnos al sabor amargo del sufrimiento por el amor de Dios. Eventualmente tendremos que decir: "Padre, si es posible aparta de mi este cáliz, pero que se haga Tu voluntad y no la mía."
Podemos argumentar todo lo que queramos sobre quien fue el responsable por la muerte de nuestro señor Jesucristo. Los sumos sacerdotes envolvieron a las multitudes para que gritaran pidiendo la muerte de Jesucristo. No solo eso, siguiendo su noción de culpa colectiva basada en el Antiguo Testamento, pusieron una maldición sobre ellos y los hijos de sus hijos: "Que su sangre caiga sobre nosotros y los hijos de nuestros hijos".
Los demonios entran en las naciones así como lo hacen con los individuos. De igual manera poseen generaciones tras generaciones. El grito de los Fariseos aun puede ser escuchado cuando acusaban a Jesucristo de estar poseído por el demonio porque Jesús hablaba la verdad.
Los demonios continúan engañando la mente de los mortales al hacerles creer que lo bueno es malo y lo malo es bueno.
Los seguidores de Satanás públicamente proclaman que ellos son buenos y sus victimas las malas. Que indignación e insulto para la inteligencia humana
Mientras que los musulmanes militantes arman el show por la paz, la piedad y propiedad, los igualmente militantes satánicos trabajan arduamente por convencer a los cristianos ingenuos que el reino del demonio puede, en verdad, ser dividido y permanecer de pie.
Entre toda esta locura, brilla una luz tenue de esperanza para este mundo vuelto un caos. Esta lucecita de salud se puede encontrar a donde nadie jamás se haya imaginado voltear: En el silencio de los Claustros.
Donoso Cortes, escribe en su ensayo sobre el Catolicismo:
"Si el ser humano no fuera irremediablemente condenado a ver las cosas negativamente, escogería de entre todos los hombres, como a sus consejeros a los teólogos, y de entre estos a los místicos, y de estos a los que viven alejados de todas las cosas y obras de este mundo".
"De todas las personas que conozco de cerca, y vaya que he visto muchas, los únicos en los que reconozco un imperturbable buen sentido, una verdadera sagacidad, una aptitud maravillosa para dar soluciones practicas y sabias a los problemas mas difíciles son aquellos que viven una vida contemplativa y apartada de este mundo".
Debido a que no contamos en nuestros días, con nadie con estas características, necesariamente debemos buscar en el pasado, tales almas.
Y de todos los santos no hay nadie como San Francisco de Asís, quien de manera perfecta imito a Jesucristo nuestro señor en sus sufrimientos y muerte. Lucho contra los demonios que le rondaban no con espadas ni con cinismo, sino que conociéndose a si mismo siguió el ejemplo de Jesucristo.
Nuestro mundo aun puede salvarse muy a pesar de toda la fealdad de los gritos de guerra, recriminación mutua y las acusaciones serán calladas si la gente de todo el mundo se arrodilla en una humildad obediente a la voz de Jesucristo y Su Iglesia.
Muy a pesar de la burla del rabino que describió a San Francisco como "El hombrecito enamorado de un hombre muerto colgado de un árbol" este 'hombrecito' tiene mas poder de lograr la paz mundial que cualquier otro que pueda producir nuestra época.
Un mundo cínico, en el cual solo se busca satisfacer las pasiones y placeres inmediatos difícilmente conoce a San Francisco de Asís, entre estos, lamentablemente debemos admitir, se encuentran millones de Católicos que han renunciado a la verdadera fe y continúan sosteniendo el mismo nombre.
El 4 de Octubre es la festividad de San Francisco. Fundador de las tres Ordenes Religiosas: Los Frailes Menores, las Clarisas y la Tercera Orden, para los laicos.
Más que cualquier otra persona, San Francisco restauro los valores Cristianos y de esta manera trajo paz a este mundo tan belicoso.
Jesucristo y Su Iglesia son la única esperanza de la humanidad entera. Cada esfuerzo natural por traer la paz al mundo es destinado a fracasar por la simple razón de que los "promotores de la paz" necesitan mas ayuda que ningún otro.
También en la celebración de Cristo Rey. Es un tiempo apropiado para considerar las ramificaciones sociales de las palabras de Cristo: "Yo soy Rey, por esto he nacido, todo aquel que es de la verdad escucha mi voz".
No es la voz de Mohamed que puede salvar al mundo. Tampoco lo es la voz de los Sionistas ateos ni la de la masonería.
Jesucristo es nuestra única esperanza. Jesucristo sin divisiones, no diversificado, en su totalidad. Estamos entrando a la etapa final de la batalla de la humanidad en contra del Anticristo.
El Arzobispo Fulton J. Sheen, dijo correctamente en 1947: "El conflicto del futuro será entre la religión de Dios y la religión de Estado, entre Cristo y el Anticristo, disfrazado cómo cuestión Política".
La religión de estado es hoy en nuestros días la Masonería al servicio del Sionismo Talmúdico. Su figura central es Satanás, su moral es la inmoralidad.
Todo católico merecedor de tal nombre tiene una obligación indisputable de oponerse a los planes del anticristo. Los mayores terroristas son aquellos que llaman terroristas a sus victimas.
Pónganse de pie los verdaderos católicos.
Existen 64 millones en los Estados Unidos solamente.
Aunque un número considerado de estos 'catolicos' son menores, y a menos que la gracia de Dios se haga efectiva en ellos, estos crecerán y serán igual a sus padres: católicos solo de nombre. Lo cual, por su puesto, es lo mismo a decir que no son efectivos 'catolicos'.
Nadie que se llame católico puede de ninguna manera apoyar el asesinato de gente inocente.