SOBRE LA GRACIA

Una de las realidades fundamentales que separa a los verdaderos católicos del resto de cristianos es la presencia de la gracia santificante. Sin esta gracia sobrenatural, no existe la justificación ni la salvación. Más que cualquier otra cosa, lo que es gravemente ignorado por todos aquellos que se denominan liberales, conservadores, tradicionalistas, es la diferencia esencial que existe entre lo natural y lo sobrenatural. La gracia sobrenatural eleva al hombre sobre la vida natural.

El principio vital de la vida espiritual, es decir la vida sobrenatural, es Dios mismo. Es Dios quien vive en el alma y se convierte en el origen de la gracia misma. Esta gracia permite a quien la posee realizar actos sobrenaturales. Este acto es el que amerita mayores gracias y el que al final de todo se allega lo que llamamos comúnmente la 'salvacion'.

Los actos naturales, aun aquellos que no son pecaminosos en si mismos, no son meritorios para recibir una recompensa sobrenatural.

El Espíritu Santo es la gracia no creada que habita en el alma que ha sido bautizada y pertenece a la verdadera Iglesia de Jesucristo. La gracia habitual es creada. No es igual a la gracia no creada. La primera nos hace de una manera como Dios y nos une a El de la mejor manera posible. "Esta deidad consiste, en la manera de lo posible, en cierta semejanza con Dios y unión con El" (Dionysius, De eccl. Hierarchia, c.I, n.3 O. G. III, 373).

La gracia Santificante (gracia habitual) es generalmente definida como "Una cualidad sobrenatural inherente en el alma, la cual nos hace participes de la naturaleza y vida divina de una real y formal, pero accidental manera".

Como dice Bossuet: Es una cualidad espiritual infusa en nuestras almas por Jesucristo Nuestro señor, que penetra nuestro ser mismo, se instala de manera silenciosa en el centro mismo de nuestra alma y se extiende (a través de las virtudes) a todas sus facultades. El alma que posee, se hace pura y complaciente a los ojos de Dios, El la hace Su santuario, templo, tabernáculo, Su paraíso.' (La vie interieure, p. 401).

Esta cualidad única nos hace, dice San Pedro: "participes de la divina naturaleza" (II San Pedro 1,4). Esta gracia nos hace entrar en una relación con el Espíritu Santo: "Comunicación del Espíritu Santo" (II Cor. 13,13).

No llegamos a ser Dios, ni debemos imaginarnos a nosotros mismos como algún tipo de "emanación" de Dios como lo hacen todas las religiones panteístas como el Judaísmo que identifica su nacionalismo con ser Dios.

La gracia imparte en el alma una vida similar a la vida de Dios. Aquellos que no tienen esta gracia no participan de esta vida divina.

Debido a la diferencia esencial entre la vida de la gracia sobrenatural y cualquier transformación de esta doctrina en alguna forma de panteísmo o "Pan cristianismo," el Papa Pió XII (Pontífice digno de genuina canonización) declara en su Encíclica doctrinal Mystici Corporis Christi (El Cuerpo Místico de Jesucristo) que todos aquellos que no están unidos con la verdadera Iglesia en fe y obediencia no solo quedan fuera del Cuerpo Místico de Jesucristo, sino que además "los que se encuentran divididos en la fe o gobierno no pueden estar viviendo en unión de tal cuerpo, ni pueden estar viviendo la vida de su único Espíritu Divino"

El Papa León XIII declara en su Encíclica Divinum illud: "Que sea suficiente decir que, así como Cristo es la Cabeza de la Iglesia, de igual manera el Espíritu Santo es su alma".

De estas verdades básicas, debemos sacar conclusiones lógicas y aplicaciones prácticas. Es claro que no vivimos en un mundo idealista sin contacto con lo concreto, mundo real, y como nuestras acciones expresan nuestras ideas, es por medio de nuestros actos que nuestros pensamientos e intenciones son verdaderamente reveladas. Esta es una de las razones por las cuales nada se hace en la Iglesia sino es aprobada por el Obispo. El cual es por voluntad divina designado pastor de las almas al cual el mismo Jesucristo le dice: "El que a ti escucha a Mi me escucha" Esto no quiere decir que el Obispo es un dictador despótico o un demócrata tirano. El obispo, es el instrumento por medio del cual el Espíritu Santo trabaja, influyendo en todo el Cuerpo Místico para su crecimiento y santificación.

Es un gran error, por lo tanto, para cualquiera clamar unión genuina con la Iglesia quien no se somete a la autoridad legitima divinamente entregada por el sucesor de los Apóstoles. Cualquiera que se encuentre en unión de herejes, llámese sacerdote, obispo, cardenal o aun el mismo Pontífice, caen en las mismas penalidades de quienes caen bajo la censura de la herejía. Ninguno puede ser considerado católico, si se mantiene en comunión con herejes. Lo mismo se aplica a quienes se mantienen en unión con esos laicos o sacerdotes que desobedecen a su Obispo. Son considerados herejes y/o cismáticos quienes asisten a las misas (aun las validas) o reciben sacramentos de tales clérigos.

Como es esto? El Papa Pió XII lo explica claramente: No existe vida sobrenatural en aquellos que se separan de su Pastor ya sea en materia de fe o de obediencia.

Ciertamente en cualquier secta herética la vida natural continúa como cualquier otra actividad natural. Sin embargo, como no hay vida sobrenatural en esas almas no existe salvación posible hasta que se remedie la situación. Consecuentemente, todos los laicos y clérigos son advertidos y prevenidos de no pecar en contra del Espíritu Santo al rechazar la autoridad valida y legitima establecida como jerarquía por este mismo Espíritu. Los laicos, sacerdotes y los Obispos usurpadores están separados del Cuerpo Místico de Jesucristo y por lo tanto, como nos lo dice el Papa Pió XII, estos tales: "No pueden estar viviendo la vida de su Espíritu Divino".

Los fieles no deben confundir entusiasmo natural en nombre de la religión con el celo sobrenatural el cual es fruto del Espíritu Santo.

Regresar a indice

Regresar Página Principal

Hosted by www.Geocities.ws

1