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EL CUERPO MISTICO DE JESUCRISTO
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Para poder complacer a los herejes, Joseph Ratzinger contradijo la doctrina de la encíclica del Papa Pió XII, al declarar que la Iglesia de Jesucristo subsiste en la Iglesia Católica. Lo cual no afirma que la verdadera Iglesia de Jesucristo es la Iglesia Católica.
La diferencia es muy sutil, pero las consecuencias son grotescamente heréticas. La honestidad, requerirá que la enseñanza doctrinal del magisterio infalible residente en el Papa PIO XII sea escrupulosamente analizada y comunicada a todos los católicos en general, sacerdotes incluidos.
La Iglesia Católica es el Cuerpo Místico de Jesucristo. El verbo "ser" expresa identidad. No existen muchos cuerpos místicos de Jesucristo; solo existe uno. La Iglesia Católica, la única arca de salvación, fuera de la cual nadie puede salvarse: Ni Judío o Musulmán, ni Hindú o Brahmán; ni Sintoísta o Budista. Incluidos desde los seguidores de las sectas Protestantes hasta los masones y modernistas (mayoría constituida por la Iglesia apostata dirigida por el falso papa Karol Wojtila).
Cuando un Papa genuino hablaba o escribía sobre la unidad, siempre fue en el sentido de que los hermanos separados regresaran al verdadero camino. No puede existir un "dialogo" con los que están en error a manera de cómo se haría una "negociación" donde ambas partes seden algunos puntos y ganan otros. Nuestro señor Jesucristo no envió a sus apóstoles por el mundo a dialogar con todas las naciones. Los fortaleció con el poder de la verdad y los envió a que hicieran discípulos a todos los hombres.
Cuando alguien enseña, no dialoga. De hecho, esto es lo que establece precisamente su santidad el Papa Pió XII en su encíclica sobre la "Unidad de la Iglesia", con toda la caridad debida, este gran Papa estableció y defendió la doctrina de la Iglesia e invito a los que se encontraban fuera de ella a que regresaran a su Madre y Maestra (la Iglesia católica). No dijo a los que se encontraban en error: "Tu estas bien y nosotros estamos bien, todos estamos bien". No. Claramente estableció la posición de la Iglesia, rogándoles hacer a un lado sus errores y aceptaran la gracia del Espíritu Santo que constantemente esta invitándolos a que regresaran a la Iglesia, que es Una, Santa, Católica, y Apostólica.
Guiado por el Espíritu Santo, el Papa Pío XII y sus antecesores, hicieron actos heroicos para prevenir a los católicos de los múltiples falsos maestros que venían corrompiendo la fe de los fieles. Pero, desafortunadamente, las palabras inspiradas de estos Romanos Pontífices, cayeron, en la mayoría de los casos, en oídos sordos.
Aun cuando los herejes modernistas fueron abiertamente condenados por el Papa Pió X, estos hombres arrogantes y altaneros no abandonaron sus errores. Por el contrario se sumergieron en un mar de anonimato intelectual y esperaron la oportunidad de salir a la superficie. Pero en esta ocasión mejor preparados. Tuvieron el tiempo suficiente para consolidar sus planes de 1905 a 1965. Infiltraron los seminarios y las instituciones religiosas para poder cuidadosamente sembrar y cosechar sus semillas de error.
Mucha gente desconoce lo delicado que es el don sobrenatural de la fe.
Mediante un proceso de gradualismo psicológico, los incautos son guiados a aceptar las falsas doctrinas y en consecuencia relegar cuidadosamente la verdadera doctrina por un conciente olvido.
Ahora bien, nuestro Señor
Jesucristo prometió a sus Apóstoles, que estaría con
ellos hasta el fin de los tiempos, de lo cual podemos estar seguros que mantendrá
su promesa. Dios trabaja a través de instrumentos humanos. La misión
de Jesucristo debe ser perpetuada hasta el fin de los tiempos. Para lograr
este propósito esencial, Jesucristo escogió a sus discípulos,
les mostró el camino y compartió con ellos Su propia autoridad.
Lo cual podemos constatar en el pasaje de las Sagradas Escrituras contenida
en la Misa de Pentecostés y durante toda la octava de esta festividad.