Fr. Giles O.F.M.
En
el mundo de hoy frecuentemente nos enfrentamos al problema de la escasez de
verdaderos sacerdotes, por lo tanto con la dificultad de recibir los Sacramentos.
Como
católicos todos sabemos, que la ley de Iglesia incluye los preceptos:
Asistir a Misa los domingos y fiestas de guardar; confesarse por lo menos
una vez al año, comulgar durante la Pascua.
¿Cómo
podremos cumplir todo esto si no hay ningún sacerdote cerca de nosotros
para que nos administre los Sacramentos?
Es
obvio que no hay ningún verdadero sacerdote ordenado en el Nuevo Orden
desde 1968 (ver THE SERAPH, Sep 1998, Vol. XIX No. 1 page 8). EL nuevo Orden
se ha convertido en una religión Protestante, por lo tanto no católica.
Esas iglesias tan hermosas construidas por nuestros ancestros se encuentran
ahora en manos de Herejes.
Es
tan tentador racionalizar la situación y decir que "esta es la
iglesia a la que fueron mis padres; en la que fui bautizado y recibí
tantos sacramentos, por lo tanto es aquí donde debo seguir asistiendo".
Vemos la disparidad y contradicción que existe entre lo que era y es
ahora, así es que estamos tentados a hacer el compromiso al decir "no
me gusta lo que hacen, pero debo de seguir los cambios, porque el sacerdote,
el obispo y el Papa ciertamente saben mejor que yo". Los instrumentos
del demonio son capaces de hacernos violar nuestras conciencias en nombre
de la 'obediencia'.
Estos
argumentos sugeridos por el Demonio están llenos de errores. Si solo
fuéramos capaces de limpiar nuestras mentes por un momento y hacer
a un lado el sentimentalismo lo entenderíamos. Todo católico
inteligente guiado por la gracia de Dios sabe que nunca debe ir en contra
de su conciencia, que las iglesias que una vez tenían sus altares tan
bonitos, con sus vitrales, estatuas, etc. No es lo esencial de nuestra fe
y que estas cosas eran solo el caparazón donde se administraban los
sacramentos. Ahora que ya no existen sacramentos en esos lugares y se encuentran
vacíos, no importa que tan bonitas sean o hayan sido.
Estos
lugares se han convertido en templos protestantes con ceremonias protestantes
(si no lo creen pidan que vuelvan a oficiar las ceremonias de la Iglesia católica
y verán lo fuerte que protestan.) Todo católico sabe que no
debe tomar parte en ceremonias protestantes, ya que al así hacerlo
esta aceptando su posición en contra de la Iglesia católica
y por lo tanto contra Dios mismo.
Así
es que nos encontramos abandonados. A los templos que íbamos cada domingo
y lugar donde recibíamos los sacramentos ya no son lugares católicos
y no tenemos ningún otro lugar al que podamos asistir.
¿Qué
vamos hacer?
Para
algunos de los más favorecidos, Dios les ha proporcionado los sacramentos
a través de un verdadero Obispo católico (Su excelencia Louis
Vezelis O.F.M.) Y sus sacerdotes.
La
mayoría de católicos del mundo han sido excluidos de esta bendición
tan extraordinaria. Sin embargo, esto no debe desmotivarnos sino que nos debe
de armar de una mayor fe.
En
primer lugar debemos recordar que la Iglesia católica es el cuerpo
Místico de Jesucristo. Cada católico verdadero forma parte de
este Cuerpo Místico. Cuando un miembro sufre, todo el cuerpo sufre
con el. Para aquellos que tenemos los sacramentos, no olvidemos de hacer oración
por quienes no reciben estas bendiciones. Y para todos aquellos que deben
sufrir al no contar con los sacramentos, recordemos que recibimos las gracias
y bendiciones que Dios envía a través de estos, al formar parte
de la unión con el Cuerpo Místico.
Existe
una gran belleza y sabiduría en este Cuerpo Místico de Jesucristo
que debemos descubrir, si solo nos tomáramos el tiempo de hacerlo.
Cuan maravilloso es que si un miembro sufre, todo el cuerpo sufre con el y
cuando un miembro se regocija todo el cuerpo lo hace. Ahora bien, ¿Qué
es lo que mantiene a este Cuerpo Místico unido? Sin duda alguna la
respuesta es: La Caridad.
Nos
amamos los unos a los otros como nos amamos a nosotros mismos. Y al hacer
esto nos estamos amando solo a nosotros mismos porque todos somos uno solo.
Vemos en cada uno de los miembros de este Cuerpo Místico el reflejo
de Jesucristo Nuestro Señor.
El
amor es un acto de la voluntad. La voluntad o el deseo es el inicio de la
incorporación al Cuerpo Místico y es el cemento que lo mantiene
en una sola pieza. La voluntad es tan importante que Jesucristo Nuestro Señor
nos juzgará en base a esta. El mismo nos dice que el hombre que desea
una mujer en su corazón ya es culpable de pecado. De igual manera los
otros actos malos de la voluntad (envidia, celos, odio, etc.) son condenados.
Es claramente visto que Dios aceptara el deseo por la obra. El considera los
actos de la voluntad de mayor importancia que los actos de la carne. La carne
frecuentemente cae en pecado por debilidad, inadvertencia o descuido, pero
la voluntad no puede ofrecer tales excusas. Aquello que es pensado y deseado
(premeditado) no puede ofrecer tales excusas y se hace merecedora de los castigos
más severos.
Desde
el punto de vista positivo diremos que, Dios aceptará nuestros buenos
deseos e intenciones y nos juzgará de igual manera, aun si no es por
falta propia prevenida de convertirse en hechos. Esta es la razón por
la cual en nuestra oración de la mañana ofrecemos hacer todo
por el amor de Dios, por las almas de purgatorio, etc. Y nos unimos de manera
espiritual con el Santo Sacrificio de la Misa ofrecido en cualquier parte
del mundo.
Esta
es la parte importante: Podemos tener la intención de estar unidos
con el Santo Sacrificio de la Misa en cualquier lugar del mundo en que se
este ofreciendo, aun si nos es imposible estar físicamente presentes,
porque Dios ve y conoce todas las cosas, ve y conoce nuestro deseo y voluntad,
nos recompensara por este deseo. En consecuencia obtendremos el maravilloso
don de Dios por medio del cual recibiremos muchísimas bendiciones.
Cuando
desarrollamos un amor intenso por Dios Nuestro Señor, ansiosamente
deseamos recibirlo en el Santísimo Sacramento. Los santos frecuentemente
deseaban recibir la sagrada comunión no solo diariamente sino varias
veces durante el día, (ciertamente que no podían hacerlo así.)
Ellos nos han enseñado un modo maravilloso de recibir tantas gracias
de Dios como nosotros queramos, por el hecho de hacer uso del don de la voluntad,
uniéndonos con El en la Comunión Espiritual.
Es
nuestro Señor Jesucristo quien despierta este deseo en el corazón
de los fieles, al mismo tiempo que proporciona los medios para satisfacerlo.
Cuando se encontraba en la tierra, no solo lleno de gracias a los que estaban
cerca de El, sino que también hizo muchos milagros en aquellos que
se encontraban a distancia.
De
la misma manera, que derrama su gracia sobre nosotros cuando entra a nuestros
corazones en la Santa Comunión, así lo hace en aquellos que
ofrecen la comunión espiritual. Santa Catalina de Siena mientras asistía
en una ocasión a la Misa ofrecida por su confesor, San Raymundo, sintió
el deseo ardiente de estar unido con Jesucristo; pero como le había
sido prohibido comunicarse, no se atrevió a recibirlo. Nuestro Señor,
sin embargo, movido por el deseo fervoroso del amor de santa Catalina se le
manifestó a través de un milagro. En el momento en el que el
sacerdote fracciona la sagrada ostia en tres partes, la pieza más pequeña
desapareció del altar, y apareció sobre la lengua de santa Catalina.
San Raymundo se desconcertó mucho y estaba preocupado por no encontrar
la otra partícula de la Sagrada Ostia, mas el santo se tranquilizo
al saber que esa era la obra de Dios efectuada en Santa Catalina, como recompensa
a su gran deseo de recibir la Sagrada Comunión.
Dios
manifiesta un amor similar para aquellos que tienen el verdadero deseo de
estar unidos con El. Tan pronto como el alma ardientemente desea recibir a
Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento, El viene a satisfacer
tal deseo, no como lo hizo con Santa Catalina bajo la especie sacramental,
pero si a manera de Comunión Espiritual. Esta devoción esta
llena de gracias y consolaciones que es de gran importancia que todos debemos
saber como practicarla.
La
Comunión Espiritual de acuerdo a Santo Tomas, consiste en el deseo
ardiente de recibir a Nuestro Señor Jesucristo. Es realizado al hacer
un acto de fe sobre la presencia de Jesucristo Nuestro Señor en el
Santísimo Sacramento, después un acto de amor, y contrición
por haberlo ofendido. Después el alma invita a Jesucristo a venir a
ella y a que Este la haga suya completamente, finalmente le da gracias como
si lo hubiera recibido sacramentalmente.
La
comunión espiritual puede hacerse, orando de la siguiente manera: "OH,
Jesús mío, creo firmemente que estas realmente presente en el
Santísimo Sacramento. Te amo con todo mi corazón, y porque te
amo, me arrepiento de haberte ofendido, ansió poseerte con toda mi
alma, pero como no puedo recibirte sacramentalmente, ven a mí aunque
sea de manera espiritual. Yo me uno completamente a Vos como si estuvieras
realmente presente, no me permitas que jamás me separe de ti".
Las gracias recibidas de esta manera son tan infinitas que pueden ser comparadas
con las gracias que se reciben en la comunión sacramental." (The
Blessed Eucharist, Fr. Michael Muller, C.S.S.R.)
Las
verdades evidentes acerca de la Sagrada Comunión se aplica de igual
forma a todos los demás sacramentos. Dios esta en todas partes y su
gracia nunca esta lejos de nosotros si mantenemos el deseo ardiente de recibirle.
En
estos tiempos difíciles mantengamos siempre en mente que no estamos
solos, no importa lo aislado y alejados que nos encontremos de los sacramentos.
Mientras se ofrezca el Santo Sacrificio de la Misa en alguna parte del mundo,
podremos de alguna manera asistir a ella y hacer comuniones espirituales.
De
igual forma como nuestro Señor Jesucristo le dijo a San Pablo nos lo
dice a nosotros. "Mi gracia te es suficiente" Recuerden nuestra
fortaleza esta en nuestra debilidad.
Cuando
realmente reconozcamos nuestra miseria y debilidad ante Dios, clamaremos a
El, entonces si desarrollaremos el santo deseo de estar a su lado y seremos
fortalecidos, por Su gracia.
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