FRENTE
DEMOCRÁTICO
DE
LIBERACIÓN NACIONAL
VENEZUELA SERÁ LIBRE Y SIN TIRANOS
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EDITORIAL DEL MIERCOLES 25 DE AGOSTO DE 2004
NUESTRA MEMORIA HISTÓRICA
¿Olvidamos por gusto o
por costumbre?
Si olvido es porque no lo sabía, si no recuerdo porque no me lo
contaron…
Los venezolanos padecemos de
un grave síndrome, solo comparable con el mal de Alzheimer, con la diferencia
que quienes adolecen de ese padecimiento poco pueden hacer para combatirlo,
mientras que los venezolanos no afectados con tal enfermedad (casi todos),
estamos empeñados en olvidar los errores del pasado y no hemos combatido esos
“lapsus” mentales que nos hacen creer que la historia es un absurdo sin sentido
que no sirve para nada en lugar de observarla con detenimiento y en su justa
proporción: la historia es la acumulación de experiencias para que los
ciudadanos del futuro – o del presente –
evitemos cometer los mismos errores anteriores y tengamos la oportunidad
de tener un ideario de donde obtener los conocimientos necesarios para corregir
los desbalances que vivimos y no olvidar lo bueno y lo malo que como sociedad
hemos tenido.
Por ejemplo, durante los
años previos a la campaña del 98, – más que todo justificados en la rabia – los
venezolanos olvidamos que aquel “Nuevo Profeta” que prometía “freír las cabezas
de los corruptos en aceite” era el mismo que pocos años atrás de manera
criminal, asumió no solo la conducción sin también la autoría intelectual de un
cruento y sangriento golpe militar en contra de la democracia con decenas de
muertos y heridos, con millones en pérdidas materiales y que causó que las
pocas políticas públicas que se estaban implementando y que estaban dando
resultado fracasaran estrepitosamente.
A los venezolanos se les
olvidó que algunos de los que se presentaban como “opciones democráticas”
fueron sus cómplices en aquel intento por tomar el poder a sangre y fuego, y
fueron los mismos – tanto el criminal candidato como sus acólitos – los que lograron convencer con retóricas
obscenas que incitaban desde el desconocimiento de los valores de la democracia
hasta el odio de clases, a un pueblo justificablemente hastiado por los errores
de los que conducían la política con discursos y “slogans” los cuales en lugar
de infundar orden y respeto, en lugar de llamar a la cordura y a la
reconstrucción nacional, en lugar de abrir caminos para la paz y la
productividad, solo insuflaban las llamas del odio y la división que ahora
consumen a la patria y que solo formaban parte del ideario particular de unos
seres resentidos y amantes del conflicto y el caos y no de las aspiraciones de
un pueblo que solo pedía a gritos que se corrigiera el rumbo equivocado y se
enderezaran los entuertos.
El
presente: ¿resultado del pasado?
El pasado si perdura, se mantendrá sin cambios en el futuro…
Los venezolanos tendemos a
olvidar el pasado – lejano y próximo – y en muchos casos, lo justificamos con
malas excusas basadas solamente en nuestras emociones confusas y mal
interpretadas, en pensamientos irracionales, pero que complacen nuestros
instintos básicos de compasión, venganza y revanchismo y, hasta a veces,
cometemos el absurdo de comparar solo lo malo del pasado con lo peor del
presente para intentar avalar o justificar lo anterior, porque a pesar de todo
“no era tan malo como ahora” por (y ó por z),
algo así como cuando un padre de familia gasta todo su dinero en juegos
de caballos y sus hijos que están sin zapatos justifican al padre diciendo que
anteriormente no pasaban tanto trabajo porque “papá ganaba mas antes y ahora la
cosa está más dura”. En dos platos: cuando “papá” ganaba más, nos daba más,
pero ahora que gana menos no puede dejar de jugar y recibimos menos aún, así
que nos conformamos, pero hablamos mal de “papá”.
Bueno, es ese revanchismo,
esa venganza ciega en contra de un sistema que tenía errores pero que no nos
ocupamos en intentar corregirlos o por lo menos en aislar políticamente a los
responsables directos de ellos lo que ahora tiene a la libertad y la democracia
contra las cuerdas y a punto de sucumbir por K.O.
Nuestro presente actual es
la resultante de no escuchar las advertencias de la historia, e inequívocamente
debo apreciar que si de algo somos culpables los ciudadanos es de ignorar u
olvidar ese pasado que está en los textos de historia y a veces hasta
tergiversarlo, pero lo más grave de todo es que nos olvidamos de nuestro pasado
cercano, ese que sí vivimos y del que fuimos parte por haber existido en él y
haber tenido conciencia de la situación.
Las
lecciones del pasado deben enseñarnos a construir el futuro
Si hay algo ha hecho bien el régimen actual es tergiversar la
historia y que los venezolanos la olvidemos en su justo valor tal y como fue
escrita…
El régimen de Hugo Chávez, al
igual que muchos otros en el pasado y el presente, utiliza los valores
históricos en una forma que es común de nuestros caudillos de antaño y de este
en particular, atribuyéndose cada uno de ellos la representatividad de los
íconos o padres fundadores de la patria, interpretando las ideas por ellos
dejadas según su conveniencia, creándose entonces una estruendosa
interpretación de los hechos acaecidos en el pasado incluso como una
“premonición” o “predicción” de los de “padres fundadores” advirtiendo al advenimiento
del “Mesías” o del nuevo caudillo cual si hubiesen sido profetas místicos,
donde este caudillo siempre es el único portaestandarte de los idearios
“libertadores, revolucionarios, etc.” y donde el forma parte de la legión de
elegidos, únicos representantes del pueblo.
Existe una máxima que reza
“la historia la escriben los vencedores”, pero sucede que la historia – si nos
vamos al concepto ortodoxo – solo pude ser escrita luego de suceder los hechos,
estos hechos deben comparecerse con la realidad y ser contrastados para que
sean exactos y solo pueden ser investigados posteriormente para verificar la
veracidad de las fuentes, sin embargo, cambiar la historia ya escrita y
verificada equivale a quemar los libros, y la historia no solo es escrita por
los vencedores sino también por los vencidos, y cada uno de ellos tendrá la
potestad – según su observación – de
contar los hechos desde su perspectiva.
El triunfador siempre
exaltará a sus tropas, encumbrará y elevará a pedestales a sus generales,
escribirá capítulos sobre la valentía de sus soldados y de su inmensa
“justicia”, mientras que el perdedor tendrá que darse a la tarea de escribir
sus errores, mostrar los horrores de la guerra y encontrar las maneras que el
pueblo jamás olvide el sufrimiento que soportó.
Este régimen ha intentado
cambiar la historia a su conveniencia – o sea, quemar los libros – para
convertir al golpista en héroe, al demócrata en tirano, al saqueador en adalid
de la justicia, al dictador en padre de la patria, al padre de la patria en ser
supremo y dios, olvidando a propósito los hechos ciertos de la historia para
adaptarlos a sus dogmas y que cumplir el fin de adoctrinar al pueblo
incitándolo a rechazar o desconocer todo pasado histórico “no aprobado” por el
caudillo, a creer que sucedieron cosas que nunca ocurrieron, a endosarle un
carácter “patriótico” a delincuentes como “Maisanta”, en fin, a reescribir la historia para que
todas sus acciones puedan justificarse plenamente en base a su interpretación
de la historia.
Este régimen ha sabido
capitalizar los errores del pasado para justificar sus acciones presentes, sin
procurar buscar las formas de evitarlos y como siempre, repiten estos errores,
sin embargo este régimen esta consciente de lo que se hizo en el pasado y
utiliza estas malas maneras a su favor, cometiendo los mismos desmanes, pero
justificando su proceder con los dogmas que los nutren, mientras que los que se
le oponen, que también conocen los errores pasados, no solo los siguen
cometiendo sino que tampoco han sido efectivos en procurara avisar de manera
efectiva que el contrario hace lo mismo que tanto criticó, pero esta vez con
“premeditación y alevosía” obviándose el hecho que mientras ambos cometan esos
errores, es el pueblo el que siempre sale perdiendo.
Entonces, tenemos que
aprender de nuestros errores y rescatar la verdad de nuestra historia pero con
extrema urgencia, pues si no lo hacemos, si no vemos al pasado como una fuente de
conocimientos y experiencias para “no tropezar de nuevo con la misma piedra”,
si no se detiene la sangría de nuestros valores pasados y de nuestra historia
escrita, si no atajamos el intento de “quemar los libros” para que el régimen
pueda escribir su propia versión de las cartas de Bolívar o la de la Batalla de
Carabobo, continuaremos repitiendo los
mismos errores de siempre, colocando a nuevos profetas, a los mismos incapaces,
a los sordos de toda la vida e incluso caer en la desesperación de endiosar a
los mismos caudillos (recuerden a CAP y Caldera y no olviden a Chávez) al
frente de la conducción del país, y es esa falta de memoria histórica, al solo
discernir con emociones y no con raciocinio, la única causante de este régimen
oprobioso, nefasto y que conjuga todos los errores y vicios del pasado, y el
único motivo que le ha permitido a este mismo régimen haber pasado por encima
de la voluntad de los venezolanos, pues por ciegos, sordos, arrogantes y
autosuficientes, los designados “dirigentes opositores” se dejaron engañar con
una estrategia bien definida y se dejaron robar un triunfo “en sus narices”,
pero voy mas allá, pues eso mismo pasó en el 98, ya que no solo subestimaron al
contendor, sino que hicieron caso omiso a las advertencias que les indicaban
que su estrategia (la de los dos candidatos mayoritarios contra Chávez) estaba
bien orientada pero no era la correcta, tal y como ha sucedido desde que
comenzó toda esta carrera tras un referendum.
Sin embargo, no puedo pedir
milagros y queda en las manos de cada quien (y en sus conciencias) decidir que
camino tomar, pues es un hecho que así como habemos personas que creemos con
convicción que el rumbo que se le esta dando al país nos lleva a una dictadura
cuasi-comunista disfrazada de democracia, hay gente que se dejó engañar – y
sigue engañada – por un verbo que los motiva a tener esperanzas y fe ciega en
la verborrea del régimen aunque nadie les muestre algo que no sea la propaganda
oficial donde todos aparecen “extremadamente felices”, que aun siguen creyendo
en frases vacías y huecas donde el componente principal es el revanchismo, la
exclusión, la exterminación del contrario, la manipulación y la tergiversación
de una historia que muchos vivimos pero que es explicada en un contexto perverso
donde se nos intenta inculcar que “todo lo anterior debe ser destruido” y todo
lo “nuevo” es “revolucionario” y por ende es lo que el “pueblo” quiere, así
esto signifique matar, asesinar, perseguir y excluir a nuestros hermanos y
vecinos. Simplemente es más de lo mismo pero con un fatídico valor agregado: el
odio fundamentalista y ciego como premisa principal.
Si bien es cierto que en mi
concepto lo actual debe ser derribado ya que desgraciadamente es la reiteración
del pasado y lo que hasta ahora se ha construido solo sirve a los fines y
propósitos del tirano de pisotear el derecho, la justicia, los valores
positivos y los derechos humanos de todo aquel que no “comparta” su pensamiento
(es decir, que no se arrodille ante el), también es cierto que no solo debemos
derribar aquello que intenta imponerse por medio de la fuerza, la trampa y la
manipulación, sino que de igual forma debemos romper con ese paradigma
histórico que nos hace olvidar los errores y los crímenes de quienes ahora se
erigen como los “nuevos dirigentes” para que en un futuro no muy lejano
tengamos la capacidad de evaluar objetivamente la posibilidad que alguna
particularidad pueda o no estar al frente de cualquier gestión de gobierno, así
sea en una junta de condominio.
Árbol que nace torcido…
Lo que no sirvió antes es imposible que sirva ahora…
Esta máxima no significa que
todo lo anterior no sirva, sino que las soluciones no pueden darse siguiendo
los patrones equivocados del pasado confiando que puedan corregirse en el ahora,
sino que hay que buscar nuevas alternativas a los problemas que tenemos, muchos
de los cuales se han reiterado y otros más que nunca se solucionaron.
Los que antes anduvieron en los torcidos
brazos de la corrupción o de la delincuencia, los caudillos o los que se
alzaron contra la ley y rompieron sus juramentos (saben a quienes me refiero)
no pueden pretender arrullar la nueva patria, llenarla de valores, hacerla
crecer ni mucho menos guiarla a mejores derroteros, como tampoco podemos creer
que aquellos que antes no fueron capaces de aportar ideas ahora lo sean, pues
corremos el riesgo que una vez que estén en el poder, vuelvan a cometer los
mismos desmanes que engendraron a Hugo Chávez o mejor dicho, que engendraron el
sentimiento de rabia y odio que ese ser supo encauzar y aumentar para
convertirlo en una manera de mantener el poder, o simplemente se transmuten en
algo igual o peor al adefesio revolucionario.
Actualmente
los venezolanos somos testigos de la conjugación de todos los vicios del pasado
y su magnificación exponencial, descarada e impúdica.
Aun hay quien trata de
justificar esos vicios con absurdas frases como “los xxxx se bañaban pero
también salpicaban” y este gobierno al igual que los de antes, “salpica”, solo que
salpican únicamente entre los “elegidos” dentro de los que lo apoyan mientras
que a una inmensa mayoría se le niegan sus derechos fundamentales o se les
promete “reivindicárselos”, pero únicamente queda en eso: en retórica vacía,
pues en lugar de solucionar estructuralmente los graves problemas – viejos y
nuevos – se dan soluciones “epilépticas” que solo ayudan a crear una mayor
dependencia de los “elegidos” hacia el “yo supremo” y por ende contribuyen a
crear grupos sociales débiles en valores y altamente dependientes del “papá
gobierno” en lugar de formar ciudadanos productivos, libres y con iniciativa
propia; se esta entonces generando la macabra espiral del “estado propietario”
de la vida del ciudadano en lugar del ciudadano “controlador del estado”, algo
así como funcionan las cosas en Cuba.
Para desgracia de todos,
estos vicios seguirán presentes mientras el país sea dirigido por este régimen
al que catalogo como el peor que hayamos tenido desde que Colón piso las playas
de Sucre, mientras los venezolanos continuemos repitiendo el error de buscar un
“Líder Alfa” o un “caudillo” a quien seguir o mientras los venezolanos nos
empeñemos en creer que nadie puede ser capaz de resolver el enigma fatal que
nos abriga y es mejor “malo conocido”, pues si no nos decidimos a enarbolar las
banderas de la honestidad, la participación y el modernismo, continuaremos
atados a los parangones que durante siglos hemos arrastrado: el caudillismo y
el mesianismo que tanto daño nos han hecho.
El reto actual: construir un país que
tenga futuro y libertad
Los constructores de un país son los que
buscan la concordia…
Sin justicia no hay libertad
y sin libertad no puede haber justicia, sin justicia no puede haber
reconciliación y la reconciliación con impunidad tampoco da cabida a la
justicia y eso tenemos que metérnoslo en la cabeza.
La
construcción de un país moderno requiere que los ciudadanos participemos con
ideas novedosas y que el estado sea principal promotor de esa modernidad a
través de políticas públicas orientadas a ese fin.
Sabemos por ejemplo, que ya la rueda está
inventada, pero nada nos impide generar ideas para que esta evolucione, mejore
y se adapte a nuestras necesidades específicas. Con el ejemplo de la rueda
puedo decir mucho: antes era de madera, luego de hierro, luego de goma y ahora
es de materiales novedosos, pero sigue siendo redonda y cada fabricante la
diseña según la función que va a realizar. Bueno, así deben ser las soluciones,
evolutivas y no involutivas, modernas y no anacrónicas, funcionales y no
impracticas.
Tampoco sirve el copiar o
imitar modelos antiguos o fracasados, pues eso sería como tratar de echar a
andar un Ferrari del 2004 con las ruedas de un Ford T, y este régimen está
copiando de cada uno de los sistemas opresivos y anacrónicos del mundo pequeñas
cosas para construirse un modelo de “rueda” que le permita echar a andar su
proyecto de dictadura, no importando lo desfasado, los fracasado o inviable de
esos sistemas, ya que los dictadores al estilo del nuestro les importa poco el
progreso económico o social del país, pues de eso se ocupan solo cuando están
en las primeras fases de construcción para impresionar y motivar al pueblo,
para luego, cuando las bases estén echadas, entregarse a lo que realmente quieren:
dominar la vida de la gente y llenarse
los bolsillos para dar rienda suelta a sus mas bajas pasiones, y el pueblo, que
se muera de hambre pues ya sirvió al propósito y no importa más.
Si
sirve, por ejemplo, estudiar – no imitar – los modelos políticos, económicos y
sociales de países con altos niveles de eficiencia y modernidad en sus
gestiones publicas con el fin de ubicar los factores que puedan ser adaptados a
nuestra realidad, pero incluyéndolos en un modelo evolutivo propio sin caer en
la tentación de “importar” modelos foráneos que difícilmente podrían adaptarse
a nuestro país, pues si bien en Suiza funcionan de una manera eficiente,
debemos entender que no somos Suizos, somos venezolanos y eso nos hace
distintos en nuestra idiosincrasia y escalas de valores.
Pero
para poder construir un país sobre bases modernas, con justicia e igualdad de
oportunidades, debemos deslastrarnos del peso agobiante que hemos acumulado
sobre los hombros de la República en forma de un régimen malsano, mentiroso,
excluyente, tiránico, tramposo y opresor.
Uno de los mayores pesos que
arrastramos es este régimen mal llamado “revolucionario”, basado en la mezcla
de ideas del renacimiento y el siglo XIX, que sigue dogmas ideológicos resultantes
de la “batidora intelectual” de sus creadores donde el ideario comunista quiere
convivir con las ideas nacionalistas, nacionalsocialistas y “Zamoranas”, donde
el fundamentalismo ideológico se funde con la idolatría o el culto a la
personalidad de Stalin, donde la premisa es “odia a quien no esta con nosotros
y conviértelo en tu enemigo así sea tu familia”, donde la dignidad y la
creatividad son reemplazados por la mediocridad y el servilismo, donde se cree
que la uniformidad debe ser la regla y la diversidad desaparecer, donde la
libertad no es regulada para que todos puedan vivir armoniosamente sino
condicionada para que esta no pueda ser ejercida plenamente y sirva al
propósito de dominación del sistema y el estado pueda romper las leyes que obliga
a los demás cumplir.
Con un sistema donde solo un
hombre domina al pueblo y donde el pueblo quiere ser convertido en instrumento
ciego de la voluntad de ese hombre, donde el pueblo se le dice que tiene
“poder” pero su voluntad es cambiada para servir a los maliciosos propósitos de
un tirano, donde al estado se da la potestad de decidir quien es pueblo y quien
no, a quien servir y a quien no, donde la justicia protege al delincuente y
castiga al disidente, donde “el fin del estado justifica los medios”, no puede
haber justicia ni mucho menos libertad, y
ese solo motivo es suficiente para que el pueblo venezolano, siguiendo sus
ideales de libertad y democracia, se rebele en contra de ese sistema y lo
obligue a dimitir por los medios que sea, permitiendo que se restituya la
legalidad, la libertad y la justicia para todos, y reitero, cualquier medio
debe usarse.
No olvidemos entonces las
enseñanzas de la historia, no justifiquemos al pasado, no permitamos que los
padres de la criatura sigan intentando decirnos como combatirla, seamos
nosotros, las nuevas generaciones, esos que despertamos del sopor y empezamos a
ser partícipes de los cambios históricos del país y estamos ahora dándolo todo
por sacarlo adelante, los que dirijamos el destino.
El
pasado que quede allá, atrás, en los libros de texto o en la oscuridad de las
cárceles, y seamos nosotros, las nuevas generaciones, los jóvenes, quienes
con bríos e ímpetu construyamos el
futuro que toda Venezuela se merece en libertad, justicia y equidad para todos.
Así de simple
Atentamente: Daniel G. Cardozo M.
Editor Principal del Frente Democrático
Coordinador del Bloque Democrático (Anzoátegui)
República de Venezuela
"Cuando el clarín de la patria nos llame, no nos lloren, no estén
tristes, que saldremos a las calles a luchar por la libertad y si he de morir
por ella y mi muerte contribuye a romper las cadenas, alégrense porque mi
muerte no fue en vano y si sobrevivo, celebrare con vivos y muertos el renacer
de la libertad y la caída del tirano"
Les recuerdo y no se olviden el lema de cualquier venezolano que
quiera a su patria:
Ni el pasado decadente ni
el presente oprobioso pueden imponerse sobre nuestro futuro en libertad.
No quiero al monstruo pero tampoco a los
padres de la criatura.
ES HORA DE DERROCAR AL TIRANO, ES HORA DE
COMBATIR AL RÉGIMEN, ES LA HORA DE LA GUARIMBA Y DE LA LUCHA POR LA LIBERTAD.
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