FRENTE

DEMOCRÁTICO

DE LIBERACIÓN NACIONAL

VENEZUELA SERA LIBRE Y SIN TIRANOS

 

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EDITORIAL DEL SABADO 20 DE MARZO DE 2004

 

 

EXTREMISMO, RADICALISMO Y DEMOCRACIA EN VENEZUELA

 

 

Extremismo.

1.    m. Tendencia a adoptar ideas extremas o exageradas, especialmente en política.

 

Radicalismo.

1.      m. Cualidad de radical.

2.    m. Conjunto de ideas y doctrinas de quienes, en ciertos momentos de la vida social, pretenden reformar total o parcialmente el orden político, científico, moral y aun religioso.

3.    m. Modo extremado de tratar los asuntos.

(Fuente: DRAE)

 

 

      

Los movimientos radicales – de izquierda y derecha – son históricamente responsables de cualquier cantidad de crímenes perversos en contra de los pueblos a quienes ellos dicen querer rescatar o salvar de las garras del “colonialismo”, “comunismo”, “fascismo”, “nacionalismo” o “Imperialismo” y en su dizque “buena intención” se llevan por los cachos no solo las vidas de miles de personas sino también cualquier vestigio de legalidad existente.

 

       Pero el radicalismo no es un fenómeno nuevo, ni siquiera del siglo pasado, sino que es la resultante de una perversa degeneración ideológica, del fanatismo inculcado desde el liderazgo de los movimientos a sus seguidores por tiempos inmemoriales.

 

       Desde que existe un registro escrito de la historia humana, por generaciones en los movimientos ideológicos, teológicos y de otras índoles que involucran el control de las masas, el radicalismo y el extremismo han formado parte de ellos.

 

       Ejemplos de esto lo podemos encontrar desde las paginas del viejo testamento hasta el corán, desde las tablas de los sumerios hasta los escritos de las dinastías chinas, y hasta en las historias del nuevo mundo hay vestigios de fanatismo, extremismo y radicalismo, pero los ejemplos mas relevantes por lo próximos en el tiempo los podemos observar en la historia reciente de la humanidad durante los siglos XIX, XX y XXI.

 

       En todas las culturas existen fanáticos, desde deportivos, religiosos, y hasta políticos, pero lo peligroso de esto es cuando esto pasa a ser extremo o radical y se intenta que las ideas de los fanáticos sean una única forma de pensamiento para todos los que se tienen alrededor.

 

       Ese fanatismo, esa forma inflexible de pensar donde no existe cabida para el razonamiento lógico ni para la opinión diferente, donde el otro debe ser exterminado, donde cada cual intenta a la fuerza que su manera de concebir al mundo sea la única que exista es la manifestación mas clara del extremismo radical.

 

Los anarquistas del siglo XIX, el movimiento fascista italiano, el nazismo alemán, el comunismo soviético, el maoísmo chino, los movimientos islámicos, los nacionalistas vascos o irlandeses pasando este ultimo por los católicos y protestantes, el castrismo, el chavismo, la derecha militar suramericana y algunos movimientos socialistas e indigenistas y hasta algunas alas demócratas conservadoras norteamericanas han generado dentro de sus filas movimientos extremistas, radicales y hasta terroristas que procuran la exterminación del contrario, la segregación ideología, social o racial y cuando poseen el poder, la creación de un modelo de pensamiento único tanto dentro de sus fronteras como fuera de ellas, pero siempre persiste el factor que todo otro tipo de ideología, religión, pensamiento político o raza debe ser doblegada, controlada o sino se subyugan, exterminada.

 

Pero la democracia también tiene sus extremos, pues dentro de ella hay un extenso matiz que va desde la socialdemocracia hasta la democracia liberal, sin embargo, este sistema político – hasta que no se genere otro que lo sustituya eficazmente – es el único que permite la diversidad de pensamiento, la pluralidad, la participación de todos, la libertad individual y el respeto a los derechos colectivos e individuales.

 

Dentro de los movimientos demócratas venezolanos hay una enorme diversidad de tendencias pero hasta hace algunos años, todos lograban convivir sin mayores conflictos. Democratacristianos, socialdemócratas, liberales, conservadores, socialistas, comunistas, federalistas, e independientes habían logrado mantener un cierto equilibrio ideológico y social que durante muchos años evitaron que en Venezuela existiesen conflictos mas allá de los que regularmente existen dentro de una democracia.

 

Hace poco leí acerca de una reunión en Costa Rica donde un político costarricense sorprendió a una delegación de la misma Centroamérica con una historia acerca de cómo sostuvieron un conflicto en la calle con otro grupo ideológico y decía que el conflicto fue duro porque había que ver “cuantas cosas terribles se dijeron”.

 

Algo así sucedía en Venezuela, donde luego de derrotarse a la guerrilla castrista en los 60, los únicos focos de conflicto serio que quedaban era con los movimientos estudiantiles “radicales” (de los que algunos de sus dirigentes forman parte del radicalismo del régimen y de algunos grupos opositores), pero hasta 1989 y luego en 1992, la diatriba ideología regular entre partidarios de partidos no pasaba de algunos insultos y fuertes intervenciones en los foros naturales de discusión política, pero hasta ahí, pues los minúsculos grupos armados eran una suerte de facinerosos y asaltantes con banderas políticas para encubrir su real motivación delictiva.

 

Pero desde 1992 con la aparición en la arena política del MBR-200 (movimiento del ala izquierdista militar), las cosas fueron cambiando.

 

Los movimientos radicales de izquierda, ultra nacionalistas, con un claro auspicio castrista, resurgieron y han cobrado fuerza con la llegada al poder de Hugo Chávez.

 

Los tiempos de la confrontación política “pacifica”, donde la discusión libre de ideas era la norma terminaron para dar paso a un movimiento con diversos componentes extremistas tanto militaristas como de izquierda el cual, siguiendo la antiquísima norma de instaurar modelos de pensamiento único intentan por diversos métodos eliminar la pluralidad de la democracia.

 

Son demasiadas las manifestaciones que demuestran el radicalismo, el extremismo de este movimiento: militarización de los entes públicos, beatificación del “líder fundamental”, populismo comunista aplicado a los planes sociales del estado, transformación de las FAN para convertirlos en un partido armado a favor del régimen, represión de los contrarios, control de los poderes públicos manteniendo sus directivas naturales y las formas de elegirlas para darles un barniz demócrata, creación de luchas de clases, destrucción del aparato productivo privado, persecución política de empleados públicos no plegados al régimen, presión judicial, política, fiscal y social de los medios de comunicación privados, uso de los medios de comunicación del estado para emprender campañas de tergiversación de los valores de la democracia y la conversión ideológica del colectivo, etc., etc., conforman ese cuadro de radicalismo o extremismo político e ideológico que hacen que la democracia y sus bases estén siendo derribadas para dar paso a una ideología política que si bien parece no tener pies ni cabeza, es claramente militarista, comunista y nacionalista al extremo.

 

Lo mas peligroso de este movimiento extremista llamado chavismo es que la discusión pasó de mantenerse dentro del cauce de la discusión natural de ideas dentro de los foros políticos a las calles, enfrentando pueblo contra pueblo y donde un sector afecto al régimen tiene una ventaja clara, pues ese mismo régimen avala su actuación, dándoles protección “legal”, armas e impunidad aun estos cometan crímenes atroces, mientras que a los contrarios, así estos manifiesten su disidencia publica o privada en forma pacifica y desarmada, los reprime tanto con los organismos regulares de control de orden publico como con estos mismos grupos civiles armados quienes actúan a la sombra de los órganos de seguridad del estado y con su venia.

 

Esta situación ha creado entonces dentro de los movimientos demócratas algunos grupos también radicales, pero aclaro, no con actuaciones extremistas o terroristas sino con ideas radicalmente opuestas a las formas tradicionales de acción política a las que hemos estado acostumbrados, radicales porque son tajantes, claros y muy directos en sus ideas, sin pasar por esa “política regular” donde la norma es la ambigüedad y que en la práctica pueden ser considerados “de derecha”.

 

Estos movimientos “radicales”, abiertamente anticomunistas, anticastristas, opuestos a la política verborreica, populista y demagoga, se han convertido en blanco de ataques tanto del el régimen como de sectores de la oposición que aun sostienen postulados políticos desfasados con la realidad actual y que históricamente han sido ineficientes: populismo de estado, estado interventor, controlador y propietario, paternalista, pero por sobre todo estos grupos llamados “radicales” son opuestos a que las políticas de estado sean inmediatístas y donde los que integren al estado sean personas incapaces, egoístas, corruptas y sin moral alguna, donde sea política de estado el engaño y la manipulación, donde la prosperidad del pueblo sea creada a través de la repartición de riquezas por parte del estado en lugar que sea a través de la promoción del trabajo, de la industria, del ahorro y del trabajo productivo de cada ciudadano.

 

Pero esta situación atípica venezolana también causa que muchos ciudadanos que nunca hubiesen sido capaces de siquiera pelear por un insulto callejero, ahora hayan pasado a convertirse en combatientes, en “guarimberos”, en personas que no están dispuestas a seguir siendo pisoteadas y hacen uso de un derecho que nadie puede negarles: el derecho a la legítima defensa.

 

El radicalismo del régimen, el extremismo de sus lideres fundamentales causa un efecto de aversión en aquellos que intentan convertir incluso con la intimidación y la fuerza a su ideología, manifestándose en acciones que han ido desde la protesta pacifica, las marchas, las asambleas de ciudadanos hasta las tomas de calles y avenidas con lamentables saldos de heridos, desaparecidos, detenidos y torturados y hasta muertos.

 

Pero resulta ser que ante un régimen que ha cambiado no solo las reglas del juego sino que intenta cambiar las bases democráticas de toda una nación, que se ha deslizado progresivamente desde su llegada al poder de la democracia al militarismo-comunismo-castrismo-nacionalismo o lo que sea la base ideológica del régimen, no resulta extraño que una mayoría nacional que esta siendo reprimida para que cambien su pensamiento “a juro”  adopte posiciones radicales.

 

Solo que al parecer, el deseo de la mayoría del colectivo de libertad, de execrar los modelos populistas o demagogos, el deseo de seguir manteniendo una democracia estable y donde el estado cambie su modelo actual – que es una mala copia del tergiversado modelo socialdemócrata anterior – a un modelo progresista, plural, donde la libre iniciativa sea promovida y donde la libertad individual tanto de pensamiento como de acción sea un bien fundamental de la democracia, donde el estado sea promotor y no productor y que ese estado asuma correctamente su rol de proporcionar seguridad social, salud, educación al alcance de todos para que cada quien sea dueño de sus decisiones y su destino pero sin que “papa estado” decida que hace cada quien al parecer viene a convertirse en radicalismo ya que esta proposición es contrapuesta a un modelo que desgraciadamente aun esta presente en la mentalidad política de una gran mayoría de los dirigentes, pues simplemente ese modelo permite al gobernante arropar alrededor suyo una enorme cantidad de poder y prebendas que bajo un modelo democrático progresista, liberal o mal llamado “radical” seria muy difícil que mantengan.

 

En Venezuela tenemos entonces el radicalismo del régimen con sus facetas extremistas y hasta terroristas que consideran que la exterminación de los opositores por cualquier medio es un camino a seguir, que intentan crear una involución histórica, ideología y social para reenviarnos a sistemas ya demostrados como inútiles e inefectivos, el radicalismo socialdemócrata que intenta devolvernos a un modelo de estado ya caduco y también demostradamente ineficiente el cual engendró al régimen actual e inculcó en parte de la población odio social y aversión al modelo partidista plural, permitiendo que el chavismo convenza que solo el pensamiento único o un partido único con apoyo irrestricto de pequeños partidos satélites es la única forma de superar los errores de la socialdemocracia, los anticomunistas o antichavistas extremos que consideran que con la eliminación del chavismo por los medios que sean se llevaría de nuevo la paz y la democracia al país y los demócratas llanos – de derecha o “radicales” – quienes consideran que la democracia es el único sistema que permitiría la coexistencia pacifica de todas las corrientes de pensamiento y donde el estado debe transformarse para que las taras del pasado y los desastres del presente no se repitan.

 

El modelo bipartidista del pasado fue un desastre, el modelo unipartidista actual es un desastre mayor y esta condenado a desaparecer tan rápidamente como apareció, pero aun peor es que las emociones del país opositor no se canalicen adecuadamente y que las dirigencias políticas no comprendan que deben evolucionar, que la socialdemocracia debe ser replanteada, que la función del estado también debe ser reeditada y reformada, y que solo escuchando a la sociedad es que las dirigencias podrán encontrar el modelo económico-político-social mas adecuado para construir un país con progreso y oportunidad para todos.

 

Pero para que podamos encontrar el camino, primero tenemos que sacar ese enorme obstáculo que para el progreso nacional representa este régimen y allí si estoy de acuerdo con ambos métodos: la salida político electoral para que luego los venezolanos demostremos si la madurez y el crecimiento que hemos logrado estos años ha sido suficiente para impedir que el modelo socialdemócrata tergiversado regrese o si el régimen insiste en continuar aberrantemente impidiendo la salida electoral, que sea entonces esta salida mediante la desobediencia ciudadana con el concurso de militares, y la reedición del génesis de nuestra democracia en 1958 con una junta cívico-militar que ponga orden y al igual que aquellos años, luego de encauzar las cosas por el carril democrático, convocar a elecciones generales.

 

Pero de alguna forma tenemos que acabar con este extremismo y radicalismo que tenemos actualmente, tanto en el régimen como en la oposición para que nuevamente tengamos una democracia, con libertad y progreso para todos, un gobierno de la gente por la gente, sin saltos al pasado ni aventuras con “salvadores de la patria”, donde los venezolanos demostremos que si tenemos los pies sobre la tierra para elegir a los que dirijan la nación.

 

Solo con el concurso de todos será que la democracia regrese a sus modelos “Standard”, donde el estado sea promotor y no interventor, donde la justicia sea igual para todos, donde el comunismo vuelva a ser simplemente una teoría política, donde Venezuela sea de primera.

 

 

       Definitivamente en Venezuela tenemos que derrotar el extremismo y el radicalismo para que la democracia vuelva a nacer.

 

 

Así de simple

 

 

Atentamente:

 

Daniel G. Cardozo M.

Editor Principal del Frente Democrático

Coordinador del Bloque Democrático (Anzoátegui)

República de Venezuela

 

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"Cuando el clarín de la patria nos llame, no nos lloren, no estén tristes, que saldremos a las calles a luchar por la libertad y si he de morir por ella y mi muerte contribuye a romper las cadenas, alégrense porque mi muerte no fue en vano y si sobrevivo, celebrare con vivos y muertos el renacer de la libertad y la caída del tirano"

 

 

¡VIVA LA REPUBLICA DE VENEZUELA!

 

“MAS PREFIERO UNA LIBERTAD PELIGROSA QUE UNA ESCLAVITUD TRANQUILA”

 

 

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