FRENTE DEMOCRÁTICO DE LIBERACIÓN NACIONAL

 

VENEZUELA SERA LIBRE Y SIN TIRANOS

 

 

EDITORIAL DEL SABADO 20 DE DICIEMBRE DEL 2003

 

 

 

REFLEXIONES PARA VENEZUELA EN NAVIDAD

 

 

Hoy no dedicare mi editorial a escribir de política, ni a criticar o exaltar a nadie, ni siquiera a continuar emitiendo opinión alguna sobre esta menguada hora que vive la patria y que recibió un poco de luz ayer temprano, escribo para no llorar, escribo para no sufrir aunque mis ojos estén húmedos y mi corazón en pedazos cuando veo hacia el pasado y caigo en la absurda comparación que me produce la melancolía de percibir lo diferente que es el país en el que crecí a este donde sobrevivimos.

 

Los recuerdos son una cosa seria: nunca te abandonan y te asaltan cuando mas deseas tenerlos lejos y es el único equipaje del que no podemos ser despojados por mano humana alguna. Nos pueden quitar el carro, la casa, los hijos, pero los recuerdos solo cesan cuando dejamos este mundo, pero aun así, siempre estamos en la memoria de los que quedaron detrás de nosotros.

 

Recuerdo las navidades con mi abuela materna y mi ya anciana bisabuela. Nos reuníamos en familia a confeccionar esas hallacas “de campeonato” que hacían las dos viejitas, mientras siempre con mis hermanas nos las ingeniábamos para comernos las pasitas y las aceitunas. Mi padre con sus cuñados bebían y echaban los cuentos de la familia, cuando eran scout, como conoció a mi madre en una de esas excursiones al Ávila, de las riñas entre los muchachos de La Carlota y Santa Eduvigis, las canciones que pude oír entonar a Alfredo Sadel en primera fila y en vivo  en el patio de la casa cuando pasaba a comerse las hallacas de mi abuela, las patinatas en pleno Santa Eduvigis y las enormes patinatas en el Terminal Club de Campo Norte, el San Nicolás de San Tome en su carro de bomberos que a la final averigüe que era mi propio padre, las misas de gallo en Campo Sur, a mi tío el policía que siempre andaba con su guardaespaldas y era el que siempre hablaba de la política del momento, a mi hermano del alma José G., ese carricito con el que correteaba por todo campo norte persiguiendo estrellas fugaces y derrochando inocencia infantil, el gringo de la esquina que nos regalaba dulces, el arbolito que todos los enero incendiábamos en el patio, las gaitas desentonadas pero alegres de la estudiantina del Colegio Campo Norte, los intercambios de regalos con los niños de Morichal y Temblador que para nosotros era lo máximo, y así, tantas cosas bellas que vienen a mi mente de esa época de niño cuando vivíamos en un campo petrolero que considerábamos el paraíso terrenal, San Tome de mis amores, “el mejor lugar del mundo para criar a mis hijos” como siempre decía mi padre.

 

Pero como siempre, lo bueno no es eterno y la niñez tampoco, esa época quedo atrás en mis memorias y en el tiempo. Crecí luego alejado de mis amigos de la infancia, entre Puerto La Cruz, USA y Caracas, donde conocí como de verdad eran las cosas fuera de ese pequeño mundo ideal que eran los campos petroleros y los suburbios de las pequeñas ciudades americanas.

 

Conocí entonces la miseria de las calles de Caracas, la verdadera pobreza, esa que siempre me escondían las luces brillantes de los cerros cuando veníamos de Maiquetía y que suponía eran “las luces en los portales de las casas de la gente pobre”, pero no sabia como era la verdad de la vida detrás de esas marejadas de bombillos hasta casi el final de mi 20 años, cuando por primera vez fui a un barrio y casualidades de la vida, lo hice un Diciembre. Allí descubrí que esas luces no eran faroles para alumbrar las entradas de las casas, descubrí que esas no eran casas por lo menos en el sentido que yo las conocí, aprendí de la manera mas dura que todos no vivían con las facilidades que yo tuve, me di cuenta entonces que el mundo era muy distinto al que conocía.

 

Vi entonces niños huérfanos que dormían en las calles cobijados por la mugre, gente comer de los basureros, conocí la delincuencia ese día que por primera vez pisaba Petare, encontré que la realidad era como me la habían descrito, pero esta vez, la veía con mis ojos y no lo podía creer.

 

Desde entonces, muchas cosas han pasado en mi vida. He crecido mas, me he casado y divorciado, he pasado de tener amigos a la mas inmensa soledad, de tener mucho a no tener nada y de nuevo levantarme y luchar por no verme a mi mismo viviendo en esas condiciones que tanto me impactaron, he visto nacer hijos y morir amigos y familiares, pero algo nunca cambia: la Navidad es para mi la época en la cual reviso mi inventario de acciones y el baúl de los recuerdos; algunos para alegrarme por lo bello que la vida me trató, otros para recordarme de donde vengo y el camino recorrido con sus avatares y tragedias, con sus éxitos y fracasos para entonces dar gracias a dios por seguir viviendo, otros para sentir como hoy lo hago, el inmenso dolor que me da ver como mi patria en lugar de haber mejorado para que fuesen mas los que disfrutaran unas navidades sin penurias, ha desmejorado progresivamente y entonces, son mas los que sufren por la navidad en soledad, los que pasan hambre, los que solo tienen las estrellas como techo y la mugre como cobija, los que no recibirán el abrazo de la familia que perdieron o nunca tuvieron, en fin, son mas los que están en desgracia que los que pueden decir feliz navidad y eso me sobrecoge de dolor y pena, por ellos, por sus hijos, por sus familias, por mi patria, por mi.

 

Vivo y luego existo, dijo una vez un filosofo que por supuesto no conoció la navidad como nosotros, que no pudo encontrar esa época del año donde siempre se dice nació la esperanza en forma de niño, no, el no lo supo, y como el muchos viven pero para otros ni siquiera existen y son esos niños de la calle, esos sin casa, sin familia, esos que viven azotados por el látigo de la indiferencia, que son esclavos de la droga o el alcohol, que han perdido hasta las esperanzas por las cuales vivir y existir.

 

Nosotros, los privilegiados que tenemos un jamón y una hallaca en el plato y disfrutamos de la navidad en familia, los que podemos dar y recibir regalos, los que aun tenemos motivos para desearnos una feliz navidad cuando estemos sentados alrededor de la mesa, no nos olvidemos de los que en la calle estarán esperando a que saquemos la basura para alimentarse una vez mas, pues para ellos, aunque sepan que es navidad, que es nochebuena, esta será la noche del año donde a lo mejor comerán mas por la abundancia de los demás, pero no por la suya propia.

 

Y aunque no podamos dar de comer a todos los que en la calle están, por lo menos haz algo para que algún niño en un refugio si pueda cenar completo aunque sea esa noche, para que algún pequeñito reciba un regalo, para que nuestros hijos recuerden como hacemos nosotros que lo bueno no es eterno y que hay que dar gracias a dios por lo mucho o poco que tengamos, que no hay que ser indiferentes al sufrimiento ajeno, que siempre hay algo que podemos hacer para ayudar a los demás,  porque hay quienes solo pueden dar gracias a dios por estar vivos así sea con la mugre de cobija y el cielo de techo.

 

Que siempre nos acordemos que la esperanza del mundo fue un niño y que a lo mejor la esperanza de Venezuela será uno de esos niños que ahora deambulan por la calle olvidados por nosotros.

 

Den gracias a dios por poder decir FELIZ NAVIDAD y hagan bien sin mirar a quien.

 

 

Así de simple

 

Atentamente:

Daniel Cardozo

Editor Principal del Frente Democrático

Coordinador del Bloque Democrático (Anzoátegui)

Venezuela

 

 

 

FRENTE DEMOCRÁTICO DE LIBERACIÓN NACIONAL

 

VENEZUELA SERA LIBRE Y SIN TIRANOS

 

Email

 

 [email protected]

[email protected]

[email protected]

 

Pagina Web

 

http://es.geocities.com/frentedemocratico

 

Distribuyan esta información.

 

Esperamos sus comentarios

 

Si desean publicar algún escrito en la pagina Web, escribanos sus artículos a cualquiera de los correos anteriormente escritos

 

 

 

 

 

 

1