FRENTE

DEMOCRÁTICO

DE LIBERACIÓN NACIONAL

VENEZUELA SERÁ LIBRE Y SIN TIRANOS 

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EDITORIAL DEL VIERNES 01 DE OCTUBRE DE 2004

 

LIBERTAD PELIGROSA O ESCLAVITUD TRANQUILA:

USTED DECIDE CUAL QUIERE

 

         El tema de las libertades democráticas es siempre controversial, pues en los últimos tiempos, este vocablo posee distintas connotaciones dependiendo del interlocutor que desee interpretar su significado.

 

         Para el ciudadano común inmerso o no en esta vorágine política – independientemente de su lineamiento ideológico – las palabras “libertad” y “democracia” pueden ser algo vacío y sin un sentido practico real, pues ambas han sido tergiversadas en demasía por dos de los actores principales de la tragedia que vivimos: el régimen y la oposición aglutinada en coaliciones partidistas.

 

         Resulta muy interesante leer las definiciones de la palabra “Libertad” cuando esta es consultada al diccionario de la Real Academia Española (http://buscon.rae.es/diccionario/drae.htm) y algunas de ellas son:

 

 

libertad.

 

(Del lat. libertas, -ātis).

 

 

1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.

 

 

2. f. Estado o condición de quien no es esclavo.

 

 

3. f. Estado de quien no está preso.

 

 

4. f. Falta de sujeción y subordinación. A los jóvenes los pierde la libertad.

 

 

5. f. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres.

 

 

6. f. Prerrogativa, privilegio, licencia. U. m. en pl.

 

 

7. f. Condición de las personas no obligadas por su estado al cumplimiento de ciertos deberes.

 

 

8. f. Contravención desenfrenada de las leyes y buenas costumbres.

 

 

9. f. Licencia u osada familiaridad. Me tomo la libertad de escribir esta carta. Eso es tomarse demasiada libertad. En pl., u. en sent. peyor.

 

 

También el Diccionario de la Real Academia Española incluye dentro de sus definiciones:

 

~ de conciencia.

 

1. f. Facultad de profesar cualquier religión sin ser inquietado por la autoridad pública.

 

~ de cultos.

 

1. f. Derecho de practicar públicamente los actos de la religión que cada uno profesa.

 

~ de imprenta.

 

1. f. Facultad de imprimir cuanto se quiera, sin previa censura, con sujeción a las leyes.

 

~ del espíritu.

 

1. f. Dominio o señorío del ánimo sobre las pasiones.

 

~ de pensamiento.

 

1. f. Derecho de manifestar, defender y propagar las opiniones propias.

 

        

Entonces, al ver la diversidad de definiciones que tiene la palabra LIBERTAD, caemos en el tema de la tergiversación que esta ha tenido en la política venezolana, sobre todo por parte de quienes desean interpretarla para favorecer su intención hegemónica de limitarla y controlarla según el humor y el antojo de quien se siente amenazado con el hecho que la sociedad pueda, como dice en uno de los conceptos con los que se define “Libertad”, ejercer su derecho a obrar de una manera u otra, de no obrar y por ende de ser responsable de sus actos.

 

         La libertad bien entendida debe permitir a cualquiera ser quien desee ser, actuar como mejor le parezca, pensar como quiera, expresar esa opinión donde y cuando prefiera sin condicionamientos o imposiciones indebidas o no compatibles con el mismo sentido humanista de ser libre y decidir su propio destino sin limitaciones ni cortapisas, sin embargo aun dentro de un estado de libertad general como el descrito anteriormente se deben y se tienen que poseer reglas claras y justas para que todos puedan ejercer su libertad sin ser oprimidos y sin menoscabar el derecho de otros a ejercerla, y esto no es mas que estructurar leyes para regular – no para limitar o condicionar – el ejercicio de las libertades individuales y colectivas en una forma tal que la libertad sea justa, igualitaria y organizada, evitando que el ejercicio de un derecho individual vaya en perjuicio de otra persona o de un colectivo en cualquiera de sus dimensiones.

 

         La llamada oposición – por mi denominada desde este momento disidencia – acepta en su gran mayoría, por no decir en su totalidad, este concepto amplio de libertad, y a pesar que en algunas instancias como por ejemplo dentro de algunas cúpulas políticas o incluso dentro de la misma coalición de partidos configurada dentro de la CD, el ejercicio de la libre expresión y pensamiento es limitada por la presión grupal para favorecer la coincidencia de ideas, y en algunas circunstancias se ha presionado para evitar que ideas como las del Bloque Democrático, la Alianza Cívico Militar o algunas otras organizaciones civiles o partidistas puedan ser difundidas solo por el hecho que estas no necesariamente coinciden o no son del agrado de algunos dirigentes, pero con todo y esto, el concepto pragmático de libertad en todos sus sentidos forma parte de este importante y mayoritario sector ideológico del país.

 

         Ese concepto de libertad donde el ciudadano es libre de decidir su destino pero a la vez responsable de no excederse en ese ejercicio y donde se debe ser respetuoso del derecho ajeno, es el que poseen y conoce la gran mayoría de los ciudadanos independientemente de sus ideas, pues resulta difícil concebir que alguna persona en Venezuela, que ha nacido o vivido dentro de nuestro sistema democrático parido en 1958, imperfecto en muchos aspectos pero que ha sido respetuoso del derecho natural del individuo de ser libre y expresar sus ideas dentro de parámetros que no impliquen la utilización de la violencia física o la insurrección armada como manera de expresión o de alcanzar el poder – como en cualquier país civilizado del mundo –, pueda estar de acuerdo con la imposición de un sistema donde la libertad individual y colectiva en lugar de ser regulada con leyes nacidas del consenso de la sociedad y compatibles tanto con la idiosincrasia del país como con los conceptos éticos, morales, ciudadanos, religiosos y familiares de nuestra sociedad, sea limitada o condicionada solo para favorecer una línea ideológica particular del régimen aun en ejercicio o a una parcialidad del país en detrimento del resto; limitaciones las cuales en lugar de procurar desarrollar el derecho, la libertad y la democracia tienen un objetivo distinto: dominar, oprimir y manipular a la sociedad tal y como ocurre en países donde la democracia es inexistente o solo es una fachada detrás de la cual se esconden gobernantes autocráticos, cuestión que sucede en países como Libia, Cuba, Corea del Norte, algunos países del oriente medio y otros del continente africano, donde los gobernantes son una suerte de emperadores “democráticamente” electos con la capacidad “legal” de reprimir y dominar al pueblo según sea su humor o necesidad del momento.

 

         Entonces, esa máxima con la que abro el editorial de hoy y que forma parte de mis mensajes acerca de la libertad peligrosa o la esclavitud tranquila, entra en el contexto de la decisión que los ciudadanos tenemos por delante: el permitir que por nuestra pasividad, conformismo, inacción o hasta por miedo al régimen o de los alcances de una decisión de salir a las calles a protestar en desobediencia ciudadana legitima y constitucional permitamos la consolidación de un sistema legal, político y administrativo donde las libertades en lugar de ser desarrolladas y reguladas según el consenso de la sociedad sean condicionadas, limitadas y aplicadas según el designio particular de una persona o grupo de personas con el enorme deseo de dominar a esa sociedad activa o pasiva que les teme pero también a la que los apoya, por estar estos últimos cegados con el mismo odio y resentimiento que poseen los que desgraciadamente dirigen – por ahora – a la nación contra ese sector social al que desean subyugar a sus designios y no terminan de darse cuenta que todos sin excepción, seremos apretados del cuello por un sistema que de consolidarse, hará cualquier cosa para desaparecer toda forma de critica o disidencia, sea del lado de los que no están con ellos como de los de su mismo bando que por alguna razón estén en desacuerdo con una decisión o dirección en particular, conformando así un país con una “paz social” decretada, artificial y falsa, donde la “esclavitud tranquila” sería una realidad similar a la existente en los países antes mencionados – con especial énfasis en Cuba – por ser ese sistema político, social y administrativo, el modelo del cual se deriva el que este régimen a sangre y fuego intenta imponer en nuestro país.

 

         Una “Libertad Peligrosa”, es entonces la contraparte de la “Esclavitud Tranquila” y sin que lo hayamos percibido realmente, todos los países democráticos viven en mayor o menor grado dentro de esa forma de “Peligrosa Libertad”, pues constantemente, los gobiernos de estos países y sus instituciones publicas y privadas de toda índole deben mantenerse en una constante lucha y vigilancia para evitar que las amenazas a la democracia – internas o externas – atenten contra ella y puedan destruirla.

 

La demostración de lo que afirmo pueden ser ejemplos como lo que significa ETA para el gobierno español, las FARC para Colombia o el terrorismo internacional para USA y la mayoría de las democracias occidentales y hasta para Rusia las organizaciones terroristas que perpetraron hace poco una masacre en un colegio, y en el caso venezolano, cuando en el pasado cercano no percibimos en su exacta dimensión la amenaza que representaba tanto la inercia participativa de los ciudadanos durante las décadas de los 80 y 90 facilitándose la degradación política, social y moral de nuestro sistema democrático – una clara amenaza interna – así como la aventura golpista de un grupo de militares hambrientos de poder en el 92 – una combinación de amenaza interna y de intervención externa – que terminó de defenestrar el pensamiento democrático de una gran parte de la población, que en lugar de buscar una opción civilizada y renovadora para revertir nuestro problema de degradación moral, se decidió por una opción amoral, anacrónica y hegemónica para vengarse de los que pervirtieron nuestro sistema de libertades en lugar de procurar cambios reales, sin percatarse que esto era la sentencia de muerte para nuestro sistema de libertades, siendo Hugo Chávez y su pensamiento militarista del poder la expresión mas clara de este descontento y de la ceguera de un pueblo aun inmaduro políticamente hablando.

 

Vivir en libertad – en una verdadera libertad – es siempre una forma peligrosa de conducir un país, pues dependiendo de los éxitos o fracasos de ese sistema y de la forma en que las sociedades enfrenten los problemas, existirán diferentes amenazas a las que hacer frente, sobre todo amenazas no contra grupos particulares sino en contra del sistema que facilita y desarrolla con el concurso y consenso de los ciudadanos esa sociedad libre – la democracia –, pero lo que si es realmente un peligro extremo, una amenaza y hasta una ofensa es permitirnos como pueblo, como conjunto humano el que por miedo caigamos en el polo opuesto: el de vivir una esclavitud tranquila.

 

El único sistema que permite a un país vivir en libertad es la democracia, pues ningún otro sistema facilita a esa misma sociedad el poder participar en las transformaciones fundamentales de su pueblo, de sus sistemas políticos y de su gente, y lo que este régimen plantea no es democracia, ni siquiera algo parecido y mucho menos su intención es crear mas libertad, sino que su objetivo es una dictadura de las mas tenebrosas conocidas, creada por la perversidad del ingenio del autócrata: la dictadura legalmente impuesta, la Dictadura Democrática o Constitucional, y de consolidarse ese plan, viviremos entonces en una “Esclavitud Tranquila”, pues la “Paz Social” en lugar de ser un logro alcanzado mediante el trabajo conjunto y armonioso de todos los factores de la sociedad, sería impuesta “por decreto”, a la fuerza y mediante la absoluta confiscación de los derechos naturales del ser humano de disentir, de pensar distinto, de ser diferentes, de ser verdaderamente libres.

 

Para ser dominados y vivir una “Esclavitud Tranquila” solo debemos ser indiferentes, no participar, hacer como que nada pasa, ser pasivos y conformistas, dejarnos arropar por el miedo y por el pensamiento derrotista que nos dice que “no hay nada que yo pueda hacer”, pero aun es mas fácil ser dominados si permitimos que sean los demás quienes tomen las decisiones por nosotros y simplemente sigamos ciegamente a los que por años se han equivocado y eso es precisamente el plan perverso de Hugo Chávez: dominarnos y pisotearnos por el resto de su vida con el concurso consciente o inconsciente de la misma sociedad a la que quiere doblegar.

 

Para recuperar el camino de la libertad y formar parte de la fuerza transformadora que saque a Venezuela del abismo en que está y hacia adonde será empujada aun mas profundo por este régimen tiránico debemos ser valientes, asumir riesgos, decidirnos a vivir con el peligro de ser libres y tener que tomar decisiones, debemos encarar nuestros miedos y despojarnos de ellos, pero por sobre todo aceptar que el camino único que nos queda como ciudadanos para recuperar nuestra “Peligrosa Libertad” es el de LA DESOBEDIENCIA CIUDADANA, el de rebelarnos ante el déspota y derrocarlo por los medios que sean.

 

Puede resultar contradictorio expresar que para recuperar la libertad debamos adoptar una postura beligerante y contraria a esa necesidad de respetar las leyes y no utilizar la fuerza como medio de obtener el poder, sin embargo existen diferencias y justificaciones que avalan la urgente necesidad del pueblo de, por los medios que sean, echar del poder a un gobernante ilegitimo, opresor y usurpador.

 

Lo primero que hay que entender es que Hugo Chávez no es un presidente ortodoxo ni mucho menos uno que pueda manejarse a gusto dentro de los parámetros de un sistema democrático tradicional, sino que es un individuo con una pretensión dictatorial del poder, con concepción de militar de izquierda, cuya ideología coquetea entre el comunismo, el marxismo, el militarismo y la autocracia y para quien, un sistema democrático donde la división de poderes crea competencias y campos de acción definidos es algo inconcebible, pues dentro de su pensamiento, la división entre estado y gobierno debe desaparecer para ser el única la voz, única cabeza pensante y directiva tanto del gobierno, del estado como de la sociedad y quien solo concibe tener el poder para ejercerlo en la misma manera en que su mentor Fidel Castro lo ejerce: de forma totalitaria y absolutista.

 

Lo segundo es que para un gobernante con estas características, la sociedad no es un ente al que se debe servir sino que está para servirlo a el, para formar parte de su corte de adulaciones y si esta sociedad disiente de su pensamiento, debe ser apabullada y reprimida, pues dentro de su forma de gobernar la disidencia es una afrenta y todo aquel que no se deje dominar es de inmediato clasificado como un enemigo a ser destruido.

 

Dadas estas circunstancias reales e imposibles de ser negadas, la sociedad venezolana esta frente a un individuo que, habiendo llegado legítimamente al poder mediante una hábil manipulación de las emociones y necesidades del pueblo, las instituciones y las leyes, durante su ejercicio se transformó en enemigo del sistema de libertades que lo llevó al poder, y por ende, la única manera de definirlo no es como presidente sino como DICTADOR.

 

Ante esta realidad, entonces los venezolanos, fieles a nuestra tradición libertadora y republicana,  herederos de un gentilicio que en el pasado remoto nos convirtió en nación germen de la libertad de la América Latina y en nuestro pasado cercano demostró su deseo irrestricto de execrar a toda forma de gobierno dictatorial e ilegítimo, que con grandes sacrificios el año de 1958 logró dar inicio a lo que fue la democracia mas estable del continente y que ahora se ve amenazada ante la pretensión de un gobernante ilegitimado por su propia condición de autócrata y por su accionar en contra de la democracia y el pueblo venezolano, que ha traicionado a la patria no una vez (en 1992) sino decenas de veces mas desde que asumió la presidencia, que es autor intelectual y cómplice de crímenes de lesa humanidad contra el pueblo venezolano, que ha fracturado al país y atentado en contra del pensamiento republicano que nos da vida como nación,  que ha engañado al pueblo, que es amigo irrestricto del terrorismo internacional y de la narco-guerrilla colombiana, que conduce una campaña de persecución y exterminio en contra de los factores disidentes y opositores de Venezuela, que es capaz de masacrar a su propio pueblo solo para mantenerse en el poder, que facilitó el fraude electoral, que exhibe sin pudor y en contra de toda norma democrática pensamientos e ideas comunistas y militaristas, ante todos estos hechos, los venezolanos no nos queda otra acción que ejercer: debemos desplazar del gobierno a este dictador y su grupo de afectos que usurpan el poder por los métodos necesarios, ya que no contentos con saquear al país, quieren confiscar las libertades, destruir la democracia y condenar a todo un pueblo a ser convertido al comunismo.

 

Tomando en cuenta todos estos factores, resulta imprescindible entender que el derrocamiento de Hugo Chávez es algo absolutamente necesario, ya que las vías electorales y pacificas fueron agotadas por la disidencia y todas esas intenciones de resolver la crisis por vías comiciales fueron torpedeadas flagrantemente por los organismos públicos que, controlados por el régimen, han sido cómplices del mayor de los crímenes posibles contra un pueblo: el fraude electoral cometido el 15 de Agosto y que se repetirá el día de las elecciones regionales, terminando así de dar la fachada “democrática y legítima” que el régimen necesita para poder continuar con su proceso de destrucción de la democracia sin oposición internacional.

 

Las salidas de fuerza son traumáticas, sobre todo si la fuerza es usada a espaldas y en contra de la voluntad del pueblo, sin embargo, la única fuerza que debemos activar para que exista una verdadera salida a la crisis y que sea la misma sociedad la que luego de derrocado el régimen pueda tomar control de la situación y, como en 1958, llevar al país hacia el camino democrático – mas aun habiendo ya la sociedad venezolana asimilado la enseñanza del pasado y de este presente negro – es la fuerza de la ciudadanía, en las calles, en protesta generalizada y simultanea para que los tenedores de las armas – las fuerzas armadas institucionales – tengan entonces la legitimidad de acometer la función primordial que la sociedad les dió: defender la democracia, la constitución y la patria ante todo tipo de agresores.

 

Entonces, la decisión es suya, pues quiéralo aceptar o nos, así se nos intente disfrazar la realidad con espejismos electorales, solo tenemos dos opciones para el futuro del país: el vivir una “Libertad Peligrosa” obtenida con el concurso de todos, parida de la lucha del pueblo en las calles contra las fuerzas del dictador o resignarnos a vivir en una “Esclavitud Tranquila” obtenida gracias a nuestra indolencia y miedo.

 

         Tome usted su decisión… Así de simple

 

Atentamente: Daniel G. Cardozo M.

Editor Principal del Frente Democrático

Coordinador del Bloque Democrático (Anzoátegui)

República de Venezuela

 

 "Cuando el clarín de la patria nos llame, no nos lloren, no estén tristes, que saldremos a las calles a luchar por la libertad y si he de morir por ella y mi muerte contribuye a romper las cadenas, alégrense porque mi muerte no fue en vano y si sobrevivo, celebrare con vivos y muertos el renacer de la libertad y la caída del tirano"

 

Les recuerdo y no se olviden el lema de cualquier venezolano que quiera a su patria:

Ni el pasado decadente ni el presente oprobioso pueden imponerse sobre nuestro futuro en libertad.

 No quiero al monstruo pero tampoco a los padres de la criatura.

ES HORA DE DERROCAR AL TIRANO, ES HORA DE COMBATIR AL RÉGIMEN, ES LA HORA DE LA GUARIMBA Y DE LA LUCHA POR LA LIBERTAD.

Activemos el 333 y el 350 y seamos libres de una vez.

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