Diez razones para oponerse críticamente al Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Centroamérica y los Estados Unidos
Por:
Johnny Valverde C., Sociólogo-Educador.
Coordinador de la Maestría en Tecnología Educativa de la Universidad Estatal a
Distancia
1. El TLC responde a estrategias geopolíticas de los Estados Unidos en vista de que su hegemonía económica, política y militar se debe enfrentar al bloque económico europeo cuyo mercado de consumidores y potencial productivo se asemeja cada vez más al norteamericano, lo cual les exige buscar alianzas que puedan modificar las condiciones desfavorables para el incremento de su capital productivo y financiero. Lo mismo puede pensarse si se estima el potencial actual y futuro del mercado chino y japonés frente al norteamericano.
2. Los TLC que están vigentes en Chile y en México no han demostrado ser estrategias económicas que modifiquen las condiciones de pobreza, exclusión y desamparo de las poblaciones pobres de esos países. Peor aún, las profundiza en virtud del encarecimiento de productos de consumo, de bienes y servicios y desempleo en las zonas agrícolas, entre otras razones.
3. Las pautas para negociar no se dan en la mesa de negociaciones. Poderosos grupos de inversionistas y empresarios norteamericanos ligados a la Administración Bush ya habían definido qué y cómo negociar mucho antes del inicio de las rondas de negociaciones; por esta razón, lo que se está haciendo allí es solamente acomodar las condiciones que favorezcan la imposición de la mayoría de beneficios para las compañías del área tecnológica, de telecomunicaciones y de producción de bienes y servicios afines al gobierno norteamericano, mientras que a las centroamericanas solamente les queda buscar alguna posibilidad dentro de un asimétrico escenario, que será dominado casi en su totalidad por los EEUU.
4. Los negociadores costarricenses no representan los sentimientos, intereses y aspiraciones de la mayoría de la población nacional. No puede confundirse la condición de haber sido escogidos en el marco de unas elecciones populares con hacer y deshacer en función de un mandato originado en las esferas políticas norteamericanas, sin tomar en cuenta a la sociedad civil, ocultar información y, peor aún, convertirse en voceros de una minoría de empresarios costarricenses, cuyos intereses y aspiraciones tampoco se acercan a los de la gran mayoría.
5. La firma del TLC que se está “negociando” no responde a un Plan Nacional de Desarrollo para Costa Rica. Se toma desprevenido al Estado y a sus instituciones, las cuales deberán modificar sus estrategias, planes y programas en función de las condiciones impuestas por los contenidos del documento, sin que tales contenidos expresen las necesidades de desarrollo social, económico, cultural y político nacional.
6. Como parte de la estrategia económico-militar adscrita a la firma del TLC con los Estados Unidos, las telecomunicaciones en manos privadas constituirán un elemento fundamental para el control de las vidas privadas de millones de centroamericanos en el marco de la guerra declarada unilateralmente por los Estados Unidos al terrorismo y apoyada por el Gobierno de Abel Pacheco.
7. La privatización de los servicios públicos, lejos de mejorarlos o mantener sus condiciones actuales en cuanto a calidad y precios, los encarecerá y deteriorará, tal y como lo demuestran las experiencias dominicana y mexicana. Los mismos Estados Unidos han sufrido el descalabro de los servicios que están en manos privadas, tales como la electricidad y el agua, a los cuales no se les inyecta capital para mejoras y mantenimiento y llegan a dañarse tanto que fallan irremediablemente.
8. Un TLC con los Estados Unidos no resolverá las asimetrías internas en el país. Es decir, lejos de ayudar a cerrar la brecha entre los poderosos económicamente y los más pobres, la ensancha, pues se favorece que los sectores industriales, productivos agroindustriales, manufactureros y otros, generen desproporcionadas ganancias a su favor, con retribuciones en empleo mal pagado a los grupos mayoritarios de la población; además, el ingreso masivo de bienes de consumo norteamericanos al mercado nacional, llevará al desplazamiento de productos con valor agregado producidos en Costa Rica.
9. Los agricultores norteamericanos reciben enormes sumas de dinero como apoyo a su producción, lo cual les permite generar mayor rentabilidad y reducir los riesgos de quiebra por situaciones inesperadas, entre otras ventajas. Todo lo contrario sucede con los agricultores costarricenses, para quienes el acceso al crédito, a la asistencia técnica y al empleo de tecnologías para la producción es difícil, amén de recibir pocos incentivos para el desarrollo de sus actividades. Esto no solo es una enorme desventaja para los agricultores costarricenses frente a los norteamericanos, sino que, evidentemente, condenaría a la mayoría de ellos a la quiebra, el desempleo y el empeoramiento de las condiciones socioeconómicas de las regiones rurales.
10. El TLC con los Estados Unidos abre la posibilidad para que empresas norteamericanas con fondos para investigación puedan experimentar con el patrimonio natural costarricense (bosques y animales), quedando en manos de ellas las patentes y el usufructo permanente bajo el carácter de propiedad intelectual, sin retribución alguna al país. Más aún, cuando se comercialicen los resultados de esas investigaciones, evidentemente los precios de los productos serán de difícil alcance para las mayorías. Lo mismo sucedería con los medicamentos conocidos como genéricos, los cuales si se acogen a la modalidad de propiedad intelectual vía patentes, se encarecerán entre un treinta y un cincuenta por ciento haciéndose casi inaccesibles para la CCSS y los usuarios pobres.