Punto de encuentro al sur
Eran profesores de variadas
disciplinas, avisados en su responsabilidad para con el destino
del resto del tumulto humano. Se barajaban cartas de peso, naipes
del orden de la evolución o el código moral. De todos pendía
la conspicua opinión al modo de moquito que no acaba de
desprenderse. Un joven de temprana edad, tanta edad como años
pasan sin que un viejo se muera, dijo en un momento de relajo,
entre pilar y pilar de profundo saber humano: ayer no pude, por
este enojoso catarro que me persigue sin descanso, estar mas que
una hora queriendo ver las anunciadas estrellas fugaces. Hay que
ver cuánto tiempo y qué corto el espectáculo...Digo que
perdemos gustosos el tiempo para ver las fugaces, y no somos
capaces de mirar por un momento las que están estáticas, lo de
siempre. Me pregunto cuánto de carácter humano hay en este
hecho. Pensar en ello, profesores...Es evidente, al tiempo que se
acostaba en su silla y el café con leche se frotaba las manos
del frio que pasaba, que al hombre le interesa mas que nada lo
pasajero, lo mutable. Todo se debe quizás a la breve calidad, a
lo efímero de nuestro paso por este punto del Universo. Añado
que es fútil todo intento de perdurar mas allá de los propios límites
que marca nuestra postrimera existencia... Sin embargo es cosa
demostrada, era ahora un hombre experto en diversas materias, un
hombre de bombín y bastón agarra tobillos, que hay
particulares que reniegan del fenómeno temporal y se esfuerzan
por abarcar, en su legado, la mismísima eternidad. Y aún mas,
la misma reproducción, parte esencial de todo ser, es además
base que sustenta mi teoria. Digo: aún el menos preparado de los
hombres sabe que va a morir indefectiblemente. Quisiera al menos
que parte de su ser sobreviviera en la forma que sea... Entonces,
hablaba ahora el escéptico y a la vez el mas viejo y no por ello
el más torpe, a mi izquierda se piensa que, por su propia
brevedad existencial, al hombre le fascina ante todo lo caduco.
Mi derecha se esfuerza en razonar nuestras motivaciones sexuales
por el gusto de durar mas allá de nuestras fronteras temporales.
Lo único cierto es el hecho. Cada explicación a los
hechos son pura masturbación mental. Entre otras herencias somos
fugaces y por tanto fugaces son nuestros anhelos. Por ejemplo
aquel de superar nuestro próximo y definitivo fin. Mientras
tanto, podemos dejar enfriar el café hablando de la grasa del
pensamiento, o podemos empeñarnos en retrasar cada segundo que
ya es segundo muerto... El viajero entonces, testigo de
razonamientos por accidente, penetró en un bucle mientras
comía placidamente su plato próximo, el pobre, al café
templado. Fué cuando aquello de: arrastrando mi condena
voluntaria tengo que pensar en el carácter sexualmente sobrio de
los sabios: yo sólo quiero aprender de ella...
En un dia frio cogí el autobús, y
allí estaba ella: Hombre, no sabía que tu madre era fértil...
Ah, era fértil. ¿Y su hija ? Creo que si. Pero no es suya, la
tiene engañada. Bueno...Luego llegaré a mi casa y mi tormenta
materna tendrá un terrible dolor de espalda que no la dejará
pensar. ¿Qué tal, entonces, Vida? Vaya, vaya.... Pues no me
muero. Me dirá que me ponga siempre muy derecho, ponte derecho
me dirá entre mucha gente que sufre, y algunos que por lo menos
no olvidan rezar cada día... Con tanto ánimo le agradeceré mi
presencia y me iré a mi cuarto a escribir o masturbarme.
El autobús cruzaba la periferia, que no es sino un vertedero de
hombres. ¿Qué tal en la casa? Luego llamaré, y me arrepentiré,
y volveré a llamar, y me volveré a arrepentir... Por qué razón
del demonio tengo que tener, con lo felizmente desgraciado que yo
era estando sólo...
Estando en un lugar que
es límite de la existencia, esto es, entre el fin y el principio
del mundo, donde sólo los hombres con perro oledor entran y
salen, recordó que una vez las cosas eran distintas. Y ello se
veía en todo lo que le rodeaba. Al sur... Más al sur ya
no hay nada conoció a una mujer del viaje impulsada a este
encuentro desde una región muy nórdica. El punto de encuentro,
cuando nadie venía, se pasaba las horas especulando sobre su
futuro, muy pálido él, muy negro él. Nunca un punto de
encuentro esperó tanto como este, si descontamos los puntos
aparte. Pues bien, ya que se cuenta con un punto de
encuentro sólo queda encontrar dos seres que tengan en común un
instante y un lugar. Aquí, en la esperanza del pasado, el sol caía
como un fruto en el horizonte. Y digo aquí, aunque se trata de
un sitio muy lejano, y me refiero a presente, aunque se trate de
un suceso muy pasado, porque se sabe que éste en comunión con
todos los lugares forman una gran extensión que se conviene en
llamar Aquí, y se sabe que el tiempo es una enorme bola sin
cabos a los que asirse. Es costumbre y también sucede así en
ciertos casos especiales, que a los puntos de encuentro, que por
sí sólos merecen que se les trate, suelen llegar a un tiempo
los pares que se van a encontrar. El viajero, que ya entonces
contaba con la sombra de su perro tanto como su perro disponía
de la suya, andaba delante o detrás, nunca en estado paralelo no
se sabe si por hacerse el animal alguna distinción, y mientras
lo hacía, su vista iluminaba el camino, pues sin ella éste se
imagina estaría a oscuras y lleno de obstáculos. Y así
viajando hacia el suyo propio, recorió puntos de encuentro muy
diversos, algunos vacíos, otros ya en blanco y negro, la mayoría
interrogantes e impacientes por ver su futuro. Hay que decir que
varios pusieron a prueba la templanza de nuestro gallo de
gallinas de polvo y barro, y que aprovechando la situación impar
del pararayos del sol del camino, se insinuaron con artes
despreciables. Pero él, siempre alerta, supo esquivar todos
menos el último, que al esperarle puso fin a la convivencia pacífica
perro-dueño. Acercandose por otra vía estaba la viajera con su
pelo enmarañado y su cuerpo polvoriento. Ella también despidió
a los suyos con ademán alegre, señalando por otro lado
una ventana a un mundo de compañía. Como más al norte no hay
nada, preparó un viaje al sur, a campos más secos. Su
figura recorrió la interminable senda antes de morir su soledad
en manos de algún otro que buscaba enterrar la suya. No
viajaba con perro, pero muchos le salieron al camino y le
montaron la pata. El punto de encuentro entre estos dos que hemos
dicho llamado Aquí en representación del punto Universal, no
disponía de sur, pues se sabe que más al sur no hay nada. Quizá
esto extrañe a los giradores libres de cabeza pero me consta que
hay lugares que no disponen de todas las orientaciones y en
particular, este no disponía de sur porque era el mismo sur,
meca de caminantes con o sin perro que se le alejan por ver venir
su reflejo en un camino...
Ahora, en un lugar que es límite de
la existencia, un rato tras la muerte y esperando volver a nacer,
el viajero, que observa como en orbitas de brazo variable un
perro hocico a tierra busca sin perder el ánimo, que a
veces le ve y a veces le adivina cuando los setos un dia floridos
le separan unos segundos de su sombra, recuerda que un dia todo
fue distinto, las cosas fueron distintas. Fue una vez que había
perdido de vista al perro y preguntó a una mujer que extrañamente
cruzaba un punto de encuentro vacío... No se que le gustó,
quizas sólo poder preguntar a alguién, hacer un puente entre
dos islotes circunstancial, descansar de su orilla en brazos de
otra arenosa y cálida. El oxigeno que respiró, transmitió las
palabras. El telón no cayó antes del final.
Los tres seguían discutiendo
mientras el viajero, en la sopa, se reflejaba en el aire. Con
cada sorbo de sí mismo y no pudiendo esquivar el torrente de
palabras malignas de los enfriadores de café, se escapó hacia
recuerdos agradables pero tuvo que volver. De repente uno de los
tres educandos se levantó y se fue. Los otros se quedaron extrañados...¿Es
posible que haya un final? Se preguntaban sacando la mirada
del tiesto en un gesto reflexivo. Se olvidaron el uno del otro
mientras duró el levantamiento de pesa cerebral. El comedor
entonces permaneció callado no se sabe si en señal de respeto.
Tembloroso, lo veía el viajero escapado en la sopa, otro
profesor se levantó, miró a todos lados como esperando
localizar una gacela, y salió sigiloso a cuatro patas contra el
viento. Se quedaron entonces solos si se admite que cada uno en
una mesa les separaba tanta distancia como para estar solos en el
mismo recinto...El único profesor que quedaba buscó, y en esto
encontró al viajero medio en la sopa que le miraba asustado.
Intentó escapar otra vez pero le faltó respuesta y el educando,
como un tigre tirando de un cuerpo de mula, se encendió un
cigarro, pidió un café para él y otro para su fingido amigo, y
comenzó a hablar lentamente, seguro de sí mismo, mientras el
café extrañado veía como no era bebido por más que soltaba su
aroma caliente.