Poco puedo decir sobre ella, nada encima, nada

 

Con ella hubiera vivido para siempre feliz. Pero alguien dijo que era fea.

Entonces miró y ya no se consideró tan dichoso.  Luego vinieron otras campeonas de hermosura que acabaron con la alegria que le quedaba. Se dijo a si mismo mientras moría de pena, que la apariencia es la costra de una herida milenaria, que es el hombre. Si existe la noche es para poder ver como somos. La luz borra lo real  como la razón el sueño. Pero hay unas horas para mirar al balcón del alma que el camino de cobre se queda para sí. Luego la molesta inteligencia que tanto separa a unos de todos los demás.  El placer de las pequeñas cosas de cada dia, ya ni los mas pobres se salvan amparados por la oferta de sueños de la tele. No hay  tiempo para morirse de hambre. Convencida de que el ganador pierde automáticamente el gusto a ganar la simiente opina que no crece contra nadie. Que quisiera un proceso natural sin hurtos a su bien planeada felicidad. La simiente no quiere participar aún a riesgo de pasar por pasiva. Lo prefiere de hecho. El dorado tiempo. Y ya no valen plegarias. Y siempre sale mal en las fotos, y nunca tan arriba que de miedo. Hay que luchar. Y las madres que le ponen los cuernos a sus hijos quieren para ellos un buen casamiento. No con una muchacha fea y vulgar, no por amor vulgar que eso se pasa. No al menos bajita si te vas a suicidar por ello. Invierte en esos valores que los otros son alquimia pasajera. La experiencia de los años que no tienes te lo dicen. Siembra el porvenir. Recoge tempestades.  

 Poco puedo decir sobre ella, encima de ella, nada. Nos conocimos el viernes y está claro que lo iba buscando. Yo por mi parte siempre lo busco.  Ahora me debato entre la llamada o el silencio eterno.  En tres ocasiones intenté besarla sin exito. Sólo hubo uno cuando ella quiso, que fué en la despedida y sin réplica. En un principio no la hice demasiado caso. Es mas, pensé que se trataba de una mas que quiere y no puede ser agradable, y fallece en el intento todo intento de ser amable. Lo que pasó fué lo contrario.  Pasó que se iba. Y yo ya me disponía a echarme con gracia cuando me invitó a irme, pero con ella. Comencé perdiendo dinero, amigos, dignidad. Ya sólo me queda el teléfono que no pienso descolgar. Estuvimos en un lugar que no me inspiraba gracia alguna. Y por no gracioso fui siendo pesado,  sentia que se estaba llendo poco a poco. Se sabe que el silencio entre extraños es poco antes  que un final precipitado. Voy a llamar. Pero tengo que pensar primero. ¿No será que me estoy cagando? He llamado. Es mas, ya ha pasado  tiempo. Pasó  el tiempo y el dinero. Porque pasa que el amor es menos bonito que caro y muy bonito si albergas esperanzas de final. Si no, acabas mal o es imposible: La vida par y la vida feliz, la vida impar y la vida sana. Vivir sin fracasar. Quiero querer, me da igual a quien con tal de sentir la presión del amor contra la burbuja de lo real.

  Poco a poco, de ladrillo mal cocido, se concluye el edifio de la mentira. Es sin columnas que sujetar cierto peso, al gusto de cualquier sacudida. Y la mentira engaña al que miente también en sus dimensiones, no sólo en el daño implícito: se demuestra que la mentira engaña al provecho que sirve. Y el desastre es consecuente.  Cualquier mentiroso sabe que hay un punto de no retorno, a partir del cual se pierde esperanza de solución pacífica. Y ese punto es en la propia concepción  intracerebral del engaño . Así que el hombre, que es el único que sobrevive a la mentira porque es el único animal que abre la boca para mentir, se pregunta igualmente por qué miente. No antes, no en el transcurso de la acción, único instante libre de culpa, siempre la duda surge después: La pregunta es exclusiva del que sufre los amargores del mentiroso. (A pesar de esto  “no mentirás” es  verdad  en perenne actualiadad). Pero este párrafo advierte para darse gusto: tras años de experiecia se sabe que hay un mal a la altura, y esta argucia del demonio es sin mas la verdad insensata, la verdad a secas, la verdad total.  La verdad  dicha en momento oportuno es suficiente ella sóla de las peores desgracias.  Se entiende con cualquier tipo de tortura medieval.  Y se lleva todo, deja todo nuevo, liso, desértico. Como un ciclón. Expuesto el dilema antiguo, toca decidir que cara poner cuando al ocultar la verdad no se esté mintiendo...   Demostrando mucho aplomo dije, vaya verde tan verde. Tras este pequeño fracaso ella siguió, si, un verde poco rojo. Así que, conteniendo las lágrimas, no pude mas que decir, no hay consuelo para el virgen de tu novio. Y ella  me metió la mano por la ropa. Ya batido me callé, cosa que agradezco... Respondo que debe ser de materia esponjosa y buen cerebro silvestre. Siempre las manos de escarcha le robo su energia,  ella prefiere mi deshielo a su calor. Una vez ausente, permanecen suyos ciertos vínculos tangibles que al absorver fuí preso. Con ellos siempre pendientes de mí, reflexiono en la batalla. Dónde van los altos pensamientos  que al hombre consume su mujer. Dónde  los milagros del músculo de su cerebro. Arrastrando mi condena voluntaria tengo que pensar en el carácter sexualmente sobrio de los sabios: Yo sólo quiero aprender de ella...

Hosted by www.Geocities.ws

1