Norskeen

Ora inventando que por fin esa noche veriamos la aurora, ya deseando cazar lo maravilloso de la luz del norte, con nuestras mecánicas y ciertas nativas, desatracamos, que fué el hacerse al bosque oscuro sin mas armamento que armadura de ilusión...

 Todo empezó un dia después de tener la idea, tumbado boquiabierto sin eyacular apenas. De repente como un aire desbocado. De ese reverendo recuerdo, pasó el examen del tiempo apenas un timido desazón que ahora pretendo describir.

 ...ya poniendo las mecánicas a punto con raras supersensibles pelicuals japonesas, tras meses de ansiar la cortina, el bucle y el arco de color de la luz del norte. Y esque el dia amanecío triste y gris en Kiruna, 300 km dentro del circulo polar, y  súbitamente las nubes desaparecían dejando nítido el cielo e intacta nuestra esperanza de ver esa noche la aurora boreal. Se trata de cazadores de luz: Fidel aseguraba, se había tomado el te con leche y por fin terminaba su trozo de pastel de setas del dia, que el frio da el color, y yo le miraba esceptico desde mis gafas, a pesar de que por poco me siento sobre ellas un momento antes. Que el frio es la lente y sin él no hay sufrimineto, y sin él tampoco deseo satisfecho. En fin, yo le hacía el caso  que merece un artista con más vida que obra. Las horas pasaban lentas y dolorosas hasta que anochecía. Entonces cargabamos el tripode a la espalda y salíamos al agreste escenario, temerosos de  lobos imaginarios y otros monstruos que nos inventabamos para matar el tiempo de espera en medio del frio glacial.

 Nieve en Kiruna, frio como queda dicho. Amarillo pálido ciano con algun tono cálido anaranjado. Y azul espectral raro de mezclar en paleta con primarios, azul grisacio violaceo también, y negro por fin de la noche cerrada, sobre gris de nieve oscura. Entonces un hermoso telón verde fugaz, perseguido convicto por nuestras cámaras mecánicas carreteadas con film de alta calidad y poco grano: no compite en intensidad con la más simple de las bombillas. El pintor viene atraido por este lienzo y es mi afán el saber lo que se propone en el caso de Fidel. Eso si, primero me tomo el cafe, corro el riesgo de dejarlo enfriar. 

 Por cierto, de dibujantes o que practican las finas artes, que no se creen lo que ven, que miran y ven aceites tintados, asidores de grafitos, abogados de la imagen debajo de la imagen. Esos son capaces de venir al frio si el frio tiene una luz interesante. Tan inhospito era ese lugar que los que estaban no eran conscientes, y los que venían era que les abrasaba un anhelo mayor. Fidel miraba por undecima vez el cielo y torcía el rictus para exclamar en voz baja - Jose, está clareando, esta noche la vemos, joder que si la vemos. Yo le replicaba, por quitarle hierro, que no fuera capullo y  se callara, que estaba escribiendo una postal a mis abuelos y se me enfriaba la sopa.   

El dia que murió Cela, ya de noche, un taxi sueco nos dejó en inusual cruce, porque lo era de camino de renos, alejados del pueblo y de toda contaminación lumínica posible. Mientras los ojos se adaptaban a la falta de luz, montamos los trípodes y sacamos las cámaras, hasta entonces bien aisladas del frio. Que allí, tan alejado de todo que no alcanzo a describir, la media no superaba los menos treinta siendo generoso: nada bueno para las cámaras a pesar de estas ser mecánicas, las únicas capaces de soportar tales tempraturas. Ni que decir tiene la carne humana. Y mis pies, que ya no sentía por mas que pateaba el suelo nevado, ni hablar claro de las orejas: perdí irremisiblemente una congelada el dia que por fin, tras meses de espera y planes y proyectos, vimos la aurora boreal en el cielo kirunes de Suecia, el dia que muió Cela 5300 km abajo y amenció triste y grisaceo en cualquier sitio donde se sabe leer, a pesar de sus multiples deudores.

Reflejada en la nieve sería en todo caso la luz de la aurora en ese solitario enclave, y el silencio lo era hasta tal punto que convertía en molesto batir el del mismo y propio corazón del vecino, en ese cruce de renos mitad de ninguna parte. A las once y media de la noche del 17 de enero del 2002 apereció súbitamente la aurora. Fué primero un lazo verde el que pintó el cielo dejandonos de piedra y absortos, invadidos por tanta hermosura natural, olvidando el frio y el largo camino y espera hasta ese momento. Entonces nos abrazamos de alegria, y humildemente dirigimos nuestros objetivos con el deseo de imortalizar y congelar el ya frio momento sublime, que el azar y la ilusión  puso delante de unos cuantos disconformes, gracias al cielo...

Hosted by www.Geocities.ws

1