Mi cuarto

De lejos como del pasado lejano suenan las sirenas del Ferry y él se imagina en popa. Prefiere proa, pero proa está reservada para la tripulación a rayas.

Todo es reunión ahora en la apacible y oscura cabaña y no vota nadie en alto porque es la hora larga de la soledad y todos, con los infinitos musculos apretados y atentos como gatos, observan el futuro expectantes. Él coge y cierra con frenetico movimiento su mochila no vaya a ser que un viaje pase de largo y eleva la mirada por encima de un reparador que sostiene desengaños allí donde imponente un reloj marca el camino al tiempo (ahora este es insignificante y podria ser un bicho colado en la casa, ahora este es magnífico-soberbio: porque el reloj no tiene forma y muchas sombras proyecta según que sol y que ojo se sirva de su minuteo ( que los minutos gotean) para dirigir sus pasos, precisamente del estado de animo  depende el goteo, dice el manual). En la cabaña, en su cuarto, a la izquierda según el sol nazca por el este o a la derecha según se ponga por el oeste tiene el viajero un mapa colgado y plastificado, un historico mapa que a juzgar por los contornos del pais que tiene pintado  bien podria ser tan antiguo como se quiera o tan moderno como se suponga. Tras el mapa, pared y en ella, clavo, y bajo este, cuadro, y en él, imagen, y en mi ojo al mirar, un retrato, y en su ojo al mirarle, una nube, y bien mirado, podria ser un pueblo con alcalde, y mal mirado podria no verse sino sombras anhelantes, y bien pensado, es un cuadro, cerca de un mapa, y un regalo del pasado que prometia eternidad sin saber que la eternidad dura un rato mas o menos. Pero nunca más.

 

Se mira en el bolsillo: efectivamente podria meter un billete y sacarlo con facilidad. Conviene tener aclarado este asunto, porque cuando un viajero llega a un tren que nervioso en su puesto de salida ruge deseando salir como un toro picado desde la plaza y tiene que comprobar la hora en la que se permitirá la estampida de tan salvaje y metálico animal, se requiere un rapido y cómodo acceso al bolsillo donde se tiene previsto guardar los billetes, para que todo el tiempo que el viajero se pase en este asunto se vaya en buscar la hora de salida. Un poco mas abajo en el cuarto, y esto también cuando el mismo no tiene luz, se deja en reposo un gran baúl en los límites de gran maleta por su tamaño donde el artista pondrá seguro su pequeño piano, que viene con dos manos para cuando el artista esté cansado del viaje pero deseoso de encontrar la paz que en la música vive (si, lo ha probado, y no le sirve de ataud. No tiene, nunca ha sido del todo practico, previsto este punto, y no le ha parecido oportuno que el tamaño se ajuste además de a su pequeño piano, a su articulado cuerpo. Es posible que se incinere la parte sobrante o la envien al mar, en todo caso que todo se lo manden a él que poco tiene con mandar mensajitos en forma de olas imparables), pueda. Al lado del baúl, un atril. Y no sabe si llevarse el saco de dormir porque todavía no sabe donde va a ir. Y si puede dormir en sitio blando como queso de tetilla se evita transportar, es primera lección de economia de viaje sólo llevar lo altamente imprescindible, bultos innecesarios que agradecida le estará su espalda vieja, es decir, su espalda cuando sea viejo.

 

Con 88 teclas enfrente el pequeño piano, con ninguna tecla pero tres grados de libertad al lado del pequeño un trípode sin cámara, con 15 teclas al otro lado del piano y en su funda de luto una cámara sin tripode con un montón de historias y otras tantas en blanco que tiene asignadas antes de su jubilación, destinada  a recordar como un dia recordaba los recuerdos, con la facilidad de no se cuantos fotogramas por segundo, y sobre todo, teclas, musica, imágenes, tripode, sueños, gente veraneando en la playa mejor que en la montaña, gente veraneando en la montaña mejor que en la playa, suspendidos y aprobados, defensores de indefensos, indecentes, tu, él y yo : un mapa con estrellas del firmamento, que son sus actores mejores pagados.  Porque el viajero (vuelve a abrir por enesima vez la maleta y repasa la enesima cosa que creia haberse olvidado pero que efectivamente se acordo de meter justo después de la enesima menos uno, y la cierra freneticamente no vaya a ser que un viaje pase de largo por su cuarto) tiene cuatro mapas: uno politico de España, uno fisico del Mundo, uno politico del Mundo y por fin un enorme mapa de estrellas y sus nombres de constelaciones. Cada uno de ellos en una pared de su cuarto en una solitaria y apacible cabaña., donde todo es reunión y no vota nadie en alto porque es la hora larga de la soledad y todos, con los infinitos musculos apretados y atentos como gatos, observan el futuro expectantes.

 

 

 

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