La mamma morta

Una vez, la madre cerró la puerta, cambió sueños por dinero e hizo una fortuna que perdió por la mañana, la madre abrió la puerta y le despertó la luz.

 

Cuando vivía este sueño de la Muerte no le abrazó lo suficiente; a él le faltaron abrazos, besos, alegrías. Confórmate ahora, hijo suyo, que persiguiendo un recuerdo todo el dia no le tocas ni un segundo. Y entre suelos de lagrimas se pregunta si hay dolor más valioso y... ¿Donde está? ¿Dónde ha ido? La puso la mano en la cara una hora antes de que la llevaran y dijo con voz templada: tranquila mamá. Y lo dijo porque ella tenía miedo, andando quizás por extrañas tierras. Cogió su mano con fuerza: cuando abría los ojos, cada vez que en ese mundo de tinieblas que recorría tropezaba, cogía fuerte su mano, y repetía: tranquila mamá, estamos aquí, pero... ¿Dónde ir para estar aquí? Desde la triste habitación asesina del último momento: el suero, como lagrimas,  gota a gota en el fin. Cerca, acompañantes vencidos por el cansancio de noches en vela, soñando un milagro que no les sacara de aquella habitación definitiva. En medio, como suero, un hijo tiraba del hilo de su vida con viejas fuerzas, como se tira del tiempo hacia atrás. Ella permanecía tranquila, esperando sin curiosidad. Toda la noche luchando por quedarse, sola, cansada, en el camino que se recorre siempre y nunca dos veces. Llegó la hora de comer, los acompañantes estaban preparados para un mes de lenta agonía. Los turnos no dejaban sóla a la madre ni un momento, ella ya se había despedido de su soledad, nunca más ésta supo nada de ella. En realidad se había despedido de todos unas horas antes: en el mundo que te abre la morfina no existen apenas cosas de otros mundos. Es uno exclusivo donde nadie que penetre trae esperanza en la mochila. Pero en este, sin apenas fisuras, la madre encontró por la mañana una ventana al mundo real. E hizo lo que tuvo que hacer, y lo hizo como pudo, todos los implicados cayeron en la cuenta. Unas horas antes de que la llevaran (ella, nos consta, no se fue) se asomó a la ventana y extendió un brazo pidiendo a los ojos pendientes que se acercaran al cuerpo, con menos alma que frio mortal. Pidió un último contacto, un abrazo que quedara escrito en el tiempo, con esas imágenes reservadas que son tan pocas que un niño puede contar. Uno a uno todos los que importaban fueron pasando por ese brazo extendido al mundo que despedía, uno a uno, gota a gota, todos pasaron y dejaron allí parte de la vida. Allí acababa la vida de cada uno que pasaba por ese brazo suplicante que pedía más, más abrazo. Aquí se separaban los caminos y sólo ella partía sola...Llegó la hora de comer...irse significaba no verla más con vida. Llegaron a casa los tres, una vacía que aguantaba el peso de un gran hueco en sus cansinos cimientos: Los hermanos y el barco que perdía su mar, el padre nuevo y el viejo marido apunto de morir. Con la mente puesta en aquella fatal habitación de número impar de la que no todos salieron con vida. Se puso a hacer la comida rápidamente, una receta aprendida los últimos dias...Cuando volvían un presentimiento era adelantado con toda rapidez, el padre iba delante, viendo lo que ya era pasado imperfecto...

Le han pedido una esquela, unas palabras para el monumento...El dolor es siempre aleatorio, permanece callado ahí abajo, en el fango, tranquilo, dormido. No crece, pero su morir es hundirse cada vez  más, cada vez más dentro y más callado, más perdido. La madre, el hijo,  del recuerdo, su madre, quisiera prolongar su prole de sueños con la esperanza de atrapar uno sólo. Uno sólo, un instante. Pero es pasado perfecto, cerrado.La mayoria de las personas le parecen ahora extrañas, le piden una esquela para el enterramiento que desentierre el recuerdo escondido en su interior. Seguir vivendo es mantener ese niño callado, y el ruido es extraño y demasiado cercano.Que ese recuerdo enterrado vivo nos mantenga unidos hasta que la muerte quiera, hasta que la muerte nos deje de soñar y desear. Unidos a ti, y unidos  los que quedan a lo que puedan.  

Sus últimos dias , ella siempre tan guapa, no recibía amistades por no dejar un mal recuerdo: Mezcla de belleza y sabiduría. Se sabe que incluso antes de que la llevaran (demasiado joven como para irse por sus medios) dejó bien atados sus deseos y el porvenir de los parados. Que voló él lo sabe por boca ajena, pero no muy alto ni muy rápido, conociendola. No se sabe donde fué, sólo se sabe que alguién no pudo soportar su falta allí donde viven la muerte los mejores. La última  expresión estaba viva, dejó rápido al mal bajo con un mensaje en el rostro acabado: vivir con fuerza . Buscó a su madre tras vaciar su cariño en sus hijos, maridos, hermanos, y familia. Que  se quedan con la esperanza por haber perdido todo lo demás.     

 


Hosted by www.Geocities.ws

1