No lo hacía sólo por andar, no
por el gusto de mantener un pulso indefinidamente. No
alejaba caras extrañas por capricho o simple desgana, no.
El viajero batia arenosos caminos por llegar a ALGUNA PARTE,
alguna vez. Y por eso iba dejando años como pieles por las
interminables sendas, y por eso, llegados a este punto del
afanoso viaje, el perro había comenzado a arrastrar la lengua
por los suelos. Y el amigo de su espalda, con medio metro de
lengua rayando el paso, habia perdido levemente la alegria del
rabo. Levemente... llegaron a un lugar particularmente frio.
Había un jardin
perfectamente cuidado babero de una casa de teja y alturas, tan
frio que huir quisiera y hubiera hecho a no ser que por pena
descansara por ver descansar a su fiel compañero. Se acostaron
en el abrazo de un viejo sauce. Y se durmió, como duermen los
perros. Breve y profundamente... Pasó que la casa no tenía
hendidura, ni pliegue alguno al que asirse tenía. Era lisa, fria
y azul. El viajero entonces, a modo de viajero que descubre lo
insólito en el camino pateado, ronroneó bravamente ahora que
sabía que tras lo hermético del edificio se escondía lo
hermoso del secreto que tanto buscaba. No pensó en desistir
llegados a este punto. Pensó con sensatez en detenerse a meditar
una salida para entrar. O un entretenimiento que mienta al tiempo.
Su perro también soñaba. Era evidente lo especial del momento,
tan buen momento era que quería morirse ya. Porque tras tanto
cruce de caminos y decisiones y pérdidas, había aprendido que
debía sentir miedo a morir en estado lamentable. Que el morir
se estima en algo. Pero lo dejó para mas adelante puesto que se
trataba de simplemente una persona común, nada interesante.
En este caso hubiera valido algo sólido,
pero nunca tuvo nada sólido. Sólo tuvo un perro. Y del perro
deberian aprender todos los curas del mundo. En su eje0mplo
deberian doctorarse los mas dotados. Y digo deber por no decir
que un cura sin ánimo de perro es un cura falso. Todos los
perros adorando a Dios, imagen santa que todo amo quiere para su
fiel. Soñaria con un hueso que le lloviera del cielo cuando el
viajero-dueño comenzó a dar cabezazos en la pared.
Con cabeza pequeña grandes en la dura. Todos sabemos que hay que
tener paciencia y que la fuerza no vale. Pero aprender a esperar
es el fin de todo aprendizaje, y en un estudio válido hay
que llorar. Pero es el caso que el secreto seguía dentro y
él y su perro seguian fuera. Alguno, cabeza en
cuello, sin uñas que morder quiso morder las negras de una
pata, y a la violación el animal puso tal expresión de perdón
que no pudo mas que no dar placer a los dientes que toda
desperación tiene en la boca. Esperar... Una mujer sin
aficiones, llana de cara y de frente pero con un encanto: un
hechizo. Ranas que saltan y a ella todo le hace bastante gracia.
Muchos llaman a su puerta, los recibe y los despide, lo
apunta y lo olvida. Atraidos quizas por el olor a cocido, algo se
cuece, no se resignan los que no quieren y los que quieren se
resignan o mueren. A la diosa ninguna espada se le clava. Le cogió
por los hombros y forzó un beso con la boca prieta. Le tumbó
dejando que corriera la baba por el cuerpo de lucha, ponía la
mano torpemente allí donde quería, rasgó la ropa y en su
desnudo vió un reflejo de monstruo. Y se dió tanto miedo
que no pudo llorar. Ella permaneció inmóvil, brillando,
perdonando que la claven. Todos sabemos. Esperar...El secreto
seguía tan dentro como él fuera, y el perro, cura y fiel,
le perdonó los pecados otra vez...
Le hubiera gustado ser un tipo no
malogrado, pero le perdieron sus calificaciones académicas. Y
por perder, no le queda ni falsa opinión. Y ya no hay nada
que hacer, o pasar por excentrico o genial. Ya no va a recuperar
cierta posición con la que vivir dignamente. Ya no va a ser
nadie. A ver si siendo nadie es transparente y no arrastra
mas cadena que la que no se ve. En todos los actos un humo de
temor por todo lo fallado. Sólo le queda una cosa y esa es el
derecho a la agrupación con su perro para siempre, al que según
parece nunca le importará un futuro que será un pasado para
olvidar.