Los deseos informales

Abrazado a si mismo por el frio, quedan las manos en el caldo apacible de los bolsillos de la gabardina. Humea por la boca: tiene una sobrecarga muscular cerebral (repentinamente, quiso entender).

 

  Por fin, se apea. Desea caminar y si puede, parar y dejar de ronronear.

 Quisiera parar, dejar  un momento de girar. Un instante... Sólo eso. ¿ Qué? Pulmones llenos de brisa de mar. ¿ Por qué no ?   Siempre  uno tras otro y vuelta a empezar. Primero. Brillante. ¡ Quieto un momento por favor ! Le haces gritar. Te suplica le escuches un momento. Sordo. Fin. ¿ Quién quiere quemarse con él en la hoguera ?  Desfilando la carne colgante. Enhebraros  por parejas y después a gritar por placer con los dientes desplegados. Dejaros pulsar, pezones de la vida: los momentos...

   Inutilmente tira de sus bridas. Su vida viajera progresa inercialmente.

 Pasan los momentos mientras duran. Nunca demasiado largos. Ponte aquí ahora y cógeme fuerte la mano. Escoge un pulso. Maldito pez, no te escurras, no te pierdas para siempre. Que quieres que nadie tiene, que te pasas y no te quedas. Bien,  juntemos  y apretemonos dulcemente. Susurra mientras puedas. Grita antes de acabar. Muerte salteada de vida. Continuidad ideal. Arriba. Abajo. Quieta. Rapido. Lanzate de espaldas al peligro, estas en manos honestas. Limpias. Llévame contigo, momento, donde tu vayas. Quiero ser tu esclavo.

   Como el viajero pretende parar, es empujado automáticamente. Protesta, pero es mudito.

 Se pregunta, ahora todo pasa rápido, por la mitad de su vida. No duda de dicha mitad sino que quisiera saber la fecha exacta. Todos pasamos por la mitad de nuestra vida sin saberlo.  El reloj ya no conoce otras horas que las que ya ha dado una vez. Los principios ya no son primeros. La inocencia ha muerto en manos de la experiencia, que orgullosa se contonea y pisa fuerte. No hay  auténtica y duradera alegria sino alegria sorda y preocupada . O carcajada vacia y eyaculada. Jura morir antes de pasar por la mitad de su vida.

  Se va a la mierda. Hay veces que lo prefiere. También prefiere mentir. O no contar la verdad.

  Ella está de espaldas, no sóla. Pero él si y la coge del brazo para girar su cabeza interrogante. Le clava sus ojos en sus interioridades pero logra disimular. Apenas habla cuando ella sonrie sin razón. Necesita una mentira o salir corriendo. El sonido del paso callado del tiempo se le clava también en el alma.  Huir:se va ella.  Miedo a que ocurra lo que desea. ¿Quién es el hijo puta que? Ahora le atizan los recuerdos la conciencia. Paga por ello. Al diablo...¿Por qué no?

 En su camino es hora de hastío pendular.  De lluvia gris intermitente.

  Camina bajo ella frotando el suelo su mirada melancólica. Hundidas ambas en los bolsillos de la gabardina.  Detras, sobre los hombros, soporta la mochila cargada de recuerdos que le doblan por las bisagras del alma. No pide nada a Dios porque una vez  dijo que no existia. Ahora se compadece del sentido inequívoco de la flecha temporal. Y remoja el suelo desde los ojos como deberia hacerlo alguna mujer por su culpa. Y echa de menos a una. Y se interroga una vez más: ¿Me quedan esperanzas que es como esa arena de playa  volátil  que desaparece si llueve, que sale con el sol ?

  Basta, dijo poniendose colorado. Ha dado el viajero un ultimatum.  La providencia está avisada.

  Dios ha muerto, aquí está él con fuerzas renovadas. Sin dejar de caminar desafía a quien los tenga. Está gigante.  Enajenado mental . Que actitud insulltante. Que gallardo caballero blande la espada contra las sombras en los muros , en los suelos, en las almas. Que derecho camina hacia la muerte. Y la muerte, que derecha camina hacia la vida. Valor, caballero.  Aunque pierdas la batalla siempre serás el héroe que todos soñamos ser. Recorre los vastos páramos en pos de aventura gloriosa. Mientras puedas, corre. Después, huye como puedas. Cuando bajes del caballo acuérdate de primero poner los pies en él suelo.

  Ha tropezado con los morros de una mujer.

 Que en vez de desnudarse prefiere echarle. Pero él no se va y se queda a bailar. Lo hace como buenamente puede pero para ella no es suficiente. Quiere el matrimonio o algo mas prolongado. A él se le enfrian las habas que cocían en el cerebro, sobre su cara de engañado.  Clava devotamente las rodillas, aproxima las palmas en un aplauso sordo y se pone a rezar. Ella, histérica como las mujeres que se ponen, grita enrojecida como para hundir las orejas en el craneo. Y se frota los pechos preconcebidos para mamar. En el histórico momento, el rezador dice si y ella dice ahora no. Así  se postra ahora el rezador en toda su extensión y en sus partes a Dios. Quiere una señal divina o al menos una explicación. Y entonces ambos se rien: Mujer y Mujer.

 

   Ya ha amanecido. Otra noche desechable. Camina por la calle desengañada, por el camino de verdad.

 Ya tiene atada la imaginación. Ya no le puede matar. Ahora le toca mirar cara a cara a los ogros, no bajar la mirada en el destello invisible. Ser montado sin mas. Está prohibido soñar. Mientras tanto otros te la pueden meter. Ahora tienes que ver la vida en su justo color y dejar de escribir.  Déjate extirpar la sabia, no hay mas solución y el estómago no entiende de sueños. De sueños...Por supuesto que te puedes cansar. Quien baja la cabeza para beber del abrevadero asume el riesgo del agotamiento. Pero no importa, todo el mundito sabe entre dia y dia que la noche es el futuro presente y el único sueño posible. Y hay que saber esperar o acostumbrarse a ello. O acostumbrarse a algo.

    Mientras recorre el mundo cerca de su casa, se atreve a plantearse la implanteable contradición.

 Ningún viento consulta previamente al molino. Ningún mortal es consultado. El viajero algún dia, el dia que deje de viajar, decidirá su destino o al menos su profesión. Prefiere dejar de rornronear a modo de viajero cuando tenga claro este asunto. De repente se da cuenta de la diferencia entre los deseos y los hechos.

 

 

 

 

 

 

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