Amor
Era joven, de pasado
reciente. A pesar de ello esperó mucho con las articulaciones
torturadas.
Las caras no le llevaban a ninguna
parte, tampoco los trapos que se pegaban a los cuerpos de las
muchachas tocadas por la vista. De entre esta masa móvil de
pecado no había ninguna cosa que atracar. Su mirada pendular no
rebotaba en el rostro conocido, y el suyo apenas podía disimular
una enorme impaciencia. El tiempo pasaba sin que ella se dejara
perseguir, él daba breves paseos con las manos enlazadas en la
espalda y mirando al suelo, generalmente. Mientras este
gesto militar, pensaba en la forma de saltarse la siempre
fastidiosa introducción. Es decir, a pesar de teóricos, ir a
por la revancha antes de ser vencido. Esto contraviene algo de
dintorno o contorno desconocido, no se bien, pero en todo caso
está deacuerdo con la pobre cosecha, en cualquier caso
insuficiente. Vayamos al grano, pensaba frotandose las manos de
ella, todavía ausente. Todo en la vida le sonreía con
moderación. La tentación era grande y él pequeño.
Está sentado dentro de un muro gris de hormigón que forma junto
a otros un edificio siniestro, perteneciente a la policía, auténtico
brazo ejecutor del rey tirano, justamente encima de un torturado
que debe confesar algo que debería haber cometido para mal de
las numerosas marcas de su cuerpo magullado, pero que al no
cometer se cuelga boca abajo hasta el desmayo. Mientras esto en
el piso de abajo, él escribe no se sabrá nunca el qué,
poniendo espacios a las palabras que caen en el papel como frutos
incomestibles, inventandose un oración que mitigue el dolor de
aquel cuerpo que es como suyo. Las que torturan son voces
de mujer que el sistema elige a fin de armonizar algo tan
deleznable como la tortura, esto es, mujeres preciosas al
servicio del mal que es el bien del duro régimen y que paga como
el mejor. Se le clavan las cuerdas al pobre hombre colgado
mientras se pregunta porqué tiene que vivir así. El otro
escribe que te escribe para aliviar un dolor que se ha apropiado,
que debería saltarse para poder respirar mejor. Y el dolor, sin
embargo, es parte de la terapia del escritor, que une sus pies a
los pies del pobre resistente azotado por la masa femenina. Se
oye en la calle como los niños indiferentes se mezclan con las
niñas para juegos sin falda ni pantalón. Alguien tendría que
avisarles. Entre cuatro paredes sin hendidura alguna. Por luz un
sonido de lamento, una petición de respuesta imposible, un dolor
digno, la vena azul que parte su frente. El hombre, colgado,
siente el mundo al revés. Hay una mujer viviendo en su cuerpo
cansado de confinado, alimentandose de sus perdidas, él lo
quiere así. Otro, en el piso de arriba pero no por ello más
alto, escribe oraciones muertas al llegar a puntos. Nadie está
aquí contratado, puede irse en rojo conductor a tierra, violar
la muerte, suicidarse. Pero la vida no es tan oscura, la
muerte no es lo contrario de esto, tortura. La tortura asistida
por mujeres es la meta que todo sufrimiento quiere para sí mismo.
Él ama en saco roto, sólo se sabe querido por su fin, y a este
no va a hacerle esperar demasiado. Es un topo que repta por túneles
de hormigón, que a su desvencijado paso pone cimientos sin
cuadros que luz pinte, lleno de falta de amor que corresponder al
que le cuelga por todos lados. Y a este perro sin dueño, atado
por cuerdas de extremos femeninos, sólo le falta ladrar bien
para acabar de espantar los males que tanto desea: Tiene una
tortura, pero no es suficiente, y este defecto es aún más
doloroso. Mientras esperaba descubrió que tenía una mancha en
el jersey que por más que frotaba con las manos con alergia, no.
Se tapó la mancha atandose el abrigo. Había una muchacha que
podría ser ella pero que se perdió por la calle en busca de
otro asunto que atender. No había tiempo para la mancha, tuvo
que acostumbrarse a ella. Podría haber ido muy rápido y
darse con agua, pero el riesgo que corría congelaba cualquier
actuación improvisada, sólo el peso del pensamiento le mantienía
quieto.Consejo:Ten paciencia y mirala tanto a los ojos para
expresar tu amor que los suyos no miren a otra parte que a si
mismos reflejados en tus lágrimas por perderla. Pero no llores
antes de tiempo, a esto no haya prisa. Mientras tanto podeís
distraeros en el cine o tomando un café viendo como llueve por
un enorme cristal, hablando de cosas de las que podrás
arrepentirte perfectamente. Luego, lentamente, quitándote
importancia, acerca tu mano a la suya. Al principio es mejor la
mano que el resto del cuerpo, pues por este punto se sabe que
ellas toman la temperatura a sus pretendientes. Mientras alguién
daba consejos en vez de estarse callado, él no había podido
aguantar el peso de la mancha y tuvo que ir a lavarse. Fué rápidamente
y pronto estuvo de vuelta. Miró a todos lados, allí no estaba.
Era posible que viniera y se fuera al no verle. Le preguntó a un
árbol que llevaba esperando más tiempo que él y además se
vestía con un traje inmaculado, pero el árbol no supo nada.
Dijo:Por aquí pasan diariamente muchas chicas y no puedo
asegurar. Además, continua el árbol, sólo me interesa una y no
presto atención más que a su falta, no a la falta de otras. Sería
agotador estar pendiente de todas, pues es cierto que transitan
aquí por docenas... Comenzó la verdadera angustia. Maldijo
a la mancha. No quiso comer, tenía demasiada prisa, pero su
madre le aconsejó que lo hiciera antes de morirse. Y al comer
consiguió sobrevivir para llegar tarde y manchado. Triple cara
del mal que le miraba a través del rostro decada mujer
licenciosa, que pasaban por su lado dejando un halo de perfume
embriagador.