Escritos Completos de San Francisco de Asís |
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| Oficio de la Pasión del Señor | |||||||||||||||||||
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[Introducción] Comienzan los salmos que dispuso nuestro muy
bienaventurado padre Francisco para reverencia y memoria
y alabanza de la pasión del Señor. Se ha de decir uno
de ellos por cada hora del día y de la noche. Y
comienzan desde las completas del Viernes Santo [que se
decían al final del día del Jueves Santo], porque en
aquella noche fue traicionado y apresado nuestro Señor
Jesucristo. Y adviértase que así decía el
bienaventurado Francisco este oficio: primero decía la
oración que el Señor y Maestro nos enseñó: Santísimo
Padre nuestro, etc., con las alabanzas, a saber: Santo,
santo, santo, como se contiene más arriba.
Terminadas las alabanzas con la oración, comenzaba esta
antífona: Santa Virgen María. Francisco decía
en primer lugar los salmos de Santa María; después
decía otros salmos que había elegido y, al final de
todos esos salmos, decía los salmos de la pasión.
Terminado el salmo, decía esta antífona: Santa
Virgen María. Terminada la antífona, se había
concluido el oficio. Parte I 1Oh Dios, te conté mi
vida, * y tú pusiste mis lágrimas en tu presencia (Sal
55,8b-9). 2Todos mis enemigos
tramaban males contra mí (Sal 40,8 - Salterio Romano=R),
* y juntos celebraron consejo (cf. Sal 70,10c - Salterio
Galicano=G). 3Y me devolvieron mal
por bien, * y odio por mi amor (cf. Sal 108,5). 4En lugar de amarme, me
criticaban, * pero yo oraba (Sal 108,4). 5Padre santo mío (Jn
17,11), rey del cielo y de la tierra, no te alejes de
mí, * porque la tribulación está cerca y no hay quien
me ayude (Sal 21,12 - R). 6Retrocedan mis enemigos
* el día en que te invoque; así conoceré que tú eres
mi Dios (Sal 55,10 - cf. R). 7Mis amigos y mis
compañeros se acercaron y se quedaron en pie frente a
mí, * y mis allegados se quedaron lejos de pie (Sal
37,12 - R). 8Alejaste de mí a mis
conocidos, * me consideraron como abominación para
ellos, fui traicionado y no huía (Sal 87,9 - cf. R). 9Padre santo (Jn 17,11),
no alejes tu auxilio de mí (Sal 21,20); * Dios mío,
atiende a mi auxilio (cf. Sal 70,12). 10Ven en mi ayuda, *
Señor, Dios de mi salvación (Sal 37,23). Gloria al Padre y al Hijo y al
Espíritu Santo: Como era en el principio, ahora y
siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Antífona: 1Santa Virgen María, no
ha nacido en el mundo ninguna semejante a ti entre las
mujeres, 2hija y esclava del altísimo y sumo
Rey, el Padre celestial, Madre de nuestro santísimo
Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: 3ruega
por nosotros con san Miguel arcángel y con todas las
virtudes de los cielos y con todos los santos ante tu
santísimo amado Hijo, Señor y maestro.- Gloria al
Padre. Como era. Adviértase que la sobredicha antífona se
dice en todas las horas; y se dice en lugar de la
antífona, de la capítula, del himno, del versículo y
de la oración; y así se hace en maitines y en todas las
horas. Ninguna otra cosa decía en ellas, sino esta
antífona con sus salmos. Para terminar el oficio, el
bienaventurado Francisco decía siempre: Oración: Bendigamos al Señor Dios vivo y
verdadero: tributémosle siempre alabanza, gloria, honor,
bendición y todos los bienes. Amén. Amén. Hágase.
Hágase. Maitines 1Señor, Dios de mi
salvación, * de día y de noche clamé ante ti (Sal
87,2). 2Llegue mi oración a tu
presencia, * inclina tu oído a mi súplica (Sal 87,3). 3Atiende a mi alma y
rescátala, * por causa de mis enemigos, líbrame (Sal
68,19). 4Porque tú eres quien
me sacó (R) del vientre materno, ' mi esperanza desde
los pechos de mi madre; * desde su seno fui lanzado a ti
(Sal 21,10). 5Desde el vientre de mi
madre eres tú mi Dios; * no te apartes de mí (Sal
21,11). 6Tú conoces mi oprobio
y mi confusión * y mi vergüenza (Sal 68,20). 7En
tu presencia están todos los que me atribulan; *
improperio y miseria esperó mi corazón (Sal 68,21). 8Y esperé que alguien
se contristara conmigo, y no lo hubo; * y que alguien me
consolara, y no lo encontré (Sal 68,21). 9Oh Dios, los inicuos se
alzaron contra mí, * y la sinagoga de los poderosos
anduvo buscando mi alma; y no te pusieron a ti ante sus
ojos (Sal 85,14). 10Fui contado con los
que bajan a la fosa; * llegué a ser como un hombre sin
ayuda, libre entre los muertos (Sal 87,5-6). 11Tú eres mi Padre
santísimo, * Rey mío y Dios mío (Sal 43,5). 12Atiende a mi ayuda, *
Señor, Dios de mi salvación (Sal 37,23). Prima 1Ten piedad de mí, oh
Dios, ten piedad de mí, * porque mi alma confía en ti
(Sal 56,2). 2Y esperaré a la sombra
de tus alas, * hasta que pase la iniquidad (Sal 56,2). 3Clamaré al santísimo
Padre mío altísimo, * al Señor, que ha sido mi
bienhechor (cf. Sal 56,3). 4Envió desde el cielo y
me libró, * entregó al oprobio a los que me pisoteaban
(Sal 56,4). 5Envió Dios su
misericordia y su verdad; * libró mi alma (Sal 56,4-5 -
R) de mis fortísimos enemigos y de aquellos que me
odiaron, porque se hicieron fuertes contra mí (Sal
17,18). 6Prepararon un lazo para
mis pies, * y doblegaron mi alma (Sal 56,7). 7Cavaron ante mí una
fosa, * y cayeron en ella (Sal 56,7). 8Mi corazón está
preparado, oh Dios, mi corazón está preparado; *
cantaré y recitaré un salmo (Sal 56,8). 9Levántate, gloria
mía, levántate, arpa y cítara; * me levantaré a la
aurora (Sal 56,9). 10Te confesaré entre
los pueblos, Señor, * y te recitaré un salmo entre las
gentes (Sal 56,10). 11Porque tu misericordia
se ha engrandecido hasta los cielos; * y hasta las nubes,
tu verdad (Sal 56,11). 12Álzate sobre los
cielos, oh Dios; * y sobre toda la tierra, tu gloria (Sal
56,12). Adviértase que el predicho salmo se dice
siempre en prima. Tercia 1Ten piedad de mí, oh
Dios, porque me ha pisoteado el hombre, * todo el día
hostigándome me ha atribulado (Sal 55,2). 2Mis enemigos me han
pisoteado todo el día, * porque son muchos los que
guerrean contra mí (Sal 55,3). 3Todos mis enemigos
maquinaban males contra mí, * pronunciaron una palabra
inicua contra mí (Sal 40,8-9 - cf. R). 4Los que acechaban mi
alma * celebraron consejo juntos (Sal 70,10). 5Salían fuera * y
hablaban (Sal 40,7 - R) sobre eso mismo (Sal 40,8 - G). 6Todos los que me vieron
se rieron de mí, * hicieron muecas y movieron la cabeza
(Sal 21,8). 7Y yo soy gusano y no
hombre, * oprobio de los hombres y desecho del pueblo
(Sal 21,7). 8Me he convertido en
gran oprobio para mis vecinos, más que todos mis
enemigos, * y en temor para mis conocidos (Sal 30,12). 9Padre santo (Jn 17,11),
no alejes tu auxilio de mí, * mira por mi defensa (Sal
21,20). 10Atiende a mi ayuda, *
Señor, Dios de mi salvación (Sal 37,23). Sexta 1A voz en grito clamé
al Señor, * a voz en grito supliqué al Señor (Sal
141,2). 2En su presencia derramo
mi oración, * y ante él expongo mi tribulación (Sal
141,3). 3Cuando me va faltando
el aliento, * y tú conoces mis senderos (Sal 141,4). 4En este camino por
donde andaba, * los soberbios me escondieron un lazo (Sal
141,4 - cf. R). 5Yo miraba a la derecha,
y veía, * y no había quien me conociese (Sal 141,5). 6No tengo adonde huir, *
y no hay quien cuide de mi alma (Sal 141,5). 7Porque por ti soporté
el oprobio, * la confusión cubrió mi rostro (Sal 68,8). 8Me he convertido en
extraño para mis hermanos, * y en peregrino para los
hijos de mi madre (Sal 68,9). 9Padre Santo (Jn 17,11),
el celo de tu casa me devoró, * y los oprobios de los
que te censuraban cayeron sobre mí (Sal 68,10). 10Y se alegraron a mi
costa y se reunieron, * se acumularon sobre mí los
azotes y de improviso (Sal 34,15). 11Se multiplicaron más
que los cabellos de mi cabeza * los que me odiaron sin
causa (Sal 68,5). 12Se hicieron fuertes
los enemigos que me perseguían injustamente; * devolví
entonces lo que no había robado (Sal 68,5). 13Levantándose testigos
inicuos, * me preguntaban lo que no sabían (Sal 34,11). 14Me devolvían mal por
bien (Sal 34,12) y me criticaban, * porque seguía la
bondad (Sal 37,21). 15Tú eres mi Padre
santísimo, * Rey mío y Dios mío (Sal 43,5). 16Atiende a mi ayuda, *
Señor, Dios de mi salvación (Sal 37,23). Nona 1Oh todos vosotros los
que pasáis por el camino, * atended y ved si hay dolor
como mi dolor (Lam 1,12). 2Porque me rodearon
perros innumerables, * me asedió el consejo de los
malvados (Sal 21,17). 3Ellos me miraron y
contemplaron, * se repartieron mis vestidos y echaron a
suerte mi túnica (Sal 21,18-19). 4Taladraron mis manos y
mis pies, * y contaron todos mis huesos (Sal 21,17-18 -
R). 5Abrieron su boca contra
mí, * como león que apresa y ruge (Sal 21,14). 6Estoy derramado como el
agua, * y todos mis huesos están dislocados (Sal 21,15). 7Y mi corazón se ha
vuelto como cera que se derrite * en medio de mis
entrañas (Sal 21,15 - R). 8Se secó mi vigor como
una teja, * y mi lengua se me pegó al paladar (Sal
21,16). 9Y me dieron hiel para
mi comida, * y en mi sed me dieron vinagre (Sal 68,22). 10Y me llevaron al polvo
de la muerte (cf. Sal 21,16), * y aumentaron el dolor de
mis llagas (Sal 88,27). 11Yo dormí y me
levanté (Sal 3,6 - R), * y mi Padre santísimo me
recibió con gloria (cf. Sal 72,24). 12Padre santo (Jn
17,11), sostuviste mi mano derecha ' y me guiaste según
tu voluntad, * y me recibiste con gloria (Sal 72,24 - R). 13Pues, ¿qué hay para
mí en el cielo?; * y fuera de ti, ¿qué he querido
sobre la tierra? (Sal 72,25). 14Mirad, mirad, porque
yo soy Dios, dice el Señor; * seré ensalzado entre las
gentes y seré ensalzado en la tierra (cf. Sal 45,11). 15Bendito el Señor Dios
de Israel (Lc 1,68), que redimió las almas de sus
siervos con su propia santísima sangre, * y no
abandonará a ninguno de los que esperan en él (Sal
33,23 - R). 16Y sabemos que viene, *
que vendrá a juzgar la justicia (cf. Sal 95,13 - R). Vísperas 1Pueblos todos, batid
palmas, * aclamad a Dios con gritos de júbilo (Sal
46,2). 2Porque el Señor es
excelso, * terrible, Rey grande sobre toda la tierra (Sal
46,3). 3Porque el santísimo
Padre del cielo, nuestro Rey antes de los siglos, *
envió a su amado Hijo desde lo alto y realizó la
salvación en medio de la tierra (Sal 73,12). 4Alégrense los cielos y
exulte la tierra, ' conmuévase el mar y cuanto lo llena;
* se alegrarán los campos y todo lo que hay en ellos
(Sal 95,11-12). 5Cantadle un cántico
nuevo, * cantad al Señor, toda la tierra (Sal 95,1). 6Porque grande es el
Señor y muy digno de alabanza, * más temible que todos
los dioses (Sal 95,4). 7Familias de los
pueblos, ofreced al Señor, ' ofreced al Señor gloria y
honor, * ofreced al Señor gloria para su nombre (Sal
95,7-8). 8Ofreced vuestros
cuerpos ' y llevad a cuestas su santa cruz, * y seguid
hasta el fin sus santísimos preceptos (cf. Lc 14,27; 1
Pe 2,21). 9Tiemble en su presencia
la tierra entera; * decid entre las gentes que el Señor
reinó desde el madero (Sal 95,9-10 - G/R). Hasta aquí se dice a diario desde el
Viernes Santo hasta la fiesta de la Ascensión. Y en la
fiesta de la Ascensión se añaden estos versículos: 10Y subió al cielo, y
está sentado a la derecha del santísimo Padre en el
cielo; elévate sobre el cielo, oh Dios, * y sobre toda
la tierra, tu gloria (Sal 56,12). 11Y sabemos que viene, *
que vendrá a juzgar la justicia (cf. Sal 95,13 - R). Y adviértase que, desde la Ascensión hasta
el Adviento del Señor, se dice a diario y del mismo modo
este salmo, a saber: Pueblos todos, con los
sobredichos versículos, diciendo Gloria al Padre
allí donde se termina el salmo, a saber: que vendrá
a juzgar la justicia. Adviértase que los sobredichos salmos se
dicen desde el Viernes Santo hasta el domingo de
Resurrección. También se dicen desde la octava de
Pentecostés hasta el Adviento del Señor y desde la
octava de la Epifanía hasta el domingo de Resurrección,
exceptuados los domingos y fiestas principales, en que no
se dicen; por el contrario, se dicen todos los otros
días. Parte II Completas 1Oh Dios, ven en mi
auxilio; * Señor, date prisa en socorrerme. 2Queden confundidos y
avergonzados * los que buscan mi alma. 3Que retrocedan y se
ruboricen * los que me desean males. 4Que retrocedan al punto
ruborizados * los que me dicen: Bravo, bravo. 5Que se gocen y se
alegren en ti todos los que te buscan, * y digan siempre:
Magnificado sea el Señor, los que aman tu
salvación. 6Mas yo soy necesitado y
pobre; * oh Dios, ayúdame. 7Mi auxilio y mi
libertador eres tú; * Señor, no tardes (Sal 69,2-6). Y se dice a diario en completas, hasta la
octava de Pentecostés. Domingo de Resurrección 1Cantad al Señor un
cántico nuevo, * porque ha hecho maravillas (Sal 97,1). 2Su diestra ha
sacrificado a su amado Hijo, * y su santo brazo (cf. Sal
97,1). 3El Señor ha dado a
conocer su salvación, * ante la mirada de las gentes ha
revelado su justicia (Sal 97,2). 4En aquel día envió el
Señor su misericordia, * y de noche su cántico (Sal
41,9). 5Éste es el día que
hizo el Señor, * exultemos y alegrémonos en él (Sal
117,24). 6Bendito el que viene en
el nombre del Señor; * Dios es Señor, y él nos
iluminó (Sal 117,26-27). 7Alégrense los cielos y
exulte la tierra, ' conmuévase el mar y cuanto lo llena;
* se alegrarán los campos y todo lo que hay en ellos
(Sal 95,11-12). 8Familias de los
pueblos, ofreced al Señor, ' ofreced al Señor gloria y
honor, * ofreced al Señor gloria para su nombre (Sal
95,7-8). Hasta aquí se dice a diario desde el
domingo de Resurrección hasta la fiesta de la Ascensión
en todas las horas, excepto en vísperas y en completas y
prima. Y la noche de la Ascensión se añaden estos
versículos: 9Reinos de la tierra,
cantad a Dios, * cantad un salmo al Señor (Sal 67,33). 10Cantad un salmo a
Dios, que se eleva sobre los cielos, * hacia el oriente
(Sal 67,33-34). 11He aquí que lanza él
su voz, su voz poderosa: ' Dad gloria a Dios en Israel; *
su magnificencia y su poder en las nubes (Sal 67,34-35). 12Admirable es Dios en
sus santos; * el Dios de Israel dará poder y fortaleza a
su pueblo; bendito sea Dios (Sal 67,36). Gloria. Y adviértase que este salmo se dice a
diario desde la Ascensión del Señor hasta la octava de
Pentecostés, con los sobredichos versículos, en
maitines, y en tercia y sexta y nona, diciendo Gloria
al Padre allí donde se dice: bendito sea Dios,
y no en otro lugar. Adviértase también que se dice del mismo
modo sólo en maitines de los domingos y fiestas
principales, desde la octava de Pentecostés hasta el
Adviento del Señor, y desde la octava de Epifanía hasta
el Jueves Santo, porque en este día el Señor comió la
pascua con sus discípulos; igualmente, cuado se quiera,
se puede decir otro salmo en maitines o en vísperas, a
saber: Te ensalzaré, Señor, etc. [Sal 29], como
está en el salterio; y esto desde el domingo de
Resurrección hasta la fiesta de la Ascensión, y no más
allá. Prima Parte III Comienzan otros salmos que dispuso
igualmente nuestro muy bienaventurado padre Francisco,
que han de decirse, en lugar de los sobredichos salmos de
la pasión del Señor, los domingos y las fiestas
principales, desde la octava de Pentecostés hasta el
Adviento, y desde la octava de Epifanía hasta el Jueves
Santo; entiende bien que se han de decir ese día porque
es la pascua del Señor. Completas Tercia 1Aclamad al Señor,
tierra entera, ' decid un salmo en honor de su nombre, *
dadle gloria en alabanza suya (Sal 85,1-2). 2Decid a Dios: Qué
terribles son tus obras, Señor; * por la grandeza de tu
fuerza, te adularán tus enemigos (Sal 65,3). 3Que toda la tierra te
adore y salmodie para ti, * que diga un salmo en honor de
tu nombre (Sal 65,4). 4Venid, oíd y os
contaré, todos los que teméis a Dios, * cuánto ha
hecho él a mi alma (Sal 65,16). 5A él clamé con mi
boca, * y lo alabé con mi lengua (Sal 65,17 - R). 6Y desde su santo templo
escuchó mi voz, * y mi clamor llegó a su presencia (Sal
17,7). 7Bendecid, pueblos, a
nuestro Señor; * y haced que se oiga la voz para su
alabanza (cf. Sal 65,8). 8Y serán benditas en
él todas las tribus de la tierra, * todos los pueblos lo
engrandecerán (Sal 71,17). 9Bendito el Señor, Dios
de Israel (Lc 1,68), * el único que hace grandes
maravillas (Sal 71,18). 10Y bendito su nombre
glorioso para siempre; * y toda la tierra se llenará de
su gloria. Amén, amén (Sal 71,19). Sexta 1Que te escuche el
Señor en el día de la tribulación, * que te proteja el
nombre del Dios de Jacob (Sal 19,2). 2Que te envíe auxilio
desde el santuario, * y que desde Sión mire por ti (Sal
19,3). 3Que se acuerde de todos tus
sacrificios, * y que tu holocausto le sea grato (Sal
19,4). 4Que te conceda lo que
tu corazón desea, * y que confirme todos tus designios
(Sal 19,5). 5Nos alegraremos en tu
salvación, * y en el nombre del Señor Dios nuestro
seremos engrandecidos (Sal 19,6 - R). 6Que el Señor colme
todas tus peticiones; ' ahora conozco que (Sal 19,7) el
Señor envió a Jesucristo, su Hijo, * y juzgará a los
pueblos con justicia (Sal 9,9). 7Y el Señor se ha hecho
refugio de los pobres, ' ayuda oportuna en la
tribulación; * y que esperen en ti los que conocen tu
nombre (Sal 9,10-11 - R). 8Bendito el Señor, mi
Dios (Sal 143,1), ' porque se ha hecho mi protector y mi
refugio * en el día de mi tribulación (Sal 58,17). 9Ayuda mía, a ti te
salmodiaré, ' porque tú, oh Dios, eres mi protector, *
Dios mío, misericordia mía (Sal 58,18). Nona 1En ti, Señor, esperé,
no sea confundido para siempre; * en tu justicia líbrame
y sálvame (Sal 70,1-2). 2Inclina a mí tu oído,
* y sálvame (Sal 70,2). 3Sé tú para mí un
Dios protector ' y un lugar fortificado, * para que me
salves (Sal 70,3). 4Porque tú, Señor,
eres mi esperanza, * mi confianza, Señor, desde mi
juventud (Sal 70,5). 5En ti estoy apoyado
desde el seno materno, ' desde el vientre de mi madre
eres tú mi protector; * en ti está siempre mi canción
(Sal 70,6). 6Que se llene mi boca de
alabanza, ' para que yo cante tu gloria, * tu grandeza
todo el día (Sal 70,8). 7Escúchame, Señor,
porque tu misericordia es benigna; * mírame según la
inmensidad de tus misericordias (Sal 68,17). 8Y no apartes tu rostro
de tu siervo; * escúchame enseguida, porque estoy
atribulado (Sal 68,18). 9Bendito el Señor, mi
Dios (Sal 143,1), ' porque se ha hecho mi protector y mi
refugio * en el día de mi tribulación (Sal 58,17). 10Ayuda mía, a ti te
salmodiaré, ' porque tú, oh Dios, eres mi protector, *
Dios mío, misericordia mía (Sal 58,18). Vísperas Parte IV Comienzan otros salmos que igualmente
dispuso nuestro muy bienaventurado padre Francisco, que
se han de decir, en lugar de los sobredichos salmos de la
pasión del Señor, desde el Adviento del Señor hasta la
vigilia de Navidad, y no más allá. Completas 1¿Hasta cuándo,
Señor, me olvidarás por siempre? * ¿Hasta cuándo
apartarás tu rostro de mí? 2¿Hasta cuándo tendré
congojas en mi alma, * dolor en mi corazón cada día? 3¿Hasta cuándo
triunfará mi enemigo sobre mí? * Mira y escúchame,
Señor, Dios mío. 4Ilumina mis ojos para
que nunca me duerma en la muerte, * para que nunca diga
mi enemigo: He prevalecido contra él. 5Los que me atribulan se
alegrarían si yo cayera; * pero yo he esperado en tu
misericordia. 6Mi corazón exultará
en tu salvación; cantaré al Señor que me colmó de
bienes, * y salmodiaré al nombre del Señor altísimo
(Sal 12,1-6). Maitines 1Te alabaré, Señor,
santísimo Padre, Rey del cielo y de la tierra, * porque
me has consolado (cf. Is 12,1). 2Tú, oh Dios, eres mi
salvador; * actuaré confiadamente y no temeré (cf. Is
12,2). 3Mi fuerza y mi alabanza
es el Señor, * y se ha hecho salvación para mí (Is
12,2). 4Tu diestra, Señor, se
ha engrandecido en la fortaleza; ' tu diestra, Señor,
hirió al enemigo, * y en la inmensidad de tu gloria
derribaste a mis adversarios (Ex 15,6-7). 5Que lo vean los pobres
y se alegren; * buscad a Dios y vivirá vuestra alma (Sal
68,33). 6Alábenlo el cielo y la
tierra, * el mar y cuanto se mueve en ellos (Sal 68,35). 7Porque Dios salvará a
Sión, * y se reconstruirán las ciudades de Judá (Sal
68,36 - R). 8Y habitarán allí, * y
la adquirirán en herencia (Sal 68,36). 9Y la estirpe de sus
siervos la poseerá, * y los que aman su nombre
habitarán en ella (Sal 68,37). Prima Adviértase también que no se dice todo el
salmo, sino hasta el versículo [9]: Tiemble en su
presencia la tierra entera; pero entiéndase bien que
se ha de decir todo el versículo [8]: Ofreced
vuestros cuerpos. Acabado este versículo, se dice
allí: Gloria al Padre, y así se dice a diario en
Vísperas, desde Adviento hasta la vigilia de Navidad. Parte V 1Gritad de gozo a Dios,
nuestra ayuda (Sal 80,2); * aclamad al Señor Dios vivo y
verdadero con gritos de júbilo (cf. Sal 46,2). 2Porque el Señor es
excelso, * terrible, Rey grande sobre toda la tierra (Sal
46,3). 3Porque el santísimo
Padre del cielo, Rey nuestro antes de los siglos (Sal
73,12), ' envió a su amado Hijo de lo alto, * y nació
de la bienaventurada Virgen santa María. 4Él me invocó: Tú
eres mi Padre; * y yo lo constituiré mi primogénito,
excelso sobre los reyes de la tierra (Sal 88,27-28). 5En aquel día envió el
Señor su misericordia, * y de noche su cántico (Sal
41,9). 6Éste es el día que
hizo el Señor, * exultemos y alegrémonos en él (Sal
117,24). 7Porque un santísimo
niño amado se nos ha dado, ' y nació por nosotros (cf.
Is 9,6) de camino y fue puesto en un pesebre, * porque no
tenía lugar en la posada (cf. Lc 2,7). 8Gloria al Señor Dios
en las alturas, * y en la tierra, paz a los hombre de
buena voluntad (cf. Lc 2,14). 9Alégrense los cielos y
exulte la tierra, ' conmuévase el mar y cuanto lo llena;
* se alegrarán los campos y todo lo que hay en ellos
(Sal 95,11-12). 10Cantadle un cántico
nuevo, * cantad al Señor, toda la tierra (Sal 95,1). 11Porque grande es el
Señor y muy digno de alabanza, * más temible que todos
los dioses (Sal 95,4). 12Familias de los
pueblos, ofreced al Señor, ' ofreced al Señor gloria y
honor, * ofreced al Señor gloria para su nombre (Sal
95,7-8). 13Ofreced vuestros
cuerpos ' y llevad a cuestas su santa cruz, * y seguid
hasta el fin sus santísimos preceptos (cf. Lc 14,27; 1
Pe 2,21). Adviértase que este salmo se dice desde la
Natividad del Señor hasta la octava de Epifanía, en
todas las horas. Si alguno quiere decir este of icio del
bienaventurado Francisco, dígalo así: primero diga el Padre
nuestro, con las alabanzas, a saber: Santo, santo,
santo. Acabadas las alabanzas con la oración, como
está más arriba, se comienza la antífona: Santa
María, con el salmo que está establecido para cada
hora del día y de la noche. Y dígase con gran
reverencia. xto |
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