Escritos Completos de San Francisco de Asís |
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| Carta a los
Fieles I Exhortación a los hermanos y hermanas de la penitencia (Primera Redacción) |
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¡En el nombre del Señor! Cap. I: De aquellos que hacen penitencia 1Todos los que aman al
Señor con todo el corazón, con toda el alma y con
toda la mente, con todas las fuerzas, y aman a sus
prójimos como a sí mismos (cf. Mt 22,37.39; Mc 12,30), 2y
odian a sus cuerpos con sus vicios y pecados, 3y
reciben el cuerpo y la sangre de nuestro Señor
Jesucristo, 4y hacen frutos dignos de
penitencia: 5¡Oh cuán bienaventurados y
benditos son ellos y ellas, mientras hacen tales cosas y
en tales cosas perseveran!, 6porque descansará
sobre ellos el espíritu del Señor (cf. Is 11,2) y
hará en ellos habitación y morada (cf. Jn
14,23), 7y son hijos del Padre celestial (cf.
Mt 5,45), cuyas obras hacen, y son esposos, hermanos y
madres de nuestro Señor Jesucristo (cf. Mt 12,50). 8Somos
esposos cuando, por el Espíritu Santo, el alma fiel se
une a nuestro Señor Jesucristo. 9Somos para
él hermanos cuando hacemos la voluntad del Padre que
está en los cielos (Mt 12,50); 10madres,
cuando lo llevamos en nuestro corazón y en nuestro
cuerpo (cf. 1 Cor 6,20), por el amor divino y por una
conciencia pura y sincera; y lo damos a luz por medio de
obras santas, que deben iluminar a los otros como ejemplo
(cf. Mt 5,16). 11¡Oh cuán glorioso, santo y
grande es tener un Padre en los cielos! 12¡Oh
cuán santo, consolador, bello y admirable, tener un tal
esposo! 13¡Oh cuán santo y cuán amado,
placentero, humilde, pacífico, dulce, amable y sobre
todas las cosas deseable, tener un tal hermano y un tal
hijo: Nuestro Señor Jesucristo!, quien dio la vida por
sus ovejas (cf. Jn 10,15) y oró al Padre diciendo: 14Padre santo,
guarda en tu nombre a los que me has dado en el mundo;
tuyos eran y tú me los has dado (Jn 17,11 y 6). 15Y
las palabras que tú me diste, se las he dado a ellos,
y ellos las han recibido y han creído de verdad
que salí de ti, y han conocido que tú me has
enviado (Jn 17,8). 16Ruego por ellos y no
por el mundo (cf. Jn 17,9). 17Bendícelos
y santifícalos, y por ellos me santificó a mí mismo
(Jn 17,17.19). 18No ruego sólo por ellos,
sino también por aquellos que, por medio de su palabra,
han de creer en mí (Jn 17,20), para que sean
santificados en la unidad (cf. Jn 17,23), como
nosotros (Jn 17,11). 19Y quiero, Padre,
que, donde yo esté, estén también ellos conmigo, para
que vean mi gloria (Jn 17,24) en tu reino (Mt
20,21). Amén. Cap. II: De aquellos que no hacen penitencia 1Pero todos aquellos y
aquellas que no viven en penitencia, 2y no
reciben el cuerpo y la sangre de nuestro Señor
Jesucristo, 3y se dedican a vicios y pecados,
y que andan tras la mala concupiscencia y los malos
deseos de su carne, 4y no guardan lo que
prometieron al Señor, 5y sirven corporalmente
al mundo con los deseos carnales y las preocupaciones del
siglo y los cuidados de esta vida: 6Apresados
por el diablo, cuyos hijos son y cuyas obras hacen (cf.
Jn 8,41), 7están ciegos, porque no ven la
verdadera luz, nuestro Señor Jesucristo. 8No
tienen la sabiduría espiritual, porque no tienen al Hijo
de Dios, que es la verdadera sabiduría del Padre; 9de
ellos se dice: Su sabiduría ha sido devorada (Sal
106,27), y: Malditos los que se apartan de tus
mandatos (Sal 118,21). 10Ven y conocen,
saben y hacen el mal, y ellos mismos, a sabiendas,
pierden sus almas. 11Ved, ciegos, engañados
por vuestros enemigos, por la carne, el mundo y el
diablo, que al cuerpo le es dulce hacer el pecado y le es
amargo hacerlo servir a Dios; 12porque todos
los vicios y pecados salen y proceden del corazón de
los hombres, como dice el Señor en el Evangelio (cf.
Mc 7,21). 13Y nada tenéis en este siglo ni en
el futuro. 14Y pensáis poseer por largo
tiempo las vanidades de este siglo, pero estáis
engañados, porque vendrá el día y la hora en los que
no pensáis, no sabéis e ignoráis; enferma el cuerpo,
se aproxima la muerte y así se muere de muerte amarga. 15Y
dondequiera, cuando quiera, como quiera que muere el
hombre en pecado mortal sin penitencia ni satisfacción,
si puede satisfacer y no satisface, el diablo arrebata su
alma de su cuerpo con tanta angustia y tribulación, que
nadie puede saberlo sino el que las sufre. 16Y
todos los talentos y poder y ciencia y sabiduría
(2 Par 1,12) que pensaban tener, se les quitará (cf. Lc
8,18; Mc 4,25). 17Y lo dejan a parientes y
amigos; y ellos toman y dividen su hacienda, y luego
dicen: Maldita sea su alma, porque pudo darnos más y
adquirir más de lo que adquirió. 18Los
gusanos comen el cuerpo, y así aquéllos perdieron el
cuerpo y el alma en este breve siglo, e irán al
infierno, donde serán atormentados sin fin. 19A todos aquellos a quienes lleguen estas letras, les rogamos, en la caridad que es Dios (cf. 1 Jn 4,16), que reciban benignamente, con amor divino, las susodichas odoríferas palabras de nuestro Señor Jesucristo. 20Y los que no saben leer, hagan que se las lean muchas veces; 21y reténganlas consigo junto con obras santas hasta el fin, porque son espíritu y vida (Jn 6,64). 22Y los que no hagan esto, tendrán que dar cuenta en el día del juicio (cf. Mt 12,36), ante el tribunal de nuestro Señor Jesucristo (cf. Rom 14,10). xto |
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