 |
104×152 mm.
Cartón para tapiz.
1777. Madrid, Museo del Prado.
Título: El quitasol.Entre el 3 de marzo y el 12 de agosto de 1777, fue pintado El quitasol, uno de los catones para tapiz más conocidos del artista de Fuendetodos. Su destino, una vez tejido era el comedor de los
Príncipes en el Palacio del Pardo y su precio era, según |
la cuenta presentada por Goya, de 1500 reales de vellón.
Con este cartón para tapiz, Goya rompe con el sistema compositivo impuesto por Francisco Bayeu en la serie destinada al comedor de los príncipes de Asturias en El Escorial y propone otro basado en el estilo arquitectónico: las figuras del primer término aparecen inscritas en un esquema piramidal. El artista recoge las enseñanzas de Antonio Rafael Mengs y las incorpora a una obra que aunque temáticamente está dentro de la esfera de lo Gococó, se escapa de las pautas decorativistas de este estilo.
Goya, obligado a pintar temas españoles, recoge una visión pintoresca de la España de la época y hace en toda la serie, un recorrido por los distintos tipos sociales y las diferentes modas. Pero además de esto, nos ofrece una nueva visión de las debilidades humanas. En este cartón se presentan dos tipos populares antagónicos ya tratados por el aragonés en otros cartones. Por un lado, el representante de la moda popular en la figura del majo que sostiene la sombrilla y por otro, la joven petimetra, representante de la moda afrancesada y aristocracia.
Son muchas las fuentes en las que el artista se ha podido inspirar, casi todas provenientes de al pintura francesa ya que la sombrilla es un elemento muy utilizado en la pintura del género del siglo XVIII. Normalmente, sombrilla y abanicos se utilizan en esta época como una forma de representar la galantería. A pesar de las numerosas obras que pudieran servir de fuente de inspiración a Goya, sólo hay una a la que el artista podría haber tenido acceso a través de un grabado: Vertunno y Pomona de Jean Ranc.
De todos modos, no se trata de una copia servil de otras obras ya que Goya introduce una serie de modificaciones en la concepción de ésta, que la dota de una gran originalidad. Añada un elemento no recogido por otros de estos autores, que acentúa el realismo al introducir al espectador en la escena, gracias a la mirada de la dama; mirada que provoca la sensual sonrisa, es decir, el espectador es quien recibe, y a la vez quien provoca, el seductor gesto de la protagonista del cuadro.
Por otro lado, la filtración de la luz a través de la sombrilla, que ya se había planteado en Vertumno y Pomona, adquiere unas calidades matéricas nuevas, al destacar la intensidad y opacidad del color. Aquí la luz se convierte en color, en algo material, y avanza el uso que darán a los colores, los pintores del impresionismo. Estas características se acentúan aún más en Jóvenes leyendo una carta, una obra realizada por el artista entre 1814 y 1819, que se acerca extraordinariamente a la concepción de la materia de los artistas modernos.También se ha interpretado este cuadro como una
alegoría donde la coquetería de la dama se relacionaría con el orgullo y la vanidad. Esta interpretación, gana
sentido al relacionar El bebedor con el gula, La cometa con la poca importancia del conocimiento humano ante el poder de la naturaleza; Los jugadores de naipes con la vanagloria y Niños inflando una vejiga con lo vano de la gloria mundana. |