| Goya capta
de forma muy precisa el carácter de la reina. Manuel Machada dedicó un
soneto a este retrato. En la correspondencia con Godoy durante esta
época, la reina se refiere con frecuencia a Marcial y a los progresos
que hace en equitación, a pesar de los problemas que tiene para poder
dominar al caballo. Esta serie de cartas deja entrever que el fin del
cuadro está muy lejos del de un retrato ecuestre oficial. Goya tiene
que levantar acta de que la reina logró dominar al impetuosos caballo,
no le interesa retratar una metáfora de la autoridad real. Janis A.
Tomlinson ha dicho que en este retrato, la tradición ecuestre y Marcial
están domesticados.
Terminado el retrato ecuestre, la reina se lo comunica al valido y
Goya comienza el de Maria Luisa con tontillo, que es calificado como
serio, es decir, como oficial. Con ello se sobrentiende que e l ecuestre
y el de mantilla eran considerados retratos para ser expuesto en lugares
privados para que sólo los vieran y disfrutaran los más
allegados.
Antes del retrato de "María Luisa a caballo", Goya había
realizado el boceto para el Retrato ecuestre de María Teresa de
Vallabriga y el del Retrato ecuestre de Godoy, que demuestran la
influencia de Velázquez, cuyos retratos ecuestres copió Goya en una
serie de grabados. Concretamente, este retrato sigue el esquema del
retrato de La reina Isabel de Borbón.
En la figura de la reina es donde se concentra la mayor proporción
de pasta, en el resto del cuadro la pintura está aplicada de forma
mucho más diluida. En el caballo, se logran unos matices muy bellos
gracias a la aplicación de pintura diluida en capas superpuestas
formando veladuras. Comparado con el retrato de Carlos IV a caballo, el
de la reina es mucho más luminoso y rico en la gama cromática, donde
destacan las tonalidades calientes que armonizan muy bien con el tono
rojizo del pelo del animal.
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