Muestra Las lavanderas (88k) 218×166 mm.
Óleo sobre lienzo (cartón para tapiz).
1778. Madrid, Museo del Prado.
Título: Las lavanderas.

Este cartón para tapiz es encargado para el antedormitorio de los Príncipes de Asturias en el Pardo. Goya lo entrega en 1780, el mismo año que se cierra provisionalmente la Real Fábrica de Tapices para reducir los gastos de la corona. La sala se decora con escenas que recuerdan temas de género amoroso francés del siglo XVII, influencia que está clara en el escenario donde se desarrolla la escena un bucólico paisaje al gusto de la pintura de tema amoroso.

El arte francés de la época hace múltiples referencias eróticas, pero Goya, condicionado por la

moral católica, las hace veladamente. En este cartón, se juega con la ambigüedad de la palabra cornuda, de la que se valen unas lavanderas para bromear. El río encuadra su prolongación en el brazo de la joven que sostiene el cuerno de chivo sobre la cabeza de la que duerme. La posición de los dedos que sujetan el cuerno es tan elocuente que no deja dudas sobre la interpretación jocosa del cuadro. La susceptibilidad española hacia estos atributos es obvia y en el Barroco se utiliza en múltiples ocasiones, de forma humorística.

Las lavanderas eran consideradas mujeres fáciles y su reputación se pone en entredicha en un Real Decreto de 1790 que prohibía a las del Manzanares llamar la atención de los transeúntes de forma obscena. Unos años después, Manuel Bretón de los Herreros hace una descripción de esta costumbre: "confiadas en las robustas bases de su edificio corporal..., piernas que dice el vulgo, no temen que las bañen las ondas lascivas, y con su pan se los coma el transeúnte que, al ver tan incitativo espectáculo, tenga envidia de las lascivas ondas..."

La obra tiene mucho que ver con el ambiente de la Luxure incluido en la "Iconologie" de Baudoin. Un ejemplar de este libro pertenecía a Francisco Bayeu y es fácil que Goya lo pudiera consultar. En este emblema, la lujuria aparece personificada en una mujer acompañada por un macho cabrio, que apoya soñadora la cabeza en la mano izquierda mientras  que con la derecha sostiene un escorpión. En el cartón, la mujer que duerme tiene una posición similar a la del emblema, pero no sabemos que tiene en la mano derecha ya que la esconde bajo el delantal.

Se trata de un tema muy utilizado en la pintura, por lo que es fácil que Goya tuviera acceso a parte de esta tradición. Poco tiempo atrás, Miguel Ángel Houasse pinta El cazador y las lavanderas y la escasa moralidad que se asigna e estos personajes se puede ver claramente en un grabado titulado La Lavandera de Cochín, al que Goya también pudo tener acceso y donde vemos como estos personajes se insinúan a los que pasan y la propio espectador.

La composición piramidal está en la línea de las obras realizadas anteriormente para la fábrica. La pincelada, los contrastes cromáticos y la acentuada profundidad, se aproxima a obras que realizará posteriormente.

                   

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