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268×347 mm. Óleo sobre lienzo. 1814. Madrid, Museo del Prado. Título: El Dos de Mayo de 1808. A principios de 1814, terminada la Guerra de Independencia, Goya se dirige al Consejo de Regencia proponiendo "...perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas acciones o escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano de Europa...". Su objetivo era doble, por una parte rehacer sus maltrechas |
| finanzas, y por otra hacerse perdonar su, cuando menos ambigua, actuación durante la ocupación francesa. Su propuesta es aceptada por el regente, el cardenal Borbón, anticipándosele una suma para que comience los trabajos. El Dos de Mayo de 1808 representa el desbordamiento de la ira popular contra la ocupación francesa ante el temor de que se llevaran a toda la familia real a Francia. El Tres de Mayo es testimonio de la violenta represión que tuvo lugar a continuación, cuya brutalidad fue objeto de queja del rey José ante su hermano. Si la sensación de estallido de violencia contenida queda muy bien plasmada en el primer cuadro, en su pareja los pinceles de Goya transmitieron, de una vez y para siempre, lo terrible que es que los hombres se maten entre sí. No deja de ser curioso que estas dos obras emblemáticas del genial pintor aragonés (sobre todo El Tres de Mayo) no fueran muy apreciadas durante una buena parte del siglo XIX y no se expusieran en el Museo del Prado (en cuyos depósitos se encontraban desde 1834) hasta su nacionalización en 1868. Mucho se ha discutido sobre los fondos arquitectónicos que aparecen en ambos cuadros sin poder concluir a ciencia cierta si son reales o no. En cualquier caso, lo que prima Goya en sus composiciones son los hechos en sí: la violencia popular desatada, el dos de mayo, y la barbarie de los fusilamientos, al día siguiente. También se ha señalado que sólo merecieron la atención del pintor dos momentos de la sublevación que tuvo lugar en Madrid el 2 de Mayo de 1808 (el levantamiento popular en la Puerta del Sol y la represión posterior), cuando en las series de grabados que circularon entonces se incluían otros dos más (la sublevación ante el Palacio Real y la heroica resistencia de Daoiz y Velarde en el Parque de Artillería). Estos grabados se han propuesto como posibles fuentes iconográficas. Ambas composiciones están organizadas de derecha a izquierda, al contrario de lo habitual en la pintura occidental, lo cual es un factor que añade tensión a las escenas. El color, aplicado a base de pinceladas sueltas muy abocetadas, y la luz, son también sabiamente utilizados para centrar la atención del espectador en el fragor de la revuelta y en el drama de los fusilamientos. Existe un pequeño boceto para el Dos de Mayo de 1808 en el que, con ligeras pero significativas variaciones, está ya plasmada la composición. El grabado Asesinato de cinco monjes valencianos guarda evidente similitudes con El Tres de Mayo. |
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