 |
255×153 mm.
Óleo sobre lienzo.
1780. Madrid, Museo del Prado.
Título: Cristo crucificado.La
crucifixión y muerte de Cristo es narrada por los cuatro evangelista (Mt
27, 32-50; Mc 15, 20-37; Lc 23, 33-46; Jn 19, 17-30). Su muerte es la
constatación más clara de sus verdadera naturaleza humana, importante
creencia de la Iglesia Católica que hubo de reafirmarse en los
concilios medievales frente a numerosas desviaciones y herejías. El
momento elegido por Goya parece ser el que nos narra Mateo, aunque
también puede tratarse del pasaje de Lucas. En cualquier caso, estamos
ante le final de la pasión, Cristo está a punto de dar |
| su vida por
la Humanidad. Sin embargo, el drama de este momento no parece
reflejado en un cuadro en el que Cristo, más que pender de la cruz,
parece estar cómodamente de pie en ella levantando los brazos al cielo.
Tampoco contribuye a recordarnos los pasajes evangélicos, el rico
modelado de la anatomía y la exquisita valoración de la luz sobre la
misma, en los que el pintor parece haber puesto todo su empeño. Y
así es, no hay que olvidar que esta obra, antes que pintura religiosa,
fue un ejercicio académico: el cuadro que presentó Goya a la Real
Academia de Bellas Artes de San Fernando. El pintor fue admitido por
unanimidad, al tiempo que Paret, quien lo hizo por mayoría. La
admisión en la Academia, el 7 de julio de 1780, es la culminación de
un deseo largamente anhelado y el comienzo de una etapa de ascenso y
triunfo. Al rastrear las posibles fuentes iconográficas de la obra,
es inevitable pensar en el Cristo de Velázquez, pintor por el que Goya
sintió una gran admiración. Pero la fuente directa hay que
buscarla en el Crucificado de Mengs, algo lógico dado el gran
ascendiente que tenía sobre los académicos el gran paladín del
Neoclásico, fallecido hacía poco tiempo. La cruz y el tema le
confieren una gran simetría a la composición, que el pintor rompe
ligeramente mediante el giro de la cabeza y las incurvaciones que
producen en la anatomía, el apoyar el peso del cuerpo en una pierna. |