HORAS NEGRAS
        

Coplero a quien inspira el desencanto,
trovador sin futuro y sin amores,
sobre la tumba de mis sue�os canto
al colocar mi b�caro de flores.

Odia el mundo mi canto descre�do,
el estigma social tizn� mi frente...
c�rabo del dolor, cada gemido
me concita el sarcasmo de la gente.

Sin luz el alma la ilusi�n desde�a,
el pesar no la irrita ni la abate,
y ni la frente envejecida sue�a,
y ni el leproso coraz�n me late.

Repugna a todos mi fatal delirio
repelen todos mi sufrir eterno,
que brilla en mi aureola de martirio
la fat�dica flama del infierno.

Devorado por negra pesadumbre
lanzo en vez de sollozos carcajadas;
porque de infame cr�pula en la lumbre
arroj� mis creencias adoradas.

En aras de la fe vert� mi llanto;
perdida ya la fe, busqu� la org�a;
pero el vicio acreci� mi desencanto,
y el vicio, la virtud, todo me hast�a.

A mi gastado coraz�n de lodo
nada, en fin, es capaz de conmoverlo,
y perezoso, indiferente a todo
no puedo ser feliz, ni quiero serlo.

Mi vida ha sido decepci�n horrible,
el mundo sin piedad ha envenenado
mi coraz�n que, un tiempo tan sensible,
no sufre al encontrar un desgraciado.

Y si me duelo del dolor ajeno
mi risa burla ese dolor profundo,
que si a mi coraz�n queda algo bueno
me da verg�enza que lo sepa el mundo.

Cuando la pena tortur� mi vida,
la cruda pena la insult� yo mismo,
porque soberbio disfrac� la herida
con el torpe descaro del cinismo.

En el albor de juventud sensible
amaba todo, porque fui creyente
yo delir� buscando lo imposible
y de mentiras se pobl� mi frente.

Yo combat� con �nimo esforzado
contra la sa�a de mi suerte adversa;
pero en la lucha atleta fatigado,
sent� agotarse mi gigante fuerza.

Me present� pensiles enga�osos
en su espejo ese mundo fementido,
cual presenta cambiantes primorosos
d�bil burbuja en su cristal fingido.

Yo tambi�n la ilusi�n vest� de gala
del placer en los carmenes risue�os,
yo tambi�n de Jacob fij� la escala
para subir al mundo de los sue�os.

So�� con la virtud c�ndidos lirios
y quise, necio, de ilusi�n beodo,
subir a la regi�n de los delirios;
pero al querer subir, ca� en el lodo.

Yo rebusqu� sediento de placeres,
de amistad y de amor las emociones,
y turbas mil de amigos y mujeres
vinieron a matar mis afecciones.

Al ver mis sentimientos chasqueados
burl� yo mismo mi amoroso empe�o,
y ya no alc� castillos encantados
sobre la base ef�mera del sue�o.

De mi pobre ilusi�n asesinada
los restos profan� mi �nima imp�a;
porque el cad�ver de mi fe burlada
alumbr� con las luces de la org�a.

Y di culto a ese mundo estrafalario,
y en mi gastada juventud inquieta,
vestido de arlequ�n sub� al calvario
y empap� con mi llanto la careta.

En irritantes goces crapulosos
escarneciendo mi penar ingente,
hice cabriolas y tragu� sollozos,
y lleno de ira divert� a la gente.

Mas penitente ya, sufro callando
y consumido de letal tristeza,
por la v�a dolorosa voy cargando
la rid�cula cruz de mi pobreza.

Histri�n a quien el mundo no perdona,
h�roe de carnaval, m�rtir maldito,
un birrete de loco es mi corona
y por t�nica llevo un sambenito.

Y nutrido de negras decepciones,
avergonzado en mi vejez, reniego
del enjambre de locas ilusiones
que acarici� mi juventud de fuego.

Ilusiones brillantes halagaban
a mi edad juvenil que yo maldigo,
y sediento de gloria me agitaban
sue�os de rey en lecho de mendigo.

So�� en la gloria con delirio tanto,
fue tal la audacia de la mente loca,
que la gloria de Dios, �nico y santo,
a mi osada ambici�n pareci� poca.

M�s Dios abate mi soberbia rara,
y encuentro justa la expiaci�n severa;
que si la gloria que so�� alcanzara
Satan�s vencedor acaso fuera.

Fue mi sue�o una r�faga ilusoria;
no existe ese laurel que busqu� loco,
que para darme mi imposible gloria
el orbe es nada, lo infinito poco

Para pedir la gloria que yo anhelo
es d�bil, impotente la palabra;
que desv�n estorboso encuentro el cielo
do el pensamiento audaz se descalabra.

Ya no me importa mi dolor presente,
ya no me importa mi dolor pasado,
el porvenir lo espero indiferente...
lo mismo es ser feliz que desgraciado.

S�lo ambiciono de fastidio yerto,
cansado ya de perdurable guerra,
el acostarme en mi caj�n de muerto
dormir en paz debajo de la tierra.
 

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