RECUERDO DE UNA TARDE Aquel temblor del muslo y el diminuto encaje rozado por la yema de los dedos, son el mejor recuerdo de unos d�as conocidos sin prisa, sin hacerse notar, igual que amigos t�midos. Fue la tarde anterior a la tormenta, con truenos en el cielo. T� apareciste en el jard�n, secreta, vestida de otro tiempo, con una extravagante manera de quererme, jugando a ser el viento de un armario, la luz en seda negra y medias de cristal, tan abrazadas a tus muslos con fuerza, con esa oscura fuerza que tuvieron sus due�os en la vida. Bajo el color confuso de las flores salvajes, inesperadamente me ofrec�as tu memoria de labios entreabiertos, unas ropas dif�ciles, y el rayo apenas vislumbrado de la carne, como fuego lun�tico, como llama de almendro donde puse la mano sin dudarlo. Por el jard�n, el ruido de los �ltimos p�jaros, de las primeras gotas en los �rboles. Aquel temblor del muslo y el diminuto encaje, de vello traspasado, su resistencia el�stica vencida con el paso de los a�os, vuelven a ser verdad, oleaje en el tacto, arena humedecida entre las manos, cuando otra vez, aqu�, de pensamiento, me abandono en la dura soluci�n de tus ingles y dejo de escribir para llamarte. LUIS GARC�A MONTERO ( Espa�a, 1958 )