AQUELLA NOCHE Desnudaron su cuerpo las madrinas y habl�ronle al o�do sobre el caso...; su mirada volvi�se a las cortinas y enrojeci� su faz como el ocaso. Sentandose en el lecho, rod� por sus espaldas, desgre�ada, de sus negros cabellos la cascada ; en tanto que su pecho hinch�base cual ondaa alborescente y sus manos temblaban castamente. Las ocultas consignas postimeras - libertando sus piernas de las ligas - muy serias le dijeron sus amigas... Mientras pasaba eso, la blanca morbidez de sus caderas, de la l�mpara tenue ante el reflejo, temblaba incitadora en un espejo, propicia para el tacto y para el beso. Lleg� el momento de quedarse a solas. Por su carne rosada y palpitante corr�ale el rubor en tibias olas, y su pecho cual nunca le lat�a. Escuch�se la entrada del amante. Tembl� entonces, y haciendo que dorm�a, medit� en las angustias del instante... El contempl� su forma inmaculada. Ilumin� su faz un gesto malicioso. Y el instante lleg�. Su mente en el pudor ya no pens�... Lentamente en las s�banas se hunde... La estancia en las tinieblas se refunde... Siente ella el cuerpo acariciado y preso... Febril resuena la explosi�n de un beso... Un cuerpo con el otro se comprime... La besa �l, con pasi�n le nombra... Ella le abraza y con ternura gime; hasta que raudamente entre la sombra - cual eco virginal, ardiente y vivo - se pierde un grito corto y convulsivo... Claudio De Alas