MASACRE EN EL DORMITORIO Est�bamos tranquilos, dulces y agradecidos con nuestras simples v�sceras que nos dieron pretexto para satisfacerlas. Y est�bamos haci�ndolo contentos. Y he aqu� que de pronto, sin previo aviso y sin pedir permiso, todos ellos han venido a meterse en nuestra propia cama, aqu�, entre nuestras s�banas, y ponen los zapatos en la almohada -donde pusiste el sue�o- y amenazan quebrar la cabecera que me cost� serruchos y martillo. No nos dejan estar, nos registran los pelos de las ingles en busca del pecado, sacan el c�digo y el dedet�, la indagaci�n y los escapularios. Yo no s� ni me importa si es que tienen derecho. Me consta, nada m�s, que me son antip�ticos, que me molestan como las agruras y los soporto s�lo por ver si los alejo. Son un tropel de gansos metidos en la cama, graznan y ensucian todo con sus patas palm�pedas, amenazan con picos y miradas y me parece que te me acobardan. Lo �nico que quiero es besarte completa, y poderme acostar sobre tu vientre y saberte feliz de estar conmigo. Amarte sin sofisma ni ret�rica. Llenar los dos desnudos nuestra cama. Creo que es suficiente. No s� qu� hacer con todos estos molestos pajarracos. Miedo de que te lleven. De que no nos permitan terminar nuestro abrazo. Nos est�n estorbando. No s� c�mo espantarlos. Creo que ahora mismo me sacar� los ojos.