ANOCHECER Se exhibe ante mi, el crepúsculo de un día que se extingue. Contemplo desde mi ventana ojival, cómo las tinieblas se muestran celosas del destello lunar, que fatuo les sonríe. La brisa marina agita las foscas aguas del mar, refrescando mis dorados y largos cabellos. Paseo con mi espíritu por el camino de la melancolía, esperando la llegada de mi amado príncipe. Las antorchas que iluminan mis aposentos, descubren el rubor de mis mejillas, cuando pienso en él, ataviado con su bruñida armadura, montado en su negro caballo, combatiendo en el más feroz de los torneos. Exhaló su último suspiro pronunciando mi nombre, al par que la lanza atravesaba uno de sus ojos. Desde aquel día, no ceso de implorar por su alma, rogando a los cielos que le permitan regresar a la Tierra, para llevarme con él. Confío en que mi anhelo se haga realidad con prontitud. Recluida entre los muros de este castillo, temo la llegada de la noche, en que las sombras danzan a mi alrededor, formando terribles figuras, en medio de las cuales, creo ver el rostro de mi amado. Parece decirme que en su nueva morada no se siente dichoso, y que la verdadera VIDA únicamente se puede hallar en la Tierra.