Por Francisco Forero


  Asomarse dentro de los diseños de espejos cuyos marcos han sido pintados por Ariza, hace preguntarnos si acaso realmente nos vemos allí reflejados, o es el espejo quien nos inquieta, mirándonos.

Ariza ha trascendido los límites de lo artesanal, transportándo sus formas funcionales al terreno de las formas plásticas y estéticas.

Cuando nos encontramos con los marcos pintados de los espejos, la invitación es a hacer un recorrido por las étnias americanas, que incluyen las culturas y civilizaciones esquimal, Sioux, Navajo, Maya, Azteca, Chibchas, Incas y todos sus  ideogramas y petroglifos precolombinos.

Cada marco pintado es una obra única, con sus propios contenidos y propuestas progesivas que invitan a evolucionar recordando.

Su propuesta étnica trasciende fronteras y hace parte, como todo buen arte, de una visión universal.


 

El Totumo, también ancestral, llevado al terreno de las lámparas, propone en los espacios abiertos de su superficie, por donde se filtra la luz, un sentido étnico y de transportación a la época del Dorado, no sólo de Colombia, sino el de toda América.

El Sol, el fuego, los atardeceres del mundo americano, las selvas, los ríos interminables y la indudable alución al oro sagrado, es la reflexión que nos puede llegar de esta obra, en forma de lámparas, las cuales trabaja Ariza con materiales aborígenes.

  

Como el Arte es evolución, encontramos en este proceso un desplazamiento de las formas criptográficas de los espejos y lámparas a un paso hacia la búsqueda de formas cubistas, expresionistas del arte europeo, unidas en sincretismo con las formas geométricas y las simetrías de las tribus amazónicas y del Urabá en las Artezas de madera incrustada que resultan sorprendentes, porque nos lleva nuevamente a reflexionar,  ¿Dónde termina la escultura y en dónde comienza el frutero ?


  INDICE

2003

 

Hosted by www.Geocities.ws

1