VII

 

PORQUE TUYO ES EL REINO, EL PODER Y LA GLORIA

POR SIEMPRE, AMÉN

Con tu Poder y Guía estas Afirmaciones serán Fértiles

Compromiso y Fe


1. Ejercicio Inicial

a. En una posición cómoda, relájate y cierra los ojos. Imagínate en un campo rodeado de naturaleza. Escucha el sonido de los animales, del viento, de las plantas; de la lluvia... del calor y del frío. Visualiza las acciones que cada uno realiza para mantener los ciclos de vida, muerte y renacimiento que conserva la vida de ese lugar.
b. Ahora visualiza tu cuerpo en el lugar donde estás y lentamente recrea en tu mente todo lo que te rodea. Escucha las voces de tu mundo en este momento y lugar, cada una como un instrumento que forma parte de una gran sinfonía. Imagina que las cosas también tienen una voz inaudible. Observa cómo todo participa en armonía de este lugar y momento. Observa tu participación aquí y ahora. Lentamente coloca tus manos en los ojos y ábrelos manteniendo el silencio. Nota la diferencia de lo que sientes ahora con respecto a lo que sentías antes del ejercicio.
c. ¿Qué tan grande puede ser el poder creativo? ¿En qué aspectos de la vida se puede notar?

2. Reflexión

"Los reinos del mundo han llegado a pertenecer a nuestro Señor y a su Cristo; y él gobernará por todos los siglos” [Ap.11,15].

Aquí se sella con la idea inicial: Dios es quien posee la belleza y fuerza para hacer posibles estas acciones por siempre, durante cada etapa del proceso, a través de cada una de sus edades. Como en la siembra, quien cultiva se apropia del terreno y aprovecha su fertilidad y abundancia, su fuerza de vida. Ponerte en manos de Dios como tu guía es tener la disposición para aspirar a los más grandes frutos, a la creación de una asombrosa composición donde con humildad cada pieza tiene su función.

Una vez hecho este recorrido por las afirmaciones del Padre Nuestro, vuelves al principio con mayor conciencia y conocimiento de la presencia de lo divino en tu espíritu humano. La fuerza creativa de Dios sirve de marco, de principio y de final.

«Amén» es un sello con el que marcas el punto de partida del cumplimiento del contrato de palabra; lo pronuncias cuando existe la confianza plena, la fe en el guía que aquí es el Padre y el compromiso de llevar a cabo la práctica de lo expuesto. Creer en Dios es también creerle a él; los frutos de la siembra que él propone sólo puedes constatarlos en la práctica de su propuesta, no en el conocimiento mental. De nada sirve el saber si en tu vida diaria la armonía está ausente.

De muchas formas se habla del poder de la fe “para mover montañas”. Dios hace su parte; el resto te corresponde a ti, y a cada uno. Un corazón dispuesto incrementa su fe, pues es capaz de reconocer la participación de lo trascendente en cada creación y en el enorme misterio que es este universo, imposible de comprender para el cerebro humano.

Que la intención de unidad se exprese en todos los momentos y circunstancias de tu vida. Que el propósito se mantenga. Que tu mirada se enfoque a lo verdaderamente importante.

3. Trabajo Individual

a. ¿Qué es lo que más recuerdas de lo que se ha trabajado durante estos talleres? ¿Qué le han aportado a tu vida?
b. ¿Cómo está tu relación con Dios? ¿Se ha incrementado tu espiritualidad?
c. Al orar el Padre Nuestro, ¿percibes lo que has recibido en este material? ¿Has encontrado nuevos elementos?

4. Ejercicio Final

a. Toma contacto con tu respiración y recorre los pasos de estos talleres. Abraza con todo tu corazón toda emoción o sensación que acompaña la oración. Evoca el sentimiento de unidad y gratitud con Dios.
b. Repite mentalmente el Padre Nuestro deteniéndote en el sentido de cada una de las frases. Imagínate sostenido entre Cielo y Tierra. Permite que esta oración te llene de fuerza para continuar con la vida a cada instante, en este momento.
c. Permite que en el silencio de tu corazón haya un espacio para acompañarte del Padre.
 

 

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